domingo, 1 de marzo de 2009

LOS BAMBÚES DE MI VECINO

Natalia de Melo. Latina Models Pool. El bambú es una planta que tiene muchos usos

LOS BAMBUÉS DE MI VECINO

Más sobre el estado de derecho en México

Quiero que quede muy claro para que estoy dictando este novela, y que lo hago a pesar de haber leído el cuento de Augusto Monterroso “El Mono piensa en este tema”, y que no transcribiré para no violar las disposiciones del copyright porque vivimos en un estado de derecho, pero si lo hiciere estoy seguro que no pasaría nada, porque en mi mente obnibulada y confusa el estado de derecho es sinónimo de hacer lo que a uno le venga en gana, dependiendo de que artículo se invoque y por supuesto de quien sea el abogado defensor, pero para tener uno se necesita dinero, o sea que hay que ser todo un artista para saber cuáles leyes cumplir y cuáles evadir, pero también para saber como hacerse respetar. Invocaré a la sabiduría de los ejemplos, que además de ser irrefutables tienen la gran ventaja de permanecer en el misterio, ya que nunca se sabe si sucedieron o fueron inventados, precaución elemental en este estado de derecho en el que vivimos.

Mi vecino de enfrente decidió habilitar una bodega como salón de fiestas, lo cual no debería importarme salvo por el detalle de que en los eventos ponen música a todo volumen, no sé de dónde provenga esta cultura de los decibeles altos, porque los adultos que son quienes pagan las fiestas son los primeros en quedarse callados por no poder conversar los unos con los otros, y mi incomodidad es fácil de comprender, ni estoy invitado a los eventos de cada sábado, ni iría si me invitaran, pero tengo que soportar ese volumen hasta las tres de la mañana. Mi vecino está ejerciendo sus garantías constitucionales que protegen a la libre empresa, y yo tengo el derecho constitucional de ir a presentar mi queja ante las autoridades competentes, pero los empleados del Municipio también tienen sus derechos constitucionales de llegar tarde, ir a orinar o salirse a comer una torta sin que ello sea motivo de destitución inmediata, ya sería el colmo que alguien perdiera su empleo porque se demoró en atender a un señor que venía muy molesto por la música que no lo dejó dormir, y por lo tanto ese señor, o sea yo, no irá a quejarse ante el H. Ayuntamiento, sino que contratará unas bocinas más potentes que las de su vecino, haciendo uso al derecho de libre albedrío dentro del patio de su casa, consagrado en la Constitución, de tal forma que el próximo sábado se organizará una verdadera guerra musical, del lado de mi vecino sonará la Víbora Víbora de la Mar, ya van tres sábados que esa no falla, y de mi lado les pondré el rock electrónico más pesado que encuentre, no vaya a ser que si pongo cumbias los invitados al evento de enfrente piensen que se trata de un remix a todísima madre entre las canciones duranguenses de ellos y los vallenatos que yo podría poner.

Aún tengo la duda de comunicar mis planes al vecino de al lado. El es amante de la trova yucateca y un auténtico conocedor, al grado de afirmar que Armando Manzanero era el peor de todos los trovadores de su generación, porque los conoció a todos ellos en su natal Mérida, así que imagínelo como alguien ya mayor. Hace unos meses amplió su casa y puso la barda de su recámara justo en el límite con mi terreno, sin violar ninguna disposición de ordenamiento urbano y ecología, y yo puse unos bambúes para tapar su barda, tampoco sin violar nada, pero el se molestó porque decía que le humedecerían su cuarto, le dio doscientos pesos a mi jardinero para que los arrancara, y no hay nada que pueda hacerse contra el jardinero por tratarse de personal eventual sin contrato de trabajo, salvo despedirlo. Yo reclamé a mi vecino su acción unilateral, misma que demerita al diálogo y a la sana convivencia, pero no quise escalar la violencia porque el asunto no era para tanto, justo es reconocer que no he hecho la barda perimetral a la que me obliga la ley, y ahora es probable que tengamos que hacer frente común hasta acabar con el salón de eventos de nuestro otro vecino por la vía de la acción jurídica, que pudiese ser dilatada en ausencia de una normatividad clara en el Bando Municipal y Buen Gobierno en torno a los decibeles que uno pueda emitir en propiedad privada, o por la vía de los altavoces que den lugar al disgusto de los invitados de enfrente y al desprestigio y eventual ruina del salón de eventos, opciones ambas contempladas dentro del orden jurídico vigente.

Con Augusto Monterroso comenzó el dictado del día de hoy, así que volveré a él, no sin antes advertir que el libro que tengo en mis manos dice que “no puede ser fotocopiado ni reproducido total o parcialmente, por ningún medio o método”, pero según entiendo los autores pueden ser citados, utilizando las comillas. Interpreto que una cita que incluyera todo un libro estaría violentando el espíritu de la ley, que una cita breve es legal, y dejo en manos de mis abogados la defensa de este blog ante eventuales demandas ya que no sé que tan extensa puede llegar a ser una cita sin incurrir en actos de piratería. El cuento “El Mono piensa en este tema” es un párrafo en forma de pregunta, que cuestiona:

… “al que se pasa la vida preparándose para escribir una obra maestra y poco a poco va convirtiéndose en lector mecánico de obras cada vez más importantes pero que en realidad no le interesan”, al que “cuando ha perfeccionado un estilo se encuentra con que no tiene nada que decir”, “al que entre mas inteligente es menos escribe, en tanto que quizá a su alrededor otros no tan inteligentes como él y a quienes él conoce y desprecia un poco publican obras que todo el mundo comenta y que en efecto en ocasiones son hasta buenas”, “al que en alguna forma ha logrado fama de inteligente y se tortura pensando que sus amigos esperan de él que escriba algo, y lo hace, con el único resultado de que sus amigos empiezan a sospechar de su inteligencia”, y al que “ni es inteligente ni tonto ni escribe ni nadie conoce ni existe ni nada”.

Después de leer ese cuento, y el otro, “La Oveja Negra”, la cual fue fusilada, a la que un siglo después el rebaño arrepentido le levantó una estatua, y así sucesivamente cada vez que aparecían ovejas negras, “para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura” resulta claro que si dicto una novela será nada más porque me de la gana, que si blasfemo está bien, que si no lo hago también, que da lo mismo ser oveja negra que oveja blanca, inteligente o tonto, sobre todo porque la oveja negra no sabe de su estatua póstuma, ni la oveja blanca sabe del cuento de Monterroso, que mis textos pueden ser tontos o todo lo contrario, y que lo importante es que diga y haga lo que se me dé la gana… porque todo es relativo y las cosas no son tan simples como ilustra Monterroso en el “Monólogo del Bien”, “el hipócrita Abel se hizo matar por su hermano Caín para que este quedara mal con todo el mundo y no pudiera reponerse jamás”.

Ahora sí, muy quitado de la pena seguiré dictando mi novela, destrozando y alabando al estado de derecho según corresponda, sin que me importe no haber leído ni a los clásicos ni a los post modernistas ni a nadie, ni a los teóricos del derecho, ni a Jesús Silva Herzog Márquez quien sabe de todo, ni a Federico Reyes Heroles que también, sino únicamente los libros que el azar ha puesto en mis manos y me han agradado, y a los que he buscado por que me han agradado, y en apoyo a mi dicho ofrezco una inspección física a mi biblioteca, que es un conjunto de libros inconexos entre sí salvo por el método de la serendipidad por el que llegaron.

Próximamente entrarán en escena nuevos personajes al elenco de mi novela: “Un Aspirante a Diputado” y “El Ciudadano que no Quiere Votar”.

EPÍLOGO

-Licenciado, una pregunta. Los bambúes eran suyos, ¿por qué en el título pone que son de su vecino?

-Porque me los quitó.

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