Señorita. Guárdeme este archivo. Es un bosquejo de un personaje para mi novela. O tal vez de dos.
“Empeñaste tu palabra ante tu madre y traicionaste tu palabra. ¿Ahora que explicación podrás dar? Ninguna. Ya no tienes palabra. Ya nadie te quiere escuchar. ¿Cuánto vale un hombre sin palabra? ¿Nada? Menos que nada. Se paga para que se lleven la basura. Tomaste tu decisión. Tu decisión de traicionar a tu familia. ¿Así puedes tener amigos? No, y lo sabes. Podrás seguir comprando aduladores, que te dirán, qué bien que traicionaste a los tuyos. ¿Sabes cuando urdirán la traición en tu contra? Ya comenzaron. Adulándote. Y después te escupirán. Al cabo que ya eres un hombre sin palabra. Te traicionaste a ti mismo. Explícatelo tú, a tu conciencia. Compras un carro de lujo. Para sentirte alguien porque no eres nada. Para aparentar ser fuerte frente al débil. Luego pretendes hacer la caridad. No. No es caridad. Es compra de lealtades. ¿De dónde salió el dinero para tus caridades? De tu familia, la que te dio y ya no te puede dar más y ahora traicionas. Tu vida es una gran simulación. Sacaste al preso de la cárcel, al mismo que agarraron en flagrancia. Salió gracias a tu caridad y a tus abogados. Antes de caer preso te robó a ti, y lo perdonaste. Así es tu magnanimidad. Así te ganas tus lealtades. Te volverá a robar. En tu magnanimidad volverás a perdonar. Te será mas fiel, según tu. Puede ser que tengas razón. Hasta que te saque los ojos. Así navegas por la vida, repartiendo favores. Pero tu careta de buena gente se cayó al suelo. Tus favores deslumbran al humilde. Lograste que muchos de ellos se equivocaran. Al volante de tu carro de desecho, el humilde se olvidó del que le tendió la mano desinteresadamente, del que tan solo le dio de comer una tortilla con un poco de sal cuando pasó hambre. Habrá tiempo para que se arrepientan porque tu magnanimidad es egoísta, tu magnanimidad es sin amor, tu magnanimidad lleva mala intención. Robas así, destruyes más bien, lo que otros construyeron. Con el tiempo cosechas odios y mas odios, que te obligan a ser mas y mas magnánimo. Se te agota el tiempo y gracias a tu última traición, se te agotará también la billetera. Calculaste mal, tu último paso”.
“Empeñaste tu palabra ante tu madre y traicionaste tu palabra. ¿Ahora que explicación podrás dar? Ninguna. Ya no tienes palabra. Ya nadie te quiere escuchar. ¿Cuánto vale un hombre sin palabra? ¿Nada? Menos que nada. Se paga para que se lleven la basura. Tomaste tu decisión. Tu decisión de traicionar a tu familia. ¿Así puedes tener amigos? No, y lo sabes. Podrás seguir comprando aduladores, que te dirán, qué bien que traicionaste a los tuyos. ¿Sabes cuando urdirán la traición en tu contra? Ya comenzaron. Adulándote. Y después te escupirán. Al cabo que ya eres un hombre sin palabra. Te traicionaste a ti mismo. Explícatelo tú, a tu conciencia. Compras un carro de lujo. Para sentirte alguien porque no eres nada. Para aparentar ser fuerte frente al débil. Luego pretendes hacer la caridad. No. No es caridad. Es compra de lealtades. ¿De dónde salió el dinero para tus caridades? De tu familia, la que te dio y ya no te puede dar más y ahora traicionas. Tu vida es una gran simulación. Sacaste al preso de la cárcel, al mismo que agarraron en flagrancia. Salió gracias a tu caridad y a tus abogados. Antes de caer preso te robó a ti, y lo perdonaste. Así es tu magnanimidad. Así te ganas tus lealtades. Te volverá a robar. En tu magnanimidad volverás a perdonar. Te será mas fiel, según tu. Puede ser que tengas razón. Hasta que te saque los ojos. Así navegas por la vida, repartiendo favores. Pero tu careta de buena gente se cayó al suelo. Tus favores deslumbran al humilde. Lograste que muchos de ellos se equivocaran. Al volante de tu carro de desecho, el humilde se olvidó del que le tendió la mano desinteresadamente, del que tan solo le dio de comer una tortilla con un poco de sal cuando pasó hambre. Habrá tiempo para que se arrepientan porque tu magnanimidad es egoísta, tu magnanimidad es sin amor, tu magnanimidad lleva mala intención. Robas así, destruyes más bien, lo que otros construyeron. Con el tiempo cosechas odios y mas odios, que te obligan a ser mas y mas magnánimo. Se te agota el tiempo y gracias a tu última traición, se te agotará también la billetera. Calculaste mal, tu último paso”.
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