viernes, 23 de enero de 2009

MIGRANTES, ARQUITECTOS DEL MÉXICO MODERNO

Santa Ana Nichi. Jardín Principal. Arquitecura Alpina.

. México Rural. Casa Tradicional.


Nueva Arquitectura Rural. San Felipe del Progreso




Los migrantes:

Héroes de la economía mexicana.
Arquitectos del México Moderno.

Están cambiando aceleradamente la fisonomía del México rural. Cada vez hay más casas en medio de las milpas con techos de loza a cinco, seis o siete aguas; “bay windows”; jardineras exteriores y otras extravagancias al estilo californiano. El modelo tradicional, de adobe, con terrado, techo de teja y cocina de leña pierde terreno. Bien por los migrantes, aunque la arquitectura alpina que caracteriza al Zócalo de Santa Ana Nichi, Municipio de San Felipe del Progreso, Estado de México, constituya una verdadera aberración estética. Juzgue Usted.






lunes, 19 de enero de 2009

APARTAMENTOS CONDESA D.F.

APARTAMENTOS CONDESA D.F.

Mire sobrinita, le hice caso, fui a ver el departamento que me dijo, pero verá, hubiese sido mejor que no hubiera ido. Hoy por la mañana estaba completamente convencido que lo mejor sería dejar esta casa, que efectivamente queda lejos de su universidad y de mi oficina, e irnos a vivir a un departamento. La ubicación es inmejorable, sobre la Avenida Insurgentes, que es una de las más emblemáticas de la ciudad de México. A una cuadra queda la estación del Metro, enfrente la del Metrobus, y por la calle de atrás pasa la nueva línea que acaban de inaugurar. La zona de restaurantes y bares de la Condesa queda a cuatro cuadras, nada más es cosa de tener cuidado a la hora de cruzar Baja California. Pero verá, hoy me acompañó a verlo su tía Rosaura, y apenas hizo el primer comentario, decidí que no tiene ni pies ni cabeza movernos a un departamento, porque aunque ya llevamos en esta ciudad tres generaciones, nuestra idiosincrasia sigue siendo de gente de rancho.

Así que vamos a hacer un pacto ahora mismo. Ni Usted ni yo nos volveremos a quejar del tráfico jamás de los jamases, así haga yo dos horas de regreso a casa. Usted dice que hace más, aunque me permito dudarlo, porque seguro que se queda platicando con sus amigos y pretendientes después de clases, y luego le echa la culpa al tráfico. Aunque reconozco que si lo hay, Usted a mi no me engaña tan fácilmente.

Pero dejemos de lado esa eterna discusión, y le cuento lo que dijo su tía Rosaura. Al bajarse del elevador, a una especie de hall que hay antes de entrar a los departamentos, dijo que qué lindo, que le pegaba muy sabroso el sol de la tarde, y que estaría bueno poner ahí una banca, de común acuerdo con los vecinos. Fíjese que hasta que ella dijo eso, yo no me había dado cuenta de que tendríamos vecinos, y que nos estaríamos cruzando con ellos a mañana, tarde y noche. Como ahora el edificio está vacío, o casi, no me había topado con nadie y la verdad es que ni pensé en eso.

Luego tu tía Rosaura se fijó en los detalles en los que se fijan solo las señoras, que si había notado que la cocina que aparentemente es amplia, no lo es tanto, porque se necesitaría un refri grande a causa de que habría que salir a la compra en carro, y que un refri pequeño no serviría. Luego se puso a discurrir sobre la tarja del fregadero, que si las ranuras estaban así o asado, y que por lo tanto se escurriría el agua al piso después de lavar los platos y que alguien se podría resbalar y golpearse.

Me preocupé más cuando se metió al baño y preguntó que si había extractor, porque no tiene ventana, y yo la verdad tampoco me había fijado en eso. -Sí señora, si tiene extractor de olores, le dijeron, y entonces ella preguntó si había un escusado en la azotea del edificio, y cuando le contestaron que no sabían y pusieron una cara de que qué le pasa a esta señora, ella contestó triunfante que como no había cuarto de servicio, que entonces dónde harían sus necesidades las muchachas que fueran a limpiar de entrada por salida. Yo no daba crédito a semejante razonamiento de tu tía Rosaura. ¡Ponerse a pensar sobre dónde orinaría la señora de la limpieza! Le dije que en cualquier baño, que de todos modos ni cuenta nos íbamos a dar, y que en todo caso que qué mas nos daba, siempre y cuando jalara y lo dejara limpio, y ella ni me contestó y se volteó hacia el vendedor para decirle que los hombres no sabíamos nada de nada del difícil manejo de un departamento de 72 metros cuadrados.

En esas estábamos cuando llegó la otra vendedora, a decirnos que la vecina del piso 11 nos invitaba a que pasáramos a ver su departamento, y yo dije que para qué, pero tu tía Rosaura dijo que sí. A mi todo me pareció de bastante mal gusto, pero tu tía decía que qué lindo esto, que qué lindo lo otro, y cuando por fin salimos, ella me dijo que si me había fijado que todos los muebles eran miniatura, y que ninguno de los muebles que tenemos ahora cabrían ahí, y que tendríamos que ver qué haríamos con los muebles viejos, y que ese era otro problema muy aparte que habría que resolver.

Como te imaginarás yo ya estaba de muy mal humor con los comentarios de tu tía Rosaura. Yo solo la había llevado para presumirle la hermosa vista de la avenida que tendríamos desde el salón, y sobre ese punto en particular no dijo absolutamente nada. Ya quería irme, pero al esperar el elevador, qué crees, que llega una pareja y nos presentan como a los nuevos vecinos, y ahí me tienes como idiota platicando con quien sabe quienes, tratando de poner cara de persona agradable y todavía tuve que decirles que sí, que qué gusto, que también nosotros nos poníamos a su disposición para lo que se ofreciera. Cuando por fin volvimos al garaje para sacar el auto e irnos, tu tía Rosaura se puso a platicar con el policía, y luego me explicó que en los condominios es muy importante llevarse bien con ellos, porque de lo contrario se hacen los tarugos para abrir la puerta cuando uno les toca el claxon, o dejan que el vecino ponga su carro enfrente.

Así que queda total y absolutamente descartada la compra del departamento, y más cuando me pongo a imaginar el papelón que haría yo, cargando las bolsitas de plástico con la basura en el elevador, saludando a cuánto vecino se le ocurra subirse al mismo tiempo que yo.

Nos quedaremos en esta casa aunque ya sé que vale más el terreno que la construcción, y que los departamentos son muy buena inversión, y que el servicio se pone cada vez mas difícil, y que el Adalmiro y la Ernestina no regaron el jardín ahora que nos fuimos de vacaciones, y que las recámaras tienen las paredes ensalitradas, y que tenemos que impermeabilizar la azotea antes de que lleguen las lluvias, pero le juro sobrinita que todo eso es preferible a tener que aguantar a esos seres que se llaman vecinos, de los cuales están llenos esos edificios nuevos que desde lejos se ven tan bonitos.

lunes, 12 de enero de 2009

CINCUENTENARIO: VIDAS PARALELAS


Cincuentenario de la Revolución

CINCUENTENARIO: VIDAS PARALELAS


-Comandante, ánimo, este mes se festeja el cincuentenario de la Revolución Cubana. No me diga que ya no quiere figurar en actos públicos. Desfiles, comidas y cenas. Enero de 1959. Fue nuestra entrada triunfal a La Habana. Y el 28 de enero es el aniversario del natalicio de José Marti. Prepare algo diferente para ese día.

-Acá me tienes, viejo y enfermo, ya no soy dirigente, visto ropa deportiva en vez de uniforme militar, y escribo mis reflexiones para el diario Granma que nadie lee. Es como escribir en esos blogs personales sin visitantes. Escribo las reflexiones sin que me interese que las lean o no. Odio el cincuentenario. Además no sé en realidad ni que festejamos.

-Los logros. Todos los logros. La salud, la educación -la vivienda no tanto pero también- todo aquello que recitaba en sus discursos hace apenas unos años.

-Si vienes a decirme lo mismo que escribo en Granma, mejor releo lo que escribí. Además todos esos logros son materiales. En el plano espiritual no tenemos logros y la institución familiar está hecha pedazos. Si quieres hablar del cincuentenario, estoy dispuesto a hacerlo desde mi perspectiva personal, es decir, de mi persona. No hay logros ni nada que festejar.

-No Comandante, no se me vaya a poner nostálgico. ¿Por qué no celebra el cincuentenario como el personaje de García Márquez en “Las Memorias de sus Putas Tristes”?

-Primero porque no soy tan cursi. Ya le dije al gran Gabo que esa novela no me gustó. Además, con eso de que con la revolución todas se nos volvieron jineteras, pues acá no aplica un festejo como ese. El festejo consistiría en salir con una chica decente, que si las hay, y muchas, pero a mi edad y con mi posición social, cualquiera me la confundiría con una puta. ¿No se te ha olvidado que a mí siempre me han gustado jovencitas?

-No mi Comandante. Lo tengo bien presente. Usted actúe. No tiene que estar declarando que la chavala es novia suya, ni amante ni nada. Mire, yo arreglo con los dirigentes afines a la Revolución que nos manden unas brigadistas venezolanas, ecuatorianas, paraguayas, bolivianas, ó argentinas, dizque para adoctrinarlas, y ya con ese pretexto, se pasea por toda la Isla con ellas, mostrándoles los logros.

-Para que de verdad disfrutara yo de un festejo así, tendría que comenzar por creerme el cuento de que las brigadistas vienen a adoctrinarse y no a hacerme compañía. Es decir, primero necesitaría yo que alguien más viniera a adoctrinarme a mí e hiciera que me creyera el cuento. Así si las pasearía. Con la convicción y el idealismo suficientes no tendría reparos en llevármelas a Varadero a mostrarles los avances en el turismo y si no me duele nada, las subo a la suite presidencial más lujosa de los hoteles de allá, o a la suite dictatorial, como quieras llamarle, para aclararles dudas y compartirles experiencias de todo tipo. Aunque pensándolo bien, si me llegara a doler algo, también. Si vienen como brigadistas médicas ni modo que no sepan dar un masajito ni poner un fomento para el dolor de ingle. Si las brigadistas son creativas, entenderán que en la Isla no hay gasas para esos fomentos y tendrán que recurrir, literalmente sea dicho, a sus propios medios. La lengüita, por ejemplo, pero ya no quiero ser más explícito porque tú si sabes escuchar lo que digo en entrelíneas.

El Comandante se rascó la nariz y continuó:

-Mire Usted, compañero, lo hermosa que podría ser la vida si uno lograse liberarse de todos sus prejuicios, que en el caso mío son claramente revolucionarios. Yo de ninguna manera me prestaría a abusar de unas brigadistas auténticas ni de hacerme el tarugo con unas brigadistas falsas. Ese es el dilema porque la carne es débil, y al paso de los años no se fortalece sino que sigue siendo débil. Espero que me siga en mi argumentación que es claramente metafórica, no vaya Usted a pensar otra cosa y menos, que le estoy haciendo propaganda a los laboratorios Pfizer, tristemente célebres por su píldora azul.

-Comprendo, Comandante, sobre todo tratándose de Usted que tuvo que pasar por tanta abstinencia en la Sierra Maestra, o al menos eso es lo que dice su biografía oficial. Pero volviendo al tema, yo puedo adoctrinar a las brigadistas, para que cuando lleguen con Usted, se hagan las mensas y finjan interés en todos los logros que Usted les cuente, claro, que sin que Usted lo sepa.

-Me gusta el plan, pero ya lo echaste a perder porque ya me lo dijiste.

-No Comandante. Escriba otras reflexiones en el diario Granma de lo que le venga en gana, como la inminencia del colapso del capitalismo y el fin de la hegemonía de los Estados Unidos, comenzando por el Caribe y después a nivel mundial, y así se olvidará de esta conversación. Escriba sobre la contribución de las brigadistas a la construcción del sueño bolivariano, de su importancia para revivir las enseñanzas de Marti, y cuando lleguen las brigadistas Usted verá que las cosas se darán conforme a lo que hemos platicado.

-Suficiente por hoy. Debo retirarme a mi cubículo a escribir mis reflexiones. Escribiré sobre las migraciones y su rol en la difusión de la cultura, sobre las visas como herramientas de sometimiento de los pueblos, sobre las tortillas, las arepas, la serependidad y el chipá. ¿Comprende compañero?

El compañero de mil batallas había comprendido perfectamente. El Comandante continuaría haciéndose pendejo.


miércoles, 7 de enero de 2009

LAS TORTILLAS Y EL CHIPÁ

Manta en Guaraní. Expo Feria Artesanal. Paraguay.


-Te invito a cenar a casa.

-¡De verdad! Seguro que si voy.

-Me alegra que aceptes. Llegas a la esquina de mi casa, le pides permiso al guardia que está en la caseta, y si le da la gana, te dejará pasar. Si él no quiere, no hay nada que pueda yo hacer.

-Mmm…gracias por invitar.

Así funcionan las visas para visitar México. Es un requisito que aplica a los turistas de prácticamente toda la América Latina, que son nuestros hermanos, según dicen los políticos en sus discursos. Solo ellos saben a quién le dan visa y a quién se la niegan.

El guardia:

-Para dejarla pasar, señorita, debe mostrar un estado de cuenta con mucho dinero, tarjetas de crédito, carta de antigüedad laboral…ó en su defecto, pues ya sabe usted, señorita, acá está su charro negro…

La visitante:

-Ya ni le siga. No cumplo con sus requisitos. Es más sencillo entrar directamente a los Estados Unidos. Y Usted me da asco.

Tristemente, entre más requisitos exija México, más proclive se vuelve a la corrupción y más cómplice se vuelve del tráfico de personas. Que alguien explique por qué, si diario detienen a tantos migrantes, hasta ahora no ha caído ningún alto ni mediano mando del Instituto Nacional de Migración. Una excelente novela “Las Maras” (Alfaguara, 2004) de Rafael Ramírez Heredia ilustra la vergonzosa realidad de la frontera sur de México, en la cual miles de personas se juegan a diario la vida, cuidándose de polleros, funcionarios de Migración, cónsules mexicanos que expiden visas verdaderas o falsas a cambio de una mordida, y los vándalos de la Mara Salvatrucha 13, cómplices asesinos de nuestra corrupta burocracia migratoria.

A través del método de la serendipidad, me enteré que en octubre de 2008 México eliminó el requisito de visa para los ciudadanos del Paraguay. La página oficial de la Secretaría de Relaciones Exteriores ni siquiera se ha tomado la molestia de incorporar este cambio, pero si aparece en la página de la Embajada de México en Paraguay.

“Por decisión bilateral del gobierno de México, a partir del 1ro de octubre de 2008, ya no se requiere visa para los nacionales paraguayos que deseen viajar a México en las calidades migratorias de: TURISTA, TRANSMIGRANTE, Y VISITANTE PERSONA DE NEGOCIOS, hasta por una temporalidad de 180 días”. Para los escépticos, aquí dice.

Aunque la motivación de esta medida haya sido que Felipe Calderón se tomara la foto con Fernando Lugo, (el yunque junto al ex obispo) los paraguayos y los mexicanos salimos ganando con esta medida. Ya con anterioridad, se exentó de visa a los ciudadanos de Panamá. ¿Será mera coincidencia de que solo a los países menos poblados les otorgamos ese beneficio? ¿Será que Felipe Calderón está cansado de tanta crítica a su política migratoria en los foros hemisféricos a los que asiste?

-Señor Presidente Calderón, deje pasar a México a unos compatriotas. Solo desean conocer el Desierto de Arizona.

-Con gusto, Señor Presidente de Ecuador, ó de Colombia, ó de dónde sea, pero el problema es que me regañaría el Señor Presidente Bush.

Mientras que los capos mexicanos se reúnen cuántas veces quieran con sus pares de todos los países del continente, con sus socios y con sus proveedores, los ciudadanos de buena voluntad de todos los países no podemos reunirnos gracias a ese requisito que se llama visa y que no sirve para nada, ó mejor dicho, solo sirve para anidar las redes de corrupción e infamia. Si lo que pretenden los hermanos latinoamericanos es irse para Estados Unidos utilizando nuestra frontera norte, qué más nos da. Deberíamos dar facilidades para que hubiese vuelos directos Caracas-Ciudad Juárez, Quito-Matamoros, Bogotá-Tijuana y Buenos Aires-Teguciglpa-Nuevo Laredo. Tendríamos registros de quien entró y de cómo se llama y captaríamos la llamada “derrama económica” que tanta falta nos hace en estos tiempos de crisis. Acabaríamos con ese infierno de derechos humanos que es la frontera sur, Ciudad Hidalgo- Tecun Umán, con polleros, con traficantes humanos y con funcionarios corruptos del Instituto Nacional de Migración. Por los americanos, o sea los gringos, no tenemos de qué preocuparnos: Ya están construyendo su famoso Muro.

Ojalá que fuese cierto el argumento de que nuestra política migratoria ayuda a preservar la paz y la tranquilidad públicas, y que los migrantes de todo el Continente vienen a este emporio de prosperidad y riqueza que se llama México a desplazarnos a nosotros los mexicanos. Por el contrario, frenamos el desarrollo económico y social al dificultar en grado sumo el contacto entre estudiantes, pequeños empresarios, escritores, diseñadores, músicos y también el encuentro romántico de una que otra pareja de enamorados. O qué, ¿también queremos elevar la “Raza de Bronce” a rango constitucional?