A María Caridad.
Por su enjudia en la defensa de su argumentos
con la fortaleza que da la convicción de tener razón.
A la sociedad civil,
A la sociedad civil,
por convencerme que los ciudadanos podemos
y debemos exigirle a la autoridad.
SALÓN DE FIESTAS R.I.P.
Vengo a presentar una demanda en contra de un salón de fiestas, dije al entrar a la Comisaría de Policía de mi pueblo, en un Municipio del Estado de México. Me vieron tan seguro de mi mismo, o tan molesto, o las dos cosas, que la oficial encargada, con cara de susto, me dirigió de inmediato a las oficinas de Gobernación Municipal. En el patio estaba el funcionario encargado. -Usted es la autoridad, yo soy un ciudadano, y vengo a exigir que vayan a revisar ese salón de fiestas. Hace un ruido atroz. Presenté mi escrito hace tres meses, con las firmas de muchos vecinos, vea, acá está el sello de recibido, y no me contestaron nada. Recurrí al camino de la legalidad y nada. Exijo una respuesta hoy.
-Es sábado y no he almorzado…
-La autoridad es para ejercerse las 24 horas del día. Para la autoridad no hay ni sábados ni domingos, se lo digo yo, que también fui autoridad en el ámbito federal. Imagine si yo podía permitir que un pasajero que llegara un domingo por la madrugada ingresara al país con un producto con potencial de traernos plagas, ¿verdad que no? El que acepta ser autoridad es autoridad las 24 horas del día, todos los días de la semana. Así que lo invito a inspeccionar ese salón de fiestas, hoy, sábado por la tarde, porque le aseguro que si va el lunes solo encontrará paz y tranquilidad.
-Comprenda, mi superior no está…es fin de semana.
-Comprendo que en ausencia de su superior, Usted es la autoridad, aquí, hoy, ahora, ¿me entendió? Y como autoridad que es también vengo a manifestarle que si no me atiende ahora, en unas horas estaré de regreso, porque pienso bloquear la vialidad junto con los vecinos, y estaré violando la ley, así que su deber será detenerme, Usted o los de Seguridad Pública, pero le aclaro, me alcanza para pagar la fianza, ¿me entendió?
-Son unos corruptos, dijo un vecino que me acompañaba.
-Eduardo, así no se dirige uno a la autoridad. El señor es la autoridad, y debemos tratarlo con respeto. Y me volví a ver al señor que encarnaba la autoridad. –Usted, la autoridad, dígame, cuál es el derecho del salón de fiestas para poner música a nivel atroz, y cuál es el mío…Si el señor tiene ese derecho, yo también tengo el derecho de contratar a un vehículo de perifoneo y estacionarlo frente a mi entrada, y se molestarán los invitados a la fiesta, y como habrán bebido quien sabe que vaya a pasar…Usted como autoridad tendrá que hacer algo de todos modos. Lo invito a inspeccionar ahora mismo ese salón de fiestas, y le exijo que me diga cuál es mi derecho…
Tiré la colilla del cigarro al suelo, sin intención. La autoridad bajó la vista al suelo y luego me miró a los ojos, con intención de reclamarme. Que me reclame, pensé, le ofreceré respetar la legalidad, yo levantaré la colilla y él que vaya a inspeccionar el salón de fiestas. Me adivinó el pensamiento y no se atrevió. Es posible que el también haya visto una escena similar en una película protagonizada por Sharon Stone. A los pocos minutos me pusieron al habla con su superior, a través de un celular.
-Mire, me dijo, si hacemos la inspección hoy, no habrá más alternativa que clausurarlo porque opera sin permiso. Les permití operar hoy, solo hoy, porque el salón ya estaba contratado. Usted comprenderá que para clausurar un salón en plena fiesta hace falta hacer todo un operativo. Le propongo algo: No movilice a los vecinos ni bloquee la vialidad; me comprometo a que mi ayudante le entregue copia del oficio en el que negamos la solicitud de operar ese salón de fiestas. Dije que sí, que aceptaba el trato, y se cayó la llamada.
-Hice un trato con el licenciado tal, le dije al representante de la autoridad. Déme el oficio…
-No sé si esté abierta la oficina…
-Le repito que hice un trato con su jefe. Déme el oficio…
Pasamos a la Dirección de Gobierno, la antesala vacía, y entramos a un cubículo lleno de papeles. Ahí estaba todo el expediente. Mi carta de denuncia, la solicitud de los del salón, el oficio con la negativa… Es este, le dije. Vamos a sacarle la fotocopia que me prometió el licenciado. La autoridad dijo desconocer esa parte del trato con su superior, porque en efecto, se había caído la llamada. -Le propongo otro trato a Usted, le dije: Hacemos la fotocopia, la metemos en un sobre lacrado, y una vez que confirme con su superior, yo abro el sobre, para lo que proceda.
Ahí tengo el sobre lacrado. Cuando lo abra sacaré cuarenta copias, una para cada vecino, con mis atentos saludos. ¿Podrá la autoridad tolerar otra fiesta, habiendo un oficio firmado por el mismísimo Director de Gobierno Municipal? Pienso que no. Salón de fiestas, RIP.
–Vamos a disfrutar la música, le dije a mi vecino Eduardo, hoy, que es la última ocasión que nos la ponen gratis. Paramos a comprar cervezas. Los niveles punzantes de la música dejaron de doler.
EPÍLOGO
Me presenté en la Dirección de Gobierno seis días después. Me recibió el superior. Me explicó brevemente la demora en proceder en contra del salón de fiestas…no argumenté salvo para preguntar si podía abrir el sobre lacrado, y lo que habría que hacer en caso de que reincidieran. –Acá está mi número de celular, si observa movimientos me avisa, es preferible parar un evento antes de que lo hagan…cuando están los invitados adentro se dificulta…
Mi siesta, la recuerdo apacible, la interrumió el celular: Era el vecino. -Eduardo, no puede ser… Salí y en efecto, estaba el evento en marcha, a un volumen mas que razonable, pero de que había evento, lo había.
–Licenciado, no pensé que tendría que hablarle tan pronto, abrí mi sobre…
-Y qué? me interrumpió.
–Que por lo visto la señora Cristina no ha abierto el suyo… Tenemos evento.
-¿Hoy?
-Sí, hoy.
Era el festejo de fin de año de una empresa refresquera. Mandé al chofer a comprar el periódico del día y minutos después lo retraté con el salón de eventos como telón de fondo. Pasé al jardín de mi vecino –Alcides, no van a venir, son unos corruptos-, -te equivocas Eduardo, tienen que venir, el oficio trae escudo y firma, prohíbe cualquier tipo de evento, no pueden dejar pisotear su autoridad de esa manera… Nos interrumpió su esposa, que los señores de Gobierno ya estaban ahí.
–Clausuramos el evento. Asómense y vean…
No había automóviles, no había personas, no había música, no había nada. Sería porque fue en viernes, o porque los invitados aún no bebían, o no sé por qué causa, pero el desalojo del salón fue rápido y hasta donde supe, fácil. A diferencia de hace seis días, no diré SALÓN DE FIESTAS R.I.P. No, mientras haya gente en México como la señora Cristina…
El Epílogo no lleva dedicatoria:
SALÓN DE FIESTAS R.I.P.
Vengo a presentar una demanda en contra de un salón de fiestas, dije al entrar a la Comisaría de Policía de mi pueblo, en un Municipio del Estado de México. Me vieron tan seguro de mi mismo, o tan molesto, o las dos cosas, que la oficial encargada, con cara de susto, me dirigió de inmediato a las oficinas de Gobernación Municipal. En el patio estaba el funcionario encargado. -Usted es la autoridad, yo soy un ciudadano, y vengo a exigir que vayan a revisar ese salón de fiestas. Hace un ruido atroz. Presenté mi escrito hace tres meses, con las firmas de muchos vecinos, vea, acá está el sello de recibido, y no me contestaron nada. Recurrí al camino de la legalidad y nada. Exijo una respuesta hoy.
-Es sábado y no he almorzado…
-La autoridad es para ejercerse las 24 horas del día. Para la autoridad no hay ni sábados ni domingos, se lo digo yo, que también fui autoridad en el ámbito federal. Imagine si yo podía permitir que un pasajero que llegara un domingo por la madrugada ingresara al país con un producto con potencial de traernos plagas, ¿verdad que no? El que acepta ser autoridad es autoridad las 24 horas del día, todos los días de la semana. Así que lo invito a inspeccionar ese salón de fiestas, hoy, sábado por la tarde, porque le aseguro que si va el lunes solo encontrará paz y tranquilidad.
-Comprenda, mi superior no está…es fin de semana.
-Comprendo que en ausencia de su superior, Usted es la autoridad, aquí, hoy, ahora, ¿me entendió? Y como autoridad que es también vengo a manifestarle que si no me atiende ahora, en unas horas estaré de regreso, porque pienso bloquear la vialidad junto con los vecinos, y estaré violando la ley, así que su deber será detenerme, Usted o los de Seguridad Pública, pero le aclaro, me alcanza para pagar la fianza, ¿me entendió?
-Son unos corruptos, dijo un vecino que me acompañaba.
-Eduardo, así no se dirige uno a la autoridad. El señor es la autoridad, y debemos tratarlo con respeto. Y me volví a ver al señor que encarnaba la autoridad. –Usted, la autoridad, dígame, cuál es el derecho del salón de fiestas para poner música a nivel atroz, y cuál es el mío…Si el señor tiene ese derecho, yo también tengo el derecho de contratar a un vehículo de perifoneo y estacionarlo frente a mi entrada, y se molestarán los invitados a la fiesta, y como habrán bebido quien sabe que vaya a pasar…Usted como autoridad tendrá que hacer algo de todos modos. Lo invito a inspeccionar ahora mismo ese salón de fiestas, y le exijo que me diga cuál es mi derecho…
Tiré la colilla del cigarro al suelo, sin intención. La autoridad bajó la vista al suelo y luego me miró a los ojos, con intención de reclamarme. Que me reclame, pensé, le ofreceré respetar la legalidad, yo levantaré la colilla y él que vaya a inspeccionar el salón de fiestas. Me adivinó el pensamiento y no se atrevió. Es posible que el también haya visto una escena similar en una película protagonizada por Sharon Stone. A los pocos minutos me pusieron al habla con su superior, a través de un celular.
-Mire, me dijo, si hacemos la inspección hoy, no habrá más alternativa que clausurarlo porque opera sin permiso. Les permití operar hoy, solo hoy, porque el salón ya estaba contratado. Usted comprenderá que para clausurar un salón en plena fiesta hace falta hacer todo un operativo. Le propongo algo: No movilice a los vecinos ni bloquee la vialidad; me comprometo a que mi ayudante le entregue copia del oficio en el que negamos la solicitud de operar ese salón de fiestas. Dije que sí, que aceptaba el trato, y se cayó la llamada.
-Hice un trato con el licenciado tal, le dije al representante de la autoridad. Déme el oficio…
-No sé si esté abierta la oficina…
-Le repito que hice un trato con su jefe. Déme el oficio…
Pasamos a la Dirección de Gobierno, la antesala vacía, y entramos a un cubículo lleno de papeles. Ahí estaba todo el expediente. Mi carta de denuncia, la solicitud de los del salón, el oficio con la negativa… Es este, le dije. Vamos a sacarle la fotocopia que me prometió el licenciado. La autoridad dijo desconocer esa parte del trato con su superior, porque en efecto, se había caído la llamada. -Le propongo otro trato a Usted, le dije: Hacemos la fotocopia, la metemos en un sobre lacrado, y una vez que confirme con su superior, yo abro el sobre, para lo que proceda.
Ahí tengo el sobre lacrado. Cuando lo abra sacaré cuarenta copias, una para cada vecino, con mis atentos saludos. ¿Podrá la autoridad tolerar otra fiesta, habiendo un oficio firmado por el mismísimo Director de Gobierno Municipal? Pienso que no. Salón de fiestas, RIP.
–Vamos a disfrutar la música, le dije a mi vecino Eduardo, hoy, que es la última ocasión que nos la ponen gratis. Paramos a comprar cervezas. Los niveles punzantes de la música dejaron de doler.
EPÍLOGO
Me presenté en la Dirección de Gobierno seis días después. Me recibió el superior. Me explicó brevemente la demora en proceder en contra del salón de fiestas…no argumenté salvo para preguntar si podía abrir el sobre lacrado, y lo que habría que hacer en caso de que reincidieran. –Acá está mi número de celular, si observa movimientos me avisa, es preferible parar un evento antes de que lo hagan…cuando están los invitados adentro se dificulta…
Mi siesta, la recuerdo apacible, la interrumió el celular: Era el vecino. -Eduardo, no puede ser… Salí y en efecto, estaba el evento en marcha, a un volumen mas que razonable, pero de que había evento, lo había.
–Licenciado, no pensé que tendría que hablarle tan pronto, abrí mi sobre…
-Y qué? me interrumpió.
–Que por lo visto la señora Cristina no ha abierto el suyo… Tenemos evento.
-¿Hoy?
-Sí, hoy.
Era el festejo de fin de año de una empresa refresquera. Mandé al chofer a comprar el periódico del día y minutos después lo retraté con el salón de eventos como telón de fondo. Pasé al jardín de mi vecino –Alcides, no van a venir, son unos corruptos-, -te equivocas Eduardo, tienen que venir, el oficio trae escudo y firma, prohíbe cualquier tipo de evento, no pueden dejar pisotear su autoridad de esa manera… Nos interrumpió su esposa, que los señores de Gobierno ya estaban ahí.
–Clausuramos el evento. Asómense y vean…
No había automóviles, no había personas, no había música, no había nada. Sería porque fue en viernes, o porque los invitados aún no bebían, o no sé por qué causa, pero el desalojo del salón fue rápido y hasta donde supe, fácil. A diferencia de hace seis días, no diré SALÓN DE FIESTAS R.I.P. No, mientras haya gente en México como la señora Cristina…
El Epílogo no lleva dedicatoria:
María Caridad se pasó de terca.
¿A la sociedad civil? A esa menos…
la señora Cristina también es ciudadana.





