viernes, 27 de marzo de 2009

PRINCIPIOS QUE SE CLAUDICAN Y DIÁLOGOS QUE NO SE PRIVILEGIAN


PRINCIPIOS QUE SE CLAUDICAN Y DIÁLOGOS QUE NO SE PRIVILEGIAN

Los principios son inclaudicables, dicen los héroes. Ahí esta la estatua de cada uno de ellos con su frase célebre. “El Respeto al Derecho Ajeno es la Paz”. Muy bien, don Benito, dígame Usted que hago, no me respetaron mi derecho, ¿me voy a la guerra? Lo dice el Himno Nacional: Jóvenes soldados, provocando que retiemble en sus centros la tierra, al sonoro rugir del cañón. Puedo perder mi guerra, don Benito, o ganarla. Nadie compone himnos en honor de los mutilados de guerra y que además sirvan para enardecer a las multitudes. Si veo que voy a perder, que claudique mi principio en lugar de claudicar yo. Las derrotas son dolorosas y en cambio puedo utilizar otro principio para justificarme para no ir a la guerra. “Privilegiar el Diálogo”, por ejemplo, aunque sea un diálogo de sordos, o de mudos, da lo mismo. La inacción frente al agravio no es un principio que haga sentido. Si me pisotean una vez me pisotearán dos veces, aunque diga la Biblia que haya que poner la otra mejilla. Lo ideal es que pudiera yo ganar todas las guerras que se me ocurran, “Patria o Muerte. Venceremos”. A Fidel Castro el lema le ha funcionado, o al menos eso dice, pero yo reconozco mis debilidades.

Mejor definiré que debo hacer y luego busco el principio, o la frase célebre, que me justifique.

El motivo de mi guerra no lo diré. Es tan importante, o tan estúpido, como si pasara diariamente un borracho a orinarse en el prado frente a mi casa. ¿Le pongo una madriza? Me la podría poner él a mi y seguir orinándose. Le puedo dar duro y a la cabeza. El que acabaría preso soy yo, y no él. ¿Por qué no privilegio el diálogo? Pues porque viene borracho. ¿Por qué no llamo a la patrulla? Pues porque no viene, y si llega, habrá olor a orines, pero no habrá borracho orinándose en mi prado. ¿Si lo filmo y contrato un abogado? Ganaría dinero el abogado, y el borracho saldría libre casi de inmediato, por tratarse de una falta administrativa menor. ¿No sería mejor aguantarme el olor a orines? Podría ser, a final de cuentas huelen más feo los baños en épocas de calor. Pero, ¿que no soy capaz de enfrentarme y ganarle a un pinche borracho? No soy conformista. He dado batallas mucho más gloriosas que esa. Además es un ejemplo. No piensen que soy tan idiota.

En lugar de definir la estrategia, debería comenzar por entender la lógica del enemigo. ¿Qué tiene mi prado que lo haga tan atractivo como meadero del borracho? Podría quitar el prado, bajo el supuesto de que el borracho no querrá salpicarse los zapatos. Pero he visto borrachos no solo con los zapatos salpicados de orines, sino con toda la ropa cubierta de jugos gástricos y residuos de comida mal digeridos en toda su ropa.

Para entender la lógica del enemigo debería ponerme en sus zapatos (evidentemente antes de que los orine). Me pondré una borrachera. Tendrá que ser en un bar que no tenga baño. Ya borracho, no me aguantaría las ganas de orinar y no tendría ánimo para salir a caminar hasta dónde encontrara un prado. Por lo tanto es ilógico pensar que el enemigo se emborracha en un bar porque ya estaría clausurado por las autoridades sanitarias. Seguramente se emborracha en otro lado. Concluyo que es más fácil que yo me enferme de cirrosis a que logre entender la mentalidad del borracho. Ni modo que los moros se conviertan a cristianos, y los cristianos a moros, para poderle ganar los unos a los otros.

Mejor sería preguntarme ¿por qué tanta obsesión con el asunto del borracho? El borracho será borracho pero yo estoy a punto de convertirme en un esquizofrénico. Diariamente me han contado del borracho pero yo en realidad solo lo he visto dos veces, y de hecho una vez no se orinó. ¿Si en lugar de meditar en mi guerra, utilizara mi tiempo en leer a Juan Sabines o a Jorge Luis Borges, o por lo menos una novelita de Arturo Pérez Reverte? ¿Si mejor llego más tarde y me voy a echar unos drinks a La Condesa? ¿O me voy a un camping a Tres Marías a orinarme a gusto al aire libre, o a Acapulco a ver el show de las spring breakers, o escribo un cuento sobre un borracho, o me voy al cine, o dejo de hacerle el feo a la chava aquella que me tira los canes, o me subo al Turibus, o invito a mi sobrinita con sus amiguitas a la casa de campo? Mi guerra contra el borracho solo tiene sentido si de plano no se me ocurre nada mejor qué hacer. Comenzar mi guerra es perder mi guerra. Ganar mi guerra es olvidarme de mi guerra.

Ahora sí, don Benito, estoy listo para adoptar una frase célebre: “Live and let live”. “Vive y deja vivir”. Por cierto, consulté en Wikipedia y no me queda claro quien la inventó.





1 comentario:

Anónimo dijo...

Alcides recuerda que "El Respeto al Prejuicio Ajeno, es la Paz".... eso no lo dice Benito Juárez, eso lo digo yo.