Me tomé la libertad de transcribir aquí su poema. Si tuviese un inconveniente lo retiro, faltaba más. Mire, yo he ido varias veces a Cuba, y he escuchado mil diálogos de la gente de allá, sobre lo que pasaría cuando muera Fidel. Que si se volverían ricos, que si les irá peor, que si perderán sus servicios de salud, que si tendrán libertad para hablar mierda de los dirigentes, etc. Usted resume esos diálogos en un solo poema. Por eso admiro a los poetas, porque saben decir lo que los demás quisiéramos decir.
Vea mi pobre México, tanto hablar de democracia, tanto hablar del día en que perdiese el PRI, que llevaba setenta años gobernando, y nada cambia, todo sigue igual. Hace 8 años que perdió el PRI, y ni me siento más libre, ni siento que el país avance, ni que le bajen a la corrupción, ni veo que los niños pobres de México tengan ahora escuela y caramelo, como dice Usted. Hace 2 años que vivimos la campaña presidencial mas reñida de la historia, pero también la más sucia, la más demagógica...Un día, al volver de Cuba, me di cuenta, que nuestro gobierno democrático de Vicente Fox, y lo mismo ahora con Felipe Calderón, sacaba en televisión igual ó mas propaganda política que el mismísimo Fidel Castro. Entonces dejé de ver televisión.
Me dejó Usted muy pensativo, don Patricio, ¿será que en verdad tener un poco de esperanza sea señal de estupidez?
jueves, 28 de febrero de 2008
martes, 26 de febrero de 2008
Cuando Muera Fidel, por Patricio X. Maya Solís
En el blog de Oppenheimer, 20 de febrero 2008, apareció este comentario. Estremecedor.
Cuando Muera Fidel
Patricio X. Maya Solís
Cuando muera Fidel vendrán los reyes de todos los reinos y establecerán ministerios filantrópicos en Bolivia y Haití. Cuando muera Fidel se restablecerá la Gran Colombia. Cuando muera Fidel daremos el salto al primer mundo (que más que un salto será un pasito de Tango o de Cumbia). Cuando muera Fidel algunos cubanos de Miami pedirán prestamos al Federal Reserve Bank e inaugurarán burdeles e iglesias en el malecón de la Habana. Cuando muera Fidel, Chávez erigirá un monumento de tabaco y brea más alto que la estatua de la libertad. Cuando muera Fidel repavimentarán la calle 8. Cuando muera Fidel volarán los burros, cantarán los oligarcas y se cagarán los que se tienen que cagar (ustedes saben quienes son). Cuando muera Fidel estaremos tristes. Cuando muera Fidel haremos fiesta y nos emborracharemos y diremos un discurso y fundaremos partidos. Cuando muera Fidel marcharemos por las calles casi por costumbre. Cuando muera Fidel abrirá un McDonald’s en Guanabacoa mientras Gabo… ¿qué hará Gabo? Algo hará (y también los artistas; los revolucionarios artistuchos latinoamericanos). Pero insisto: ¿Que hará Don Gabo? No lo sé. Lo que sé es que Vargas Llosa se lanzará de nuevo a la presidencia del Perú y ganará. Cuando muera Fidel quedará un vacío; como diría un Nerudiano: un pecho cóncavo en el epicentro de nuestro continente. Más claramente: huellas de un tumor extirpado. Cuando muera Fidel caerá la Unión Soviética y los pobres niños de la pobre América Latina seguirán con hambre, sin escuela ni caramelo. Cuando muera Fidel algunos no se darán por enterados. Otros irán al entierro, besarán el féretro, y ayunarán tres días. Los más audaces, irán a las cárceles y libertarán a poetas, ladrones y homosexuales. Cuando muera Fidel todos moriremos. Cuando muera Fidel subirá la bolsa de valores y bajarán de precio los llaveros y las camisetas del apuesto Che. Nacerá una nueva empresa de marketing con base en Tokio y alcance global. ¿Y todos esos murciélagos? ¿Qué harán todos esos murciélagos? ¿Se irán a Venezuela acaso? ¿O se irán a Irán? God knows. Cuando muera Fidel nacerá un partido que será el mismo partido con el mismo propósito: naranjas. Cuando muera Fidel bailarán los negros de Cuba pero los negros en Cuba siempre han bailado. Cuando muera Fidel no pocos italianos y españoles se quedarán sin arena, coco, o ramera. El fantasma de Franco dará un suspiro—si es que no un aullido—que estremecerá a toda la península. Cuando muera Fidel San Pedro estará sospechosamente de vacaciones y la culpa, como siempre, se la llevará un subalterno. Cuando muera Fidel morirá Fidel (pero resucitará al tercer día). Cuando muera Fidel nacerá Fidel—y acaso Bolívar, Atahualpa, y hasta Hitler. Cuando muera Fidel se acabará la esperanza. Mejor: por estos rumbos la esperanza suele ser síntoma de morbo o de suma estupidez.
domingo, 21 de octubre de 2007
martes, 16 de octubre de 2007
EL COMUNISMO DEL CHE GUEVARA: UN TRÍO TOMANDO RON
EL COMUNISMO DEL CHE GUEVARA: UN TRÍO TOMANDO RON
Ya sé que mis amigos cubanos me dirían que deje de estar “escribiendo mierda” y que me dedique a algo más divertido. Ni modo, me ha resurgido la necesidad de escribir, y tengo que echar mano de lo que he visto y vivido. No tengo la imaginación para estar inventando cosas, como los novelistas, ni un mundo interior que relatarles, como los místicos.
Estábamos en casa de mi médico: El, un colega suyo y un servidor, tomando ron. Se destapa la botella, se tiran unas gotitas al suelo “para los santos…a ellos también les gusta beber” y luego se sirven los vasos, sin hielos ni Coca-Cola. Me gusta polemizar. A mi médico igual. Por esa causa ha tenido problemas con el sistema. En cambio a su colega no. El siempre nos da los puntos de vista oficiales con gran exactitud. Por eso me refiero a él como el Colega Oficialista.
-¿Cómo puede ser que tenga un mejor nivel de vida un portero de hotel que un médico reconocido, como Ustedes? El portero recibe propinas en dólares o euros, mientras que el científico cobra en pesos cubanos, que no alcanzan para nada? No era una pregunta; mas bien traté de hacer una provocación. Soy así.
El Colega Oficialista me dio la explicación: Hay que tomar en cuenta la diferencia entre el salario real y el nominal. El salario monetario es casi insignificante, reconoció: El director de un hospital de especialidades gana alrededor de veinte dólares mensuales. Pero enfatizó que todo trabajador tiene derecho a una tarjeta que le permite adquirir una canasta de productos básicos a precios subsidiados que incluye arroz, frijoles, azúcar, aceite, café, papel de baño, dentífrico…
Interrumpió mi médico, no sin antes solicitar que rellenara los vasos de ron: - Y cuanto pollo te dan? Y dirigiéndose a mi me contó que según él, la realidad de hoy no es muy diferente a la de hace unos diez años cuando la entonces URSS (o CCCP) comenzó a reducir sus ayudas a Cuba. Las siglas de la identidad soviética se leían como: 'Cuando Carajos Comeremos Pollo'. Debatieron un poco y concluyeron que en el país no se padece ni hambre ni desnutrición, pero están ganando terreno los problemas gastro-intestinales por las malas dietas y los padecimientos asociados con el nivel de stress.
–Porque vivir en Cuba no es fácil. Las preocupaciones de un cubano no las tiene nadie en ningún otro país.
-Sí, como cuáles? –Mi mujer está desesperada porque quiere que la lleve al Centro a buscar papel higiénico, porque el de la ración ya se acabó, y ni pagando con divisas encontramos rollos en las tiendas de por acá. Mañana antes de ir al hospital, tendré que ir a buscar a Orlandito, el mecánico. Hoy nos pasamos la tarde adaptándole al Lada un carburador de un Fiat. Quedó de maravilla- me dijo orgulloso el médico. – Pero llevamos dos semanas y no conseguimos las bujías.
Noté en su rostro cierta resignación.
Intervino el Colega Oficialista, dirigiéndose al médico: –Eso te pasa a ti porque tienes carro. Es que tú no te conformas; aquí el carro es un lujo y no una necesidad, dijo. Es eso miró el reloj y dijo: -Ya es tarde, lo mejor es que me lleven a mi casa, ya saben que yo no tengo carro.
También noté en su rostro cierta resignación.
Después de haber dejado al Colega Oficialista en su bloque habitacional, le pregunté al médico, que por qué el si tenía carro y su Colega Oficialista no. Y también, como era posible que, si su colega tenía un rango mayor que él, el viviera en un departamento tan pequeño y mi médico, en una casa amplia de dos plantas. Esa noche, solo dio tiempo para la respuesta del carro. Su Colega Oficialista tenía derecho a un carro, porque había ido como médico en el ejército que fue a luchar a Angola. –Y por qué no se lo dieron? –Pues porque no hay. Llegamos a casa del médico y no pregunté más.
Antes de irme para mi alojamiento, pasé a La Macumba a tomar cerveza y escuchar música. También, a buscar “artículos para caballero”. Conocí a Yadiria y me la llevé. Entre noches de placer y días de playa, me fui enterando un poco mas de la realidad cubana.
En la siguiente ocasión que nos pusimos a tomar ron el médico, el Colega Oficialista y yo, procuré meterme en temas menos escabrosos. Comenté que cuando iba para Cienfuegos, al Oriente de La Habana, después de recorrer dos horas a 140 km/hora, llegué a Pinar del Río, la ciudad más occidental de toda la isla. Había tomado la Autopista Central en la dirección equivocada. En las carreteras cubanas casi no hay señalizaciones de tránsito. El Colega Oficialista lo atribuyó al huracán más reciente, que las habría derribado.
–Si, será eso, pero por qué el huracán no derribó los carteles gigantes a lo largo de la vía: Patria ó Muerte, Venceremos; Libertad a Nuestros Héroes; Somos Invencibles, No Pasarán; La Batalla son las Ideas; y otras por el estilo? Mi amigo, que no pierde su sentido del humor, me dijo: -Los huracanas en Cuba también son socialistas!
Mi médico, a parte de ser médico, es pintor. Es un dote que todos le apreciamos. De manera casual nos comentó que venía cansado, pues estuvo pintando motivos navideños en las paredes del hospital. Es el tipo de trabajo voluntario que debe hacerse. Cada quien según sus aptitudes y sus posibilidades. Serví la nueva ronda de ron. Imitándolos, tiré un chorro de ron al suelo. –No tanto, que los Santos se pueden emborrachar. A los cubanos les gusta el vacilón pero el desperdicio, no.
Algo cruzó por la mente del médico y su humor cambió. -Es lo que yo no entiendo. Si se trata de ser médico, soy el mejor médico. Si se trata del trabajo voluntario, hago trabajo voluntario. Con tres pastores y dos santocloses que hubiera pintado no habría tenido problemas. Pero pinté toda la pared. Por qué me tienen jodido?
El Colega Oficialista le explicó lo que el médico ya sabía de sobra. –El Director del Hospital te tiene bloqueado. Mientras él no se vaya, tú seguirás así. “Así” significaba que seguiría adscrito al bloque de los pacientes cubanos, alejado de los pacientes internacionales, que son los que podrían darle alguna propina, o mejor dicho, un estímulo en divisas. En el fondo, el problema del médico es que había traspasado las reglas no escritas del sistema, esas que no se ven, pero se deben intuir o adivinar. Un magnate de la televisión venezolana que padecía una grave enfermedad había solicitado directamente sus servicios, moviendo sus influencias, directamente con algún miembro del Consejo de Estado. Fue a Caracas a darle tratamiento, estuvo como dos meses allá, y al regresar, enfrentó la furia del Director del Hospital por no haber sido consultado. En la entrevista que sostuvieron, el tono fue bastante cordial, aunque las miradas no lo han de haber sido tanto.
–Como eres nuestro especialista más destacado, ahora te encomendaremos que te dediques cien por ciento a curar a los pacientes cubanos, que como tú entiendes, son nuestra prioridad. Nada podía decirse ante la solidez del argumento del Director del Hospital. El médico todavía tenía la duda de que si el castigo que le habían impuesto se debía al asunto del magnate venezolano, o a una intervención suya en el Comité del Partido Comunista, sección hospital, donde argumentó que no era buena idea que las enfermeras destinaran un día laboral a cortar el césped del Hospital como parte de su trabajo voluntario, en lugar de recibir cursos de capacitación e instruirse más.
Nos acabamos esa botella de ron discutiendo sobre la Segunda Guerra Mundial. Para mí, era obvio que el Tercer Reich cayó cuando Alemania se vio forzado a luchar en dos frentes. El médico, esta vez muy de acuerdo con el Colega Oficialista, sostenían que el Frente Occidental había sido prácticamente cosmético… y que los EUA habían entrado a una guerra que ya tenía completamente ganada el Ejército Rojo con el General Zukov.
Una botella de Ron Havana 7 Años Añejo no es nada para tres personas que les gusta beber, compartir y discutir. Salió el tema favorito mío, y de mi médico. Tema que en principio no es del agrado del Colega Oficialista: Las jineteras.
–Préstame la cámara, me dijo. Siempre le gusta mirar con qué muchacha estuve la noche anterior. Porque tengo la mala costumbre de retratarlas antes o después de hacer el amor. Con unas convivo más que con otras. Con las que menos, ya se imaginarán: Lo que el cuerpo aguante. Con la que más, una hermosa rubia de la provincia de Holguín: Toda una semana.
-Para qué ponen tanto énfasis aquí en la educación? pregunté, con bríos renovados para polemizar, porque yo soy así. Les conté que las lecturas favoritas de Yadiria, sicóloga titulada, son novelitas de amor y cuentos de monitos. En el barrio popular de Guanabacoa, se los rentan por día por unos cuantos pesos cubanos y si tarda en devolverlos, el propietario le cobra multa porque siempre hay lista de espera. Lo que más gusta son monitos pornográficos hechos en México con títulos tales como 'Gemelas Insaciables' y otros por el estilo.
–La culpa no es de Cuba, sino la mierda que llega de tu país, me dijo el Colega Oficialista. Seguí con mi alegato después de la imprevista interrupción. Por lo general a mi y al médico nos gusta hablar cuando nos da la gana, pero al Colega Oficialista no. El prefiere pedir el uso de la palabra y por lo mismo habla poco: Nunca se la damos.
Les di la razón cuando hablaron del sistema educativo. Reconocí que efectivamente, Yadiria podría concentrarse en lecturas de calidad. Desde niña conoció las principales obras de Hemingway, Marti, Fidel y El Che, pero encuentra la oferta literaria a su alcance nada atractiva y poco diversificada.
–Si ella quisiera, iría a una biblioteca pública! Me interrumpió de nuevo, ya saben quien.
Terminé como mejor pude mi argumento: -Pobre Yadiria…cómo quieren que vaya a la biblioteca…la guagua no pasa nunca…el kiosco de periódicos y revistas es algo que en Cuba no existe ni como concepto… El Granma, de no más de cuatro o cinco pliegos, llena sus páginas con apologías de los logros de la Revolución…
Ahora sí que los dos me alegaron con igual pasión. ¿Qué cosas tan importantes leen en el diario en tu país? Qué si Fo ó que si Fa (así pronunciaban ellos el apellido del Presidente Fox)…Yo he charlado con muchos mexicanos, y en cualquier tema, tienen menos cultura que nosotros los cubanos…No saben de la pobreza en su país porque no sale en el Canal de las Estrellas…Ni de las prostitutas que hay allá…Habrá muchos periódicos pero leen pura mierda…(entre mas bebíamos, mas se usaba esa palabra)…Y habrá muchos libros allá, pero quien los lee?
Medio borracho, ya no sabía si la andanada venía del médico o del Colega Oficialista. Sentí que me agarraron en curva. No quise decir que en México hay muchas clases sociales, que unos leen y otros no, porque me hubieran salido de inmediato con el tema de la justicia social. Alcancé a balbucear tan solo que todo era cuestión de libertad. –Cuál libertad tiene tu empleado, el que vino la vez pasada para acá contigo? La libertad de trabajar todo el día y comer mierda…La libertad de votar por Fo ó por Fa para que todo en México siga igual… Nuevamente se lanzaron a la carga con el mismo tema (lógico, también ellos habían bebido). Tampoco sé si fue en esa plática, o en otra, en que me hablaron de las ventajas de la cobertura universal de la salud.
Como en toda borrachera, temas van, temas vienen, y temas regresan. Seguramente que esa velada terminó como muchas otras con las autorizadas disertaciones de mi médico sobre el complejísimo arte de templar…que significa hacer el amor para quienes desconozcan el término…y dejar bien complacida a la “geva” para que ruga por más. No son disertaciones doctas. Más bien relatos de sus experiencias, narrados con gestos y ruidos diversos y tan graciosamente contados que hasta el Colega Oficialista suelta espontáneas y sonoras carcajadas.
Se volvió a hacer de madrugada. El médico llevaría al Colega Oficialista a su casa, no yo, como de costumbre. El Lada se negó a arrancar. Comenzó a despotricar: No hay jugada! En este país no hay jugada! Lo tienen a uno machucado. Coooño!
Me dirigí al Colega Oficialista: -El socialismo de mi médico está en función del estado que guarde el Lada! Se montó al Peugeot y lo llevé yo.
Ya sé que mis amigos cubanos me dirían que deje de estar “escribiendo mierda” y que me dedique a algo más divertido. Ni modo, me ha resurgido la necesidad de escribir, y tengo que echar mano de lo que he visto y vivido. No tengo la imaginación para estar inventando cosas, como los novelistas, ni un mundo interior que relatarles, como los místicos.
Estábamos en casa de mi médico: El, un colega suyo y un servidor, tomando ron. Se destapa la botella, se tiran unas gotitas al suelo “para los santos…a ellos también les gusta beber” y luego se sirven los vasos, sin hielos ni Coca-Cola. Me gusta polemizar. A mi médico igual. Por esa causa ha tenido problemas con el sistema. En cambio a su colega no. El siempre nos da los puntos de vista oficiales con gran exactitud. Por eso me refiero a él como el Colega Oficialista.
-¿Cómo puede ser que tenga un mejor nivel de vida un portero de hotel que un médico reconocido, como Ustedes? El portero recibe propinas en dólares o euros, mientras que el científico cobra en pesos cubanos, que no alcanzan para nada? No era una pregunta; mas bien traté de hacer una provocación. Soy así.
El Colega Oficialista me dio la explicación: Hay que tomar en cuenta la diferencia entre el salario real y el nominal. El salario monetario es casi insignificante, reconoció: El director de un hospital de especialidades gana alrededor de veinte dólares mensuales. Pero enfatizó que todo trabajador tiene derecho a una tarjeta que le permite adquirir una canasta de productos básicos a precios subsidiados que incluye arroz, frijoles, azúcar, aceite, café, papel de baño, dentífrico…
Interrumpió mi médico, no sin antes solicitar que rellenara los vasos de ron: - Y cuanto pollo te dan? Y dirigiéndose a mi me contó que según él, la realidad de hoy no es muy diferente a la de hace unos diez años cuando la entonces URSS (o CCCP) comenzó a reducir sus ayudas a Cuba. Las siglas de la identidad soviética se leían como: 'Cuando Carajos Comeremos Pollo'. Debatieron un poco y concluyeron que en el país no se padece ni hambre ni desnutrición, pero están ganando terreno los problemas gastro-intestinales por las malas dietas y los padecimientos asociados con el nivel de stress.
–Porque vivir en Cuba no es fácil. Las preocupaciones de un cubano no las tiene nadie en ningún otro país.
-Sí, como cuáles? –Mi mujer está desesperada porque quiere que la lleve al Centro a buscar papel higiénico, porque el de la ración ya se acabó, y ni pagando con divisas encontramos rollos en las tiendas de por acá. Mañana antes de ir al hospital, tendré que ir a buscar a Orlandito, el mecánico. Hoy nos pasamos la tarde adaptándole al Lada un carburador de un Fiat. Quedó de maravilla- me dijo orgulloso el médico. – Pero llevamos dos semanas y no conseguimos las bujías.
Noté en su rostro cierta resignación.
Intervino el Colega Oficialista, dirigiéndose al médico: –Eso te pasa a ti porque tienes carro. Es que tú no te conformas; aquí el carro es un lujo y no una necesidad, dijo. Es eso miró el reloj y dijo: -Ya es tarde, lo mejor es que me lleven a mi casa, ya saben que yo no tengo carro.
También noté en su rostro cierta resignación.
Después de haber dejado al Colega Oficialista en su bloque habitacional, le pregunté al médico, que por qué el si tenía carro y su Colega Oficialista no. Y también, como era posible que, si su colega tenía un rango mayor que él, el viviera en un departamento tan pequeño y mi médico, en una casa amplia de dos plantas. Esa noche, solo dio tiempo para la respuesta del carro. Su Colega Oficialista tenía derecho a un carro, porque había ido como médico en el ejército que fue a luchar a Angola. –Y por qué no se lo dieron? –Pues porque no hay. Llegamos a casa del médico y no pregunté más.
Antes de irme para mi alojamiento, pasé a La Macumba a tomar cerveza y escuchar música. También, a buscar “artículos para caballero”. Conocí a Yadiria y me la llevé. Entre noches de placer y días de playa, me fui enterando un poco mas de la realidad cubana.
En la siguiente ocasión que nos pusimos a tomar ron el médico, el Colega Oficialista y yo, procuré meterme en temas menos escabrosos. Comenté que cuando iba para Cienfuegos, al Oriente de La Habana, después de recorrer dos horas a 140 km/hora, llegué a Pinar del Río, la ciudad más occidental de toda la isla. Había tomado la Autopista Central en la dirección equivocada. En las carreteras cubanas casi no hay señalizaciones de tránsito. El Colega Oficialista lo atribuyó al huracán más reciente, que las habría derribado.
–Si, será eso, pero por qué el huracán no derribó los carteles gigantes a lo largo de la vía: Patria ó Muerte, Venceremos; Libertad a Nuestros Héroes; Somos Invencibles, No Pasarán; La Batalla son las Ideas; y otras por el estilo? Mi amigo, que no pierde su sentido del humor, me dijo: -Los huracanas en Cuba también son socialistas!
Mi médico, a parte de ser médico, es pintor. Es un dote que todos le apreciamos. De manera casual nos comentó que venía cansado, pues estuvo pintando motivos navideños en las paredes del hospital. Es el tipo de trabajo voluntario que debe hacerse. Cada quien según sus aptitudes y sus posibilidades. Serví la nueva ronda de ron. Imitándolos, tiré un chorro de ron al suelo. –No tanto, que los Santos se pueden emborrachar. A los cubanos les gusta el vacilón pero el desperdicio, no.
Algo cruzó por la mente del médico y su humor cambió. -Es lo que yo no entiendo. Si se trata de ser médico, soy el mejor médico. Si se trata del trabajo voluntario, hago trabajo voluntario. Con tres pastores y dos santocloses que hubiera pintado no habría tenido problemas. Pero pinté toda la pared. Por qué me tienen jodido?
El Colega Oficialista le explicó lo que el médico ya sabía de sobra. –El Director del Hospital te tiene bloqueado. Mientras él no se vaya, tú seguirás así. “Así” significaba que seguiría adscrito al bloque de los pacientes cubanos, alejado de los pacientes internacionales, que son los que podrían darle alguna propina, o mejor dicho, un estímulo en divisas. En el fondo, el problema del médico es que había traspasado las reglas no escritas del sistema, esas que no se ven, pero se deben intuir o adivinar. Un magnate de la televisión venezolana que padecía una grave enfermedad había solicitado directamente sus servicios, moviendo sus influencias, directamente con algún miembro del Consejo de Estado. Fue a Caracas a darle tratamiento, estuvo como dos meses allá, y al regresar, enfrentó la furia del Director del Hospital por no haber sido consultado. En la entrevista que sostuvieron, el tono fue bastante cordial, aunque las miradas no lo han de haber sido tanto.
–Como eres nuestro especialista más destacado, ahora te encomendaremos que te dediques cien por ciento a curar a los pacientes cubanos, que como tú entiendes, son nuestra prioridad. Nada podía decirse ante la solidez del argumento del Director del Hospital. El médico todavía tenía la duda de que si el castigo que le habían impuesto se debía al asunto del magnate venezolano, o a una intervención suya en el Comité del Partido Comunista, sección hospital, donde argumentó que no era buena idea que las enfermeras destinaran un día laboral a cortar el césped del Hospital como parte de su trabajo voluntario, en lugar de recibir cursos de capacitación e instruirse más.
Nos acabamos esa botella de ron discutiendo sobre la Segunda Guerra Mundial. Para mí, era obvio que el Tercer Reich cayó cuando Alemania se vio forzado a luchar en dos frentes. El médico, esta vez muy de acuerdo con el Colega Oficialista, sostenían que el Frente Occidental había sido prácticamente cosmético… y que los EUA habían entrado a una guerra que ya tenía completamente ganada el Ejército Rojo con el General Zukov.
Una botella de Ron Havana 7 Años Añejo no es nada para tres personas que les gusta beber, compartir y discutir. Salió el tema favorito mío, y de mi médico. Tema que en principio no es del agrado del Colega Oficialista: Las jineteras.
–Préstame la cámara, me dijo. Siempre le gusta mirar con qué muchacha estuve la noche anterior. Porque tengo la mala costumbre de retratarlas antes o después de hacer el amor. Con unas convivo más que con otras. Con las que menos, ya se imaginarán: Lo que el cuerpo aguante. Con la que más, una hermosa rubia de la provincia de Holguín: Toda una semana.
-Para qué ponen tanto énfasis aquí en la educación? pregunté, con bríos renovados para polemizar, porque yo soy así. Les conté que las lecturas favoritas de Yadiria, sicóloga titulada, son novelitas de amor y cuentos de monitos. En el barrio popular de Guanabacoa, se los rentan por día por unos cuantos pesos cubanos y si tarda en devolverlos, el propietario le cobra multa porque siempre hay lista de espera. Lo que más gusta son monitos pornográficos hechos en México con títulos tales como 'Gemelas Insaciables' y otros por el estilo.
–La culpa no es de Cuba, sino la mierda que llega de tu país, me dijo el Colega Oficialista. Seguí con mi alegato después de la imprevista interrupción. Por lo general a mi y al médico nos gusta hablar cuando nos da la gana, pero al Colega Oficialista no. El prefiere pedir el uso de la palabra y por lo mismo habla poco: Nunca se la damos.
Les di la razón cuando hablaron del sistema educativo. Reconocí que efectivamente, Yadiria podría concentrarse en lecturas de calidad. Desde niña conoció las principales obras de Hemingway, Marti, Fidel y El Che, pero encuentra la oferta literaria a su alcance nada atractiva y poco diversificada.
–Si ella quisiera, iría a una biblioteca pública! Me interrumpió de nuevo, ya saben quien.
Terminé como mejor pude mi argumento: -Pobre Yadiria…cómo quieren que vaya a la biblioteca…la guagua no pasa nunca…el kiosco de periódicos y revistas es algo que en Cuba no existe ni como concepto… El Granma, de no más de cuatro o cinco pliegos, llena sus páginas con apologías de los logros de la Revolución…
Ahora sí que los dos me alegaron con igual pasión. ¿Qué cosas tan importantes leen en el diario en tu país? Qué si Fo ó que si Fa (así pronunciaban ellos el apellido del Presidente Fox)…Yo he charlado con muchos mexicanos, y en cualquier tema, tienen menos cultura que nosotros los cubanos…No saben de la pobreza en su país porque no sale en el Canal de las Estrellas…Ni de las prostitutas que hay allá…Habrá muchos periódicos pero leen pura mierda…(entre mas bebíamos, mas se usaba esa palabra)…Y habrá muchos libros allá, pero quien los lee?
Medio borracho, ya no sabía si la andanada venía del médico o del Colega Oficialista. Sentí que me agarraron en curva. No quise decir que en México hay muchas clases sociales, que unos leen y otros no, porque me hubieran salido de inmediato con el tema de la justicia social. Alcancé a balbucear tan solo que todo era cuestión de libertad. –Cuál libertad tiene tu empleado, el que vino la vez pasada para acá contigo? La libertad de trabajar todo el día y comer mierda…La libertad de votar por Fo ó por Fa para que todo en México siga igual… Nuevamente se lanzaron a la carga con el mismo tema (lógico, también ellos habían bebido). Tampoco sé si fue en esa plática, o en otra, en que me hablaron de las ventajas de la cobertura universal de la salud.
Como en toda borrachera, temas van, temas vienen, y temas regresan. Seguramente que esa velada terminó como muchas otras con las autorizadas disertaciones de mi médico sobre el complejísimo arte de templar…que significa hacer el amor para quienes desconozcan el término…y dejar bien complacida a la “geva” para que ruga por más. No son disertaciones doctas. Más bien relatos de sus experiencias, narrados con gestos y ruidos diversos y tan graciosamente contados que hasta el Colega Oficialista suelta espontáneas y sonoras carcajadas.
Se volvió a hacer de madrugada. El médico llevaría al Colega Oficialista a su casa, no yo, como de costumbre. El Lada se negó a arrancar. Comenzó a despotricar: No hay jugada! En este país no hay jugada! Lo tienen a uno machucado. Coooño!
Me dirigí al Colega Oficialista: -El socialismo de mi médico está en función del estado que guarde el Lada! Se montó al Peugeot y lo llevé yo.
domingo, 7 de octubre de 2007
EL COMUNISMO DEL CHE GUEVARA: EL YUMA DE EVITA
EL YUMA DE EVITA
Vine a esta ciudad de La Habana por primera vez hace ocho años. La ciudad ha cambiado poco. Lo más notorio es el número de vehículos circulando por las calles, y una mayor abundancia de carros de modelos recientes con respecto a los carros americanos de los años cincuenta, emblemáticos de la ciudad. Sigue siendo un flujo al que no se le puede llamar tráfico, viniendo de México. En apariencia, la gente vive igual. Los niños y las niñas de los primeros grados siguen con sus uniformes rojos; los de grados intermedios con sus uniformes amarillos; y los de las carreras terminales, profesionales ó técnicas, con uniformes color azul ó carmelita. Este último significa marrón. Se ven más unidades de transporte público, pero pedir “botella”, que significa aventón, sigue siendo un medio muy socorrido.
Hoy le di botella a Iris, que vestía una saya color carmelita, es decir, falda marrón muy cortita, no más larga que lo estrictamente indispensable. Hace ocho años le di botella a una muchacha muy parecida físicamente. Llamémosla Leidis. En aquel tiempo habría usado una saya carmelita como la de Iris, y hoy tal vez use el uniforme de alguna empresa: Traje sastre con camisa blanca, medias y zapatos de tacón. Hace ocho años, Iris habrá usado una saya roja, ya que la amarilla no se usa más que seis. Más sencillamente expresado: Iris, que hoy tiene 19 años, en aquel tiempo tenía once. Pude habérmela topado en la Plaza de Armas; ella podría haber ido junto con un grupo de colegialas a conocer el Museo Nacional, y yo, pude haber estado en la terraza de algún café.
Al igual que el Malecón, la gente no ha cambiado, como lo ilustra la similitud entre Iris y Leidis, al momento en el que yo las conocí. Pero en realidad, cambiaron mucho las dos, y no sólo en el color de la saya. En el caso concreto de Iris, pasó de 11 a 19 años, lapso en el cual tuvo una primera convivencia conyugal durante la cual nació Evita, se separó, se juntó con otro muchacho, y nació la bebé que ahora tiene tres meses. El papá de Evita quiere quitarle sus apellidos porque no se los merece, dice, y el papá de la bebé, que no es el mismo que el de Evita, ni siquiera se enteró de su nacimiento. Leidis pasó de 19 a 27 años.
Si Iris tuvo tiempo de vivir todos estos acontecimientos, con mayor razón Leidis. Estará en lo suyo, como ama de casa, resolviendo las dificultades de la vida diaria, ó incorporada en algún “centro de trabajo”, que puede ser empresa, fábrica ó oficina pública. Un cambio radical en su vida solo podría consistir en que haya emigrado ilegal ó legalmente. Lo primero, como balsera, lo cual constituiría una odisea, ó lo segundo, como esposa de algún extranjero que se la haya llevado.
En cierta forma yo no he cambiado. Sigo siendo un señor que va manejando un carro con chapa roja, es decir, con placa de turista, que usa una gorra biesbolera, y lentes oscuros. Lo mismo que hice con Leidis hace ocho años, subirla, traerla a mi habitación y hacerle el amor, lo haré con Iris. Ahora tengo más canas, menos pelo, y estoy un poco más barrigón.
No hay muchas cosas que tenga yo en común con Iris, y muy pocos temas sobre los que podamos conversar. Hay uno que por lo general desemboca en una plática fluida y muy dinámica. Es más o menos así: - Oye, tu tienes el pelo ondulado. Viene de parte de madre ó de parte de padre? La muchacha se anima de inmediato y comienza a dar detalles raciales de sus antecesores: - Mi madre es de piel blanca como yo; pero tiene el pelo rubio. Lo tiene chino –lo que significa que lo tiene lacio, como la gente del país llamado China. En cambio mi padre tiene el cabello ondulado, pero no lo tiene malo. Así que yo tengo el pelo bueno por parte de madre y el color trigueño viene de parte de padre. Para que se entienda, el “pelo malo” corresponde al cabello propio de la raza negra. Cuando se refieren a que el cabello de alguien es “malísimo, “no tan malo” ó “un poco bueno”, nada más es cuestión de grado, pero la muchacha procura llegar a la descripción más detallada posible. –El cabello no es malo, pero es ondulado, son rizos pequeñitos, pero no tan pequeñitos como los de un mulato. Si el hermanito de Iris, por decir de padre, pero no de madre, tiene características raciales diferentes a las de ella, la plática se puede extender más, para abarcar cuestiones tales como si los labios son gruesos, ó si son más bien carnositos; si tiene pocas pecas en la espalda y muchas en la cara, que vienen del abuelo; si el color de ojos es negro ó carmelita; si la nariz es ancha, pero no chata, ó bien si es afilada, como la del marido de su madre.
Nunca he sabido si estas descripciones físicas tan detalladas son una forma de racismo, ó un reflejo de la diversidad racial de Cuba y la riqueza de sus mezclas. Me parece que es una forma de entretenimiento, de las pocas que hay. Contrario a lo que pudiese pensarse de una ciudad caribeña, la gente de La Habana casi no sale de sus casas por las noches, por la falta de dinero y la falta de transporte. Las horas más hermosas que pasé en la isla fueron al lado de Iris, escuchando y bailando el reggeaton a todo volumen, ella con un ritmo sensacional, en el departamento que alquilé en Playa, cerca de la Rotonda de la Muñeca.
El extranjero no se escapa a los experimentados observadores cubanos de las razas del mundo. Pude percibir que hay dos grupos básicos de extranjeros: Los “yumas” y los demás. El apelativo de yuma tiene alguna raíz etimológica en los “Yunaited Esteits”, de acuerdo a la fonética castellana del nombre en inglés de los Estados Unidos. El prototipo es blanco, ó rubio. Si el extranjero viene de los Estados Unidos pero es negro, no es un yuma, sencillamente es un negro que vino del “Yuma”. Si es blanco y vino de Suiza ó Alemania, es un “yuma” hecho y derecho.
A menor nivel cultural de las personas, aumenta la probabilidad de que piensen de que existe una región del mundo con extraordinarias riquezas llamada “El Yuma”, dónde toda la gente viste bien, tiene dinero a manos llenas, cámaras digitales, celulares y otras maravillas tecnológicas fuera del alcance para la inmensa mayoría de los cubanos. Tratándose de latinoamericanos, es más probable que se hable de un mexicano, venezolano ó colombiano, por haber un mayor conocimiento sobre estos países. Sin embargo no se trata de ninguna deferencia. Iris me dijo un día: La gente de esos países es fea, pero los más feos son los mexicanos y los peruanos. Son como indios, pero feos, con las narices chatas, los pelos parados, barrigoncitos…Yo, físicamente, no tengo el aspecto del mexicano común, por lo cual ha sido motivo de discusión si soy ó no soy un yuma. Todo cubano sabe que la mayoría de los mexicanos somos pobres y tenemos que brincarnos la barda hacia los Estados Unidos, país al que sí se ubican geográficamente dentro de esa masa confusa de los territorios que conforman “El Yuma”.
Dejando de lado las cuestiones conceptuales sobre la extranjería, siempre habrá muchísimas jovencitas que desearán irse con el extranjero para complacerlo a cambio de una propina, ó si se llega a entablar una amistad, a cambio de regalos que puede ser en efectivo, no necesariamente en ropa u otros artículos. Iris no piensa en un empleo formal, por un salario de alrededor de diez dólares mensuales.
Hace ocho años, Leidis no permitió que la llevase hasta la puerta de su casa, para evitar el chismerío del barrio de que fulanita está de jinetera, término cubano que se utiliza en lugar de uno más fuerte que existe en la lengua castellana. Con el paso del tiempo la sociedad ha dejado de juzgarlas con esa severidad. Es frecuente decir que fulanita tiene que “resolver” de alguna manera sus necesidades económicas, y si contribuye al hogar, tanto mejor. Siempre se sospecha de jineterismo de toda muchacha que se vista bien, pero bajarse de un carro de turista, de chapa roja, implica confirmar esas sospechas y Leidis, en aquella ocasión, prefirió evitarlo.
Vine a esta ciudad de La Habana por primera vez hace ocho años. La ciudad ha cambiado poco. Lo más notorio es el número de vehículos circulando por las calles, y una mayor abundancia de carros de modelos recientes con respecto a los carros americanos de los años cincuenta, emblemáticos de la ciudad. Sigue siendo un flujo al que no se le puede llamar tráfico, viniendo de México. En apariencia, la gente vive igual. Los niños y las niñas de los primeros grados siguen con sus uniformes rojos; los de grados intermedios con sus uniformes amarillos; y los de las carreras terminales, profesionales ó técnicas, con uniformes color azul ó carmelita. Este último significa marrón. Se ven más unidades de transporte público, pero pedir “botella”, que significa aventón, sigue siendo un medio muy socorrido.
Hoy le di botella a Iris, que vestía una saya color carmelita, es decir, falda marrón muy cortita, no más larga que lo estrictamente indispensable. Hace ocho años le di botella a una muchacha muy parecida físicamente. Llamémosla Leidis. En aquel tiempo habría usado una saya carmelita como la de Iris, y hoy tal vez use el uniforme de alguna empresa: Traje sastre con camisa blanca, medias y zapatos de tacón. Hace ocho años, Iris habrá usado una saya roja, ya que la amarilla no se usa más que seis. Más sencillamente expresado: Iris, que hoy tiene 19 años, en aquel tiempo tenía once. Pude habérmela topado en la Plaza de Armas; ella podría haber ido junto con un grupo de colegialas a conocer el Museo Nacional, y yo, pude haber estado en la terraza de algún café.
Al igual que el Malecón, la gente no ha cambiado, como lo ilustra la similitud entre Iris y Leidis, al momento en el que yo las conocí. Pero en realidad, cambiaron mucho las dos, y no sólo en el color de la saya. En el caso concreto de Iris, pasó de 11 a 19 años, lapso en el cual tuvo una primera convivencia conyugal durante la cual nació Evita, se separó, se juntó con otro muchacho, y nació la bebé que ahora tiene tres meses. El papá de Evita quiere quitarle sus apellidos porque no se los merece, dice, y el papá de la bebé, que no es el mismo que el de Evita, ni siquiera se enteró de su nacimiento. Leidis pasó de 19 a 27 años.
Si Iris tuvo tiempo de vivir todos estos acontecimientos, con mayor razón Leidis. Estará en lo suyo, como ama de casa, resolviendo las dificultades de la vida diaria, ó incorporada en algún “centro de trabajo”, que puede ser empresa, fábrica ó oficina pública. Un cambio radical en su vida solo podría consistir en que haya emigrado ilegal ó legalmente. Lo primero, como balsera, lo cual constituiría una odisea, ó lo segundo, como esposa de algún extranjero que se la haya llevado.
En cierta forma yo no he cambiado. Sigo siendo un señor que va manejando un carro con chapa roja, es decir, con placa de turista, que usa una gorra biesbolera, y lentes oscuros. Lo mismo que hice con Leidis hace ocho años, subirla, traerla a mi habitación y hacerle el amor, lo haré con Iris. Ahora tengo más canas, menos pelo, y estoy un poco más barrigón.
No hay muchas cosas que tenga yo en común con Iris, y muy pocos temas sobre los que podamos conversar. Hay uno que por lo general desemboca en una plática fluida y muy dinámica. Es más o menos así: - Oye, tu tienes el pelo ondulado. Viene de parte de madre ó de parte de padre? La muchacha se anima de inmediato y comienza a dar detalles raciales de sus antecesores: - Mi madre es de piel blanca como yo; pero tiene el pelo rubio. Lo tiene chino –lo que significa que lo tiene lacio, como la gente del país llamado China. En cambio mi padre tiene el cabello ondulado, pero no lo tiene malo. Así que yo tengo el pelo bueno por parte de madre y el color trigueño viene de parte de padre. Para que se entienda, el “pelo malo” corresponde al cabello propio de la raza negra. Cuando se refieren a que el cabello de alguien es “malísimo, “no tan malo” ó “un poco bueno”, nada más es cuestión de grado, pero la muchacha procura llegar a la descripción más detallada posible. –El cabello no es malo, pero es ondulado, son rizos pequeñitos, pero no tan pequeñitos como los de un mulato. Si el hermanito de Iris, por decir de padre, pero no de madre, tiene características raciales diferentes a las de ella, la plática se puede extender más, para abarcar cuestiones tales como si los labios son gruesos, ó si son más bien carnositos; si tiene pocas pecas en la espalda y muchas en la cara, que vienen del abuelo; si el color de ojos es negro ó carmelita; si la nariz es ancha, pero no chata, ó bien si es afilada, como la del marido de su madre.
Nunca he sabido si estas descripciones físicas tan detalladas son una forma de racismo, ó un reflejo de la diversidad racial de Cuba y la riqueza de sus mezclas. Me parece que es una forma de entretenimiento, de las pocas que hay. Contrario a lo que pudiese pensarse de una ciudad caribeña, la gente de La Habana casi no sale de sus casas por las noches, por la falta de dinero y la falta de transporte. Las horas más hermosas que pasé en la isla fueron al lado de Iris, escuchando y bailando el reggeaton a todo volumen, ella con un ritmo sensacional, en el departamento que alquilé en Playa, cerca de la Rotonda de la Muñeca.
El extranjero no se escapa a los experimentados observadores cubanos de las razas del mundo. Pude percibir que hay dos grupos básicos de extranjeros: Los “yumas” y los demás. El apelativo de yuma tiene alguna raíz etimológica en los “Yunaited Esteits”, de acuerdo a la fonética castellana del nombre en inglés de los Estados Unidos. El prototipo es blanco, ó rubio. Si el extranjero viene de los Estados Unidos pero es negro, no es un yuma, sencillamente es un negro que vino del “Yuma”. Si es blanco y vino de Suiza ó Alemania, es un “yuma” hecho y derecho.
A menor nivel cultural de las personas, aumenta la probabilidad de que piensen de que existe una región del mundo con extraordinarias riquezas llamada “El Yuma”, dónde toda la gente viste bien, tiene dinero a manos llenas, cámaras digitales, celulares y otras maravillas tecnológicas fuera del alcance para la inmensa mayoría de los cubanos. Tratándose de latinoamericanos, es más probable que se hable de un mexicano, venezolano ó colombiano, por haber un mayor conocimiento sobre estos países. Sin embargo no se trata de ninguna deferencia. Iris me dijo un día: La gente de esos países es fea, pero los más feos son los mexicanos y los peruanos. Son como indios, pero feos, con las narices chatas, los pelos parados, barrigoncitos…Yo, físicamente, no tengo el aspecto del mexicano común, por lo cual ha sido motivo de discusión si soy ó no soy un yuma. Todo cubano sabe que la mayoría de los mexicanos somos pobres y tenemos que brincarnos la barda hacia los Estados Unidos, país al que sí se ubican geográficamente dentro de esa masa confusa de los territorios que conforman “El Yuma”.
Dejando de lado las cuestiones conceptuales sobre la extranjería, siempre habrá muchísimas jovencitas que desearán irse con el extranjero para complacerlo a cambio de una propina, ó si se llega a entablar una amistad, a cambio de regalos que puede ser en efectivo, no necesariamente en ropa u otros artículos. Iris no piensa en un empleo formal, por un salario de alrededor de diez dólares mensuales.
Hace ocho años, Leidis no permitió que la llevase hasta la puerta de su casa, para evitar el chismerío del barrio de que fulanita está de jinetera, término cubano que se utiliza en lugar de uno más fuerte que existe en la lengua castellana. Con el paso del tiempo la sociedad ha dejado de juzgarlas con esa severidad. Es frecuente decir que fulanita tiene que “resolver” de alguna manera sus necesidades económicas, y si contribuye al hogar, tanto mejor. Siempre se sospecha de jineterismo de toda muchacha que se vista bien, pero bajarse de un carro de turista, de chapa roja, implica confirmar esas sospechas y Leidis, en aquella ocasión, prefirió evitarlo.
Iris no es muy alta y usa sandalias bordadas, tipo árabe. No utiliza tacones altos, como la mayoría, para aparentar ser más alta de lo que es. Se ve auténtica así. Si no finge con los zapatos, mucho menos finge en su casa. Me llevó a conocer a su familia, en el reparto de Santa Fé. La casa se ubica a media cuadra del mar. Dónde me parqueo, pregunté. En el pórtico de la casa, dónde más? No le preocupa que vean el carro con la chapa roja, pensé. Me trataron como a un viejo amigo de la familia, pero no hubo nada que ofrecerme, más que cortesías. La radio no funcionaba, así que pronto decidimos irnos hacia una playa cercana, en Baracoa, a tomar unas cervezas. Evita se trepó al carro, sin más.
En la playa Evita se desató. Corrió en la arena, cogió un cangrejo, trepó en un árbol y de pronto dijo: “El que se meta conmigo, se mete con Changó”.
Sucede que el tío de Iris practica la Santería. Ella también es una creyente convencida. Utiliza una pulsera y un collar elaborados con bolitas de plástico, unas blancas, otras amarillas. Dice que los espíritus le dan protección. No me gusta hablar de la religión de las personas, y mucho menos de una que no conozco. Por interés, y por cortesía hacia Iris y sus familiares, los invité a visitar el Museo de la Santería en Guanabacoa, que ellos solo conocían por un programa cultural de la televisión cubana. Una mampara ilustra al visitante: “La Regla de Ocha o Santería, creada por los esclavos pertenecientes a la cultura Yoruba, está basada en la creencia y adoración de un grupo de entidades, Orichas o Santos devenidos en seres que representan y simbolizan las fuerzas de la naturaleza y las actividades, rituales, pasiones y sentimientos de los seres humanos”. Los espíritus o deidades más importantes son Obatalá, simbolizada por el color blanco, dueña de la paz y la pureza; Changó, simbolizado por el color rojo, es dueño de la guerra, el fuego, los truenos y los tambores; Ochún, simbolizada por el color amarillo, es dueña den los ríos, el amor y el dinero; y Yemayá, simbolizada por el color azul, es la dueña de los mares y de la maternidad.
Los ritos de iniciación de Iris le costarán una buena cantidad de dinero de la que no dispone pero está dispuesta a juntarla, ya podremos imaginarnos cómo, con tal de recibir la protección correspondiente. Tiene que comprar un carnero y un gallo vivos, que serán degollados en la ceremonia, y tiene que comprarse ropa y zapatos nuevos, todo de color amarillo, y tendrá que portar prendas de ese color durante todo un año. Necesita un nuevo guardarropa. Iris me contó un día que para contar con mayor protección de los espíritus, tendría que tener un hijo varón. –Pero si apenas puedes mantener a las dos niñas, le dije. –Está vez me fijaré bien con quien encargo al niño, y si el marido no me sale bueno, tendré de cualquier forma más protección.
Aquel día en la playa, se nos acercó Evita a Iris y a mí, y con toda naturalidad y mucha gracia dijo: Yo quiero tener mi yuma para que me compre perfumes, regalos, fotos, y que tenga fulas, muchos fulas…término que significa dinero. Solté una carcajada al escucharla. – Y cómo es eso de que quieres tener tu yuma, Evita? -Sí, pero mi yuma tiene que ser bonito, como mi vecino. –Y dónde lo vas a conseguir? -En el malecón.
Iris estaba orgullosa de la desenvoltura de Evita, lo cual habla de la inocencia de Iris. O habrá madre que esté preparando a una niñita de cuatro años para ser jinetera? Yo pienso que no. Pero Iris sabrá que el yuma con el que sueña Evita no será ningún príncipe azul. En qué mundo vive, para no sentir escalofríos con el sueño de Evita? Además, la niña casi siempre la acompaña. No hay secretos entre ellas. Yo pienso que Iris es de esas mujeres que no lucha contra su entorno, y mejor se deja llevar por él con suavidad. Como las esclavas del Sultán de la Antigua Persia.
Vi por última vez a Iris al bajarse del carro en el Hospital Materno-Infantil de La Habana. La bebé había cogido un resfriado que se convirtió en bronquitis aguda. Estaban suministrándole oxígeno. No la vi preocupada, ni despreocupada. Había cenado conmigo, y llevaba sándwiches para el desayuno. Bajé la rampa del hospital, me incorporé a la avenida, crucé la Rotonda del Obelisco, tomé hacia Marianao y después hacia La Lisa.
Durante el trayecto, en mi reproductor de MP3 comenzó a sonar una canción en la voz de Guadalupe Pinea:
Todo cambia,
Cambia lo superficial,
Cambia también lo profundo….
Qué es lo que ha cambiado en Cuba? No lo sé. Mi mejor respuesta es narrar el cuento del yuma con el que sueña Evita.
La Habana, enero de 2007
viernes, 28 de septiembre de 2007
EL COMUNISMO DEL CHE GUEVARA: UNA BODA MUY ESPECIAL

Un viernes por la noche estábamos charlando en la casa de un amigo en La Habana, él, su mujer y otras personas. En las casas habaneras nunca faltan las visitas. La costumbre de visitar a los amigos no se ha perdido allá, como sucede en muchas otras grandes ciudades. El que llega siempre es bienvenido y se une sin problemas a la charla con los demás, si lo desea. Yo como extranjero muchas veces no tengo un tema en común con ellos, pero cordialidad, siempre la encuentro.
Llegó de pronto un muchacho jóven. Entró de manera muy casual, y dijo: -Mira Edgardo, ahí te dejo las fotos de la boda. Salieron super chéveres y gracias por todo. Mi amigo Edgardo había sido el padrino del novio. Las damas presentes comenzaron a decirle lo bien que se veía ese día, con traje y corbata, que son prendas que el casi nunca utiliza. Sonreía con satisfacción. Las fotos comenzaron a circular entre todos los presentes, una por una, de izquierda a derecha. Había sido una gran fiesta, por lo que vi. Fue en un jardín precioso con el toque idílico que dan las palmeras del Trópico. Los novios hacían buena pareja. Ella era rubia, con una sonrisa muy agradable. El vestido de novia bien ajustado permitía ver la frondosidad de un cuerpo hermoso. Se tomaron muchas fotos juntos, conforme transcurrió la tarde. Se me hicieron curiosas las que se tomaron por la noche, unas todavía en el jardín, besándose con pasión y con locura, y sobre todo las de la habitación, mostrando escenas ya casi íntimas...-Y esas fotos quien las tomó? pregunté algo intrigado. -Un mariconcito que se dedica a eso...De todos modos no me pareció muy normal que los novios estuvieran mas preocupados por la cámara que por vivir la escena. -Países distintos, costumbres distintas, pensé.
Vi en algunas fotos a algunos amigos de la familia de Edgardo que yo conocí, a su hija con sus amigas, algunas de ellas muy lindas...Ver las fotos de una boda siempre tiene un encanto. En eso tocó el turno de mirar la foto del carro de los novios, que era un Lada gris, ya un poco viejo y un tanto maltratado. El Lada es un automóvil compacto de fabricación rusa, y ya está descontinuado, al menos ese modelo que fue tan popular en Cuba. -Oye, Caballo, le dije a mi amigo, les hubieras prestado el Yaris que te acabas de comprar! Me lo había mostrado el día anterior. Es un carro mediano pero mucho mejor que el Lada. Lo pudo adquirir gracias a que su mujer es extranjera, y ella, a diferencia de la mayoría de los cubanos comunes y corrientes, si tenía autorización del Estado para comprar uno.
Llegó de pronto un muchacho jóven. Entró de manera muy casual, y dijo: -Mira Edgardo, ahí te dejo las fotos de la boda. Salieron super chéveres y gracias por todo. Mi amigo Edgardo había sido el padrino del novio. Las damas presentes comenzaron a decirle lo bien que se veía ese día, con traje y corbata, que son prendas que el casi nunca utiliza. Sonreía con satisfacción. Las fotos comenzaron a circular entre todos los presentes, una por una, de izquierda a derecha. Había sido una gran fiesta, por lo que vi. Fue en un jardín precioso con el toque idílico que dan las palmeras del Trópico. Los novios hacían buena pareja. Ella era rubia, con una sonrisa muy agradable. El vestido de novia bien ajustado permitía ver la frondosidad de un cuerpo hermoso. Se tomaron muchas fotos juntos, conforme transcurrió la tarde. Se me hicieron curiosas las que se tomaron por la noche, unas todavía en el jardín, besándose con pasión y con locura, y sobre todo las de la habitación, mostrando escenas ya casi íntimas...-Y esas fotos quien las tomó? pregunté algo intrigado. -Un mariconcito que se dedica a eso...De todos modos no me pareció muy normal que los novios estuvieran mas preocupados por la cámara que por vivir la escena. -Países distintos, costumbres distintas, pensé.
Vi en algunas fotos a algunos amigos de la familia de Edgardo que yo conocí, a su hija con sus amigas, algunas de ellas muy lindas...Ver las fotos de una boda siempre tiene un encanto. En eso tocó el turno de mirar la foto del carro de los novios, que era un Lada gris, ya un poco viejo y un tanto maltratado. El Lada es un automóvil compacto de fabricación rusa, y ya está descontinuado, al menos ese modelo que fue tan popular en Cuba. -Oye, Caballo, le dije a mi amigo, les hubieras prestado el Yaris que te acabas de comprar! Me lo había mostrado el día anterior. Es un carro mediano pero mucho mejor que el Lada. Lo pudo adquirir gracias a que su mujer es extranjera, y ella, a diferencia de la mayoría de los cubanos comunes y corrientes, si tenía autorización del Estado para comprar uno.
La respuesta me dejó confundido: -Sucede que supuestamente, la boda se realizó hace tres años, y el Yaris lo acabo de comprar. Se podrían dar cuenta! -Darse cuenta de qué? No entiendo...
Sucede que la novia es española y el novio es cubano. Ya casados, irían a la Embajada de España para tramitar el pasaporte de él...Los funcionarios consulares harían grandes interrogatorios a la pareja, juntos y separados, preguntándole a ella los gustos de él, a él los de ella, y después harían un análisis de congruencia de todo ello junto con la evidencia documental. Las fotos de la boda eran una prueba muy importante que habrían de llevar.
-Pues que serán tan morbosos los españoles para someter a la pareja a esas diligencias? les pregunté.
-No, de morbosos nada. Solo es que son desconfiados. Hay muchas bodas así, arregladas nomás.
Si todo sale conforme a lo que estaba planeado, al llegar la pareja a territorio español se separarían de inmediato, toda vez que se conocieron pocos días antes de la boda. Ella no hizo toda esta simulación nada más por altruismo: El negocio le dejará a ella 10 mil euros que tendrá que pagarle su flamante marido antes de abordar el avión!
jueves, 20 de septiembre de 2007
EL COMUNISMO DEL CHE GUEVARA ¿Para qué Sirve una Escalera?

El apartamento donde me hospedé en La Habana no tiene nada de peculiar. Debajo habita la dueña que se llama Marta. Arriba no hay nada pues es azotea. El día que llegué, quise acomodar los muebles de una de las habitaciones de otra manera. El ropero de al lado de mi cama me incomodaba y me pareció que quedaría mejor el buró. Quité un tapete para facilitar mis movimientos, y vi que debajo estaba una tabla. Moví la tabla y apareció un hueco en el piso. Me asomé y descubrí una escalera tipo marino que partía de la habitación de abajo…
Yo generalmente me hospedaba abajo. La habitación del frente era la mía, y en la de atrás se quedaba Marta. Siempre tuve la sensación de que en esa habitación había un misterio, pues nunca la pude mirar a pesar de que me llevaba con Marta bastante bien. En aquellos tiempos en el apartamento de arriba vivía Julio, el hijo de Marta, con su mujer y sus niñas.En esta ocasión ya no estaban ni Julio, ni Kenia, ni las niñas. Habían emigrado para el Perú.
Por esa razón me alojé arriba.La noticia no me tomó por sorpresa. Ya me habían comentado tanto Marta como ellos ese plan de irse de Cuba. Inclusive Marta me ofreció venderme el apartamento de arriba. Yo no quise porque aun cuando era barato, no vi mucha seguridad para mi inversión. Las leyes cubanas sencillamente no permiten la compra-venta de inmuebles. Las permutas de vivienda si son usuales y legales, o sea que para participar en este mercado, para comenzar hay que tener una. Marta insistió tanto en vendérmelo, que decidí preguntarle el motivo de su insistencia: Julio necesitaba dinero para iniciar su nueva vida en el Perú, y vendió el apartamento a un conocido de él. Es decir, que Julio recibió el dinero, y cuando él partiese al Perú, Marta le entregaría las llaves al nuevo propietario, y después ya se vería como se legalizaría la situación.
Pero Marta se negó a entregar las llaves porque Julio nunca la consultó, y además, no iría a vivir ahí la madre de Osiel como le habían dicho, sino otras personas a quienes Marta no conocía. Osiel, el comprador, la amenazó con denunciarla ante el Ministerio de Vivienda por tener dos viviendas, siendo que ella tiene derecho a tener solo una. Dado que una persona solo puede habitar una vivienda al mismo tiempo, tener dos implicaría que la otra se tiene en renta y que habría gente viviendo de sus rentas lo cual contrariaría gravemente el carácter socialista de la Revolución Cubana. No se trataba pues de un asunto menor.
Marta le dijo que a Osiel que si el insistía en tomar posesión del apartamento por la fuerza, sería ella quien lo denunciaría a él ante Vivienda. Osiel caería en el mismo supuesto legal con el que amenazaba a Marta, pues entonces sería él quien tuviera dos viviendas. Y mas aún: Se le podría acusar de otros delitos. –Entiendo Marta, pero que sucederá si yo le compro y usted también se niega a darme las llaves? A mi no solamente me podrá denunciar ante Vivienda, sino también ante el Ministerio de Inmigración y Extranjería…–Le doy mi palabra que no será así. Y además vea, aquí están todos los papeles que acreditan que yo soy la legítima propietaria. Habría que hacer los trámites del desglose de la propiedad, para que en lugar de ser una propiedad, sean dos, la mía y la que le voy a vender. Y vea, esos trámites ya van avanzados…
Cuando Julio construyó el apartamento sobre la casa de su madre, ni pidió permiso ni informó a la autoridad. Legalmente su apartamento no existía, y en caso de haber existido, hubiese tenido que sujetarse a un proceso de asignación. Era probable, pero no seguro, que a Julio le fueran a asignar la vivienda que el construyó, pues hay familias con mayores carencias, con mayor tiempo solicitando vivienda o con mayores méritos en el Partido. Julio nunca hizo los trámites y estando en el Perú la cuestión se complicó más.Un día, un inspector detectó la existencia de la escalera exterior que construyó Julio para subir a su apartamento y que violaba, según el criterio del inspector, el reglamento establecido para la alineación de las construcciones urbanas.
La sanción que correspondía era la demolición de la escalera. El parecer del inspector era que la longitud de la escalera debía considerarse de la fachada de la casa hacia fuera; el de Marta, era la separación entre el pie de la escalera y la calle. El reglamento era omiso y Marta logró evitar la demolición de la escalera.Obtuvo un triunfo colateral: Se generaron documentos oficiales que hablaban de la existencia de la escalera. Si la escalera existía, ya sería menos difícil alegar la existencia de la vivienda. Y que siempre habían existido tanto la escalera como la vivienda desde antes del triunfo de la Revolución.
Con esa legitimidad de origen, ya no habría ningún problema en torno a las cuestiones cruciales de la asignación de esa vivienda y de los medios que fueron utilizados para construirla. La vivienda sería de quien estuviese viviendo ahí. Sin embargo, en el caso mío, seguía vigente el problema de que un extranjero no puede tener vivienda en Cuba. El enredo legal en torno a la venta que me proponía Marta era tan grande, que decidió hacerme la propuesta en términos más sencillos: Cuando yo fuera a Cuba, yo me podría alojar ahí cuando quisiera y por el tiempo que quisiera. La operación sería en efectivo y de buena fé. Sin papeles ni documentos.
Marta quería el dinero mío para pagarle a Osiel, porque es una mujer de honor. Si no entregaba el apartamento, lo correcto era devolver el dinero. Era la prueba más contundente de que ella sí tenía honor y que si honraba la deuda con Osiel, también honraría la operación conmigo.
Cuando volví y me hospedé en el departamento de arriba, la situación había evolucionado. Marta decidió que no le vendería a nadie el departamento, pues tenía algunas noticias de que a Julio, en Perú, no le estaba yendo bien. Más bien la sospecha era que la estaban pasando bastante mal, trabajando mucho, haciendo grandes sacrificios y aun así, el capital que habían logrado juntar vendiendo todas sus pertenencias en Cuba iba mermándose.
Así que Marta decidió salvaguardar el apartamento por si Julio volvía a Cuba. A Osiel le fue haciendo algunos pagos parciales con el dinero que conseguía por alquilar el apartamento a otros turistas como yo. Aceptaba esos pagos parciales pero de vez en cuando, por su carácter irascible e intempestivo, amenazaba a Marta con la denuncia ante el Ministerio de Vivienda.
Ahora el problema se volteó al revés: Había que demostrar que era una sola vivienda en vez de dos. Nunca supe cuando fue que mandó perforar la loza entre la habitación del piso inferior con la del piso superior e instalar la escalera marinera que descubrí casualmente el día que intenté mover un ropero para poner un buró. El dato crucial para mí es si la escalera interior se hizo antes o después de todo el lío con Osiel, para saber que tan precavida es Marta. En lo que no hay duda es que si dos apartamentos están conectados por el interior por una escalera, no son dos departamentos sino que se trata de uno solo, pues si no ¿para qué que existe la escalera?
La Habana, Cuba, verano de 2007
Yo generalmente me hospedaba abajo. La habitación del frente era la mía, y en la de atrás se quedaba Marta. Siempre tuve la sensación de que en esa habitación había un misterio, pues nunca la pude mirar a pesar de que me llevaba con Marta bastante bien. En aquellos tiempos en el apartamento de arriba vivía Julio, el hijo de Marta, con su mujer y sus niñas.En esta ocasión ya no estaban ni Julio, ni Kenia, ni las niñas. Habían emigrado para el Perú.
Por esa razón me alojé arriba.La noticia no me tomó por sorpresa. Ya me habían comentado tanto Marta como ellos ese plan de irse de Cuba. Inclusive Marta me ofreció venderme el apartamento de arriba. Yo no quise porque aun cuando era barato, no vi mucha seguridad para mi inversión. Las leyes cubanas sencillamente no permiten la compra-venta de inmuebles. Las permutas de vivienda si son usuales y legales, o sea que para participar en este mercado, para comenzar hay que tener una. Marta insistió tanto en vendérmelo, que decidí preguntarle el motivo de su insistencia: Julio necesitaba dinero para iniciar su nueva vida en el Perú, y vendió el apartamento a un conocido de él. Es decir, que Julio recibió el dinero, y cuando él partiese al Perú, Marta le entregaría las llaves al nuevo propietario, y después ya se vería como se legalizaría la situación.
Pero Marta se negó a entregar las llaves porque Julio nunca la consultó, y además, no iría a vivir ahí la madre de Osiel como le habían dicho, sino otras personas a quienes Marta no conocía. Osiel, el comprador, la amenazó con denunciarla ante el Ministerio de Vivienda por tener dos viviendas, siendo que ella tiene derecho a tener solo una. Dado que una persona solo puede habitar una vivienda al mismo tiempo, tener dos implicaría que la otra se tiene en renta y que habría gente viviendo de sus rentas lo cual contrariaría gravemente el carácter socialista de la Revolución Cubana. No se trataba pues de un asunto menor.
Marta le dijo que a Osiel que si el insistía en tomar posesión del apartamento por la fuerza, sería ella quien lo denunciaría a él ante Vivienda. Osiel caería en el mismo supuesto legal con el que amenazaba a Marta, pues entonces sería él quien tuviera dos viviendas. Y mas aún: Se le podría acusar de otros delitos. –Entiendo Marta, pero que sucederá si yo le compro y usted también se niega a darme las llaves? A mi no solamente me podrá denunciar ante Vivienda, sino también ante el Ministerio de Inmigración y Extranjería…–Le doy mi palabra que no será así. Y además vea, aquí están todos los papeles que acreditan que yo soy la legítima propietaria. Habría que hacer los trámites del desglose de la propiedad, para que en lugar de ser una propiedad, sean dos, la mía y la que le voy a vender. Y vea, esos trámites ya van avanzados…
Cuando Julio construyó el apartamento sobre la casa de su madre, ni pidió permiso ni informó a la autoridad. Legalmente su apartamento no existía, y en caso de haber existido, hubiese tenido que sujetarse a un proceso de asignación. Era probable, pero no seguro, que a Julio le fueran a asignar la vivienda que el construyó, pues hay familias con mayores carencias, con mayor tiempo solicitando vivienda o con mayores méritos en el Partido. Julio nunca hizo los trámites y estando en el Perú la cuestión se complicó más.Un día, un inspector detectó la existencia de la escalera exterior que construyó Julio para subir a su apartamento y que violaba, según el criterio del inspector, el reglamento establecido para la alineación de las construcciones urbanas.
La sanción que correspondía era la demolición de la escalera. El parecer del inspector era que la longitud de la escalera debía considerarse de la fachada de la casa hacia fuera; el de Marta, era la separación entre el pie de la escalera y la calle. El reglamento era omiso y Marta logró evitar la demolición de la escalera.Obtuvo un triunfo colateral: Se generaron documentos oficiales que hablaban de la existencia de la escalera. Si la escalera existía, ya sería menos difícil alegar la existencia de la vivienda. Y que siempre habían existido tanto la escalera como la vivienda desde antes del triunfo de la Revolución.
Con esa legitimidad de origen, ya no habría ningún problema en torno a las cuestiones cruciales de la asignación de esa vivienda y de los medios que fueron utilizados para construirla. La vivienda sería de quien estuviese viviendo ahí. Sin embargo, en el caso mío, seguía vigente el problema de que un extranjero no puede tener vivienda en Cuba. El enredo legal en torno a la venta que me proponía Marta era tan grande, que decidió hacerme la propuesta en términos más sencillos: Cuando yo fuera a Cuba, yo me podría alojar ahí cuando quisiera y por el tiempo que quisiera. La operación sería en efectivo y de buena fé. Sin papeles ni documentos.
Marta quería el dinero mío para pagarle a Osiel, porque es una mujer de honor. Si no entregaba el apartamento, lo correcto era devolver el dinero. Era la prueba más contundente de que ella sí tenía honor y que si honraba la deuda con Osiel, también honraría la operación conmigo.
Cuando volví y me hospedé en el departamento de arriba, la situación había evolucionado. Marta decidió que no le vendería a nadie el departamento, pues tenía algunas noticias de que a Julio, en Perú, no le estaba yendo bien. Más bien la sospecha era que la estaban pasando bastante mal, trabajando mucho, haciendo grandes sacrificios y aun así, el capital que habían logrado juntar vendiendo todas sus pertenencias en Cuba iba mermándose.
Así que Marta decidió salvaguardar el apartamento por si Julio volvía a Cuba. A Osiel le fue haciendo algunos pagos parciales con el dinero que conseguía por alquilar el apartamento a otros turistas como yo. Aceptaba esos pagos parciales pero de vez en cuando, por su carácter irascible e intempestivo, amenazaba a Marta con la denuncia ante el Ministerio de Vivienda.
Ahora el problema se volteó al revés: Había que demostrar que era una sola vivienda en vez de dos. Nunca supe cuando fue que mandó perforar la loza entre la habitación del piso inferior con la del piso superior e instalar la escalera marinera que descubrí casualmente el día que intenté mover un ropero para poner un buró. El dato crucial para mí es si la escalera interior se hizo antes o después de todo el lío con Osiel, para saber que tan precavida es Marta. En lo que no hay duda es que si dos apartamentos están conectados por el interior por una escalera, no son dos departamentos sino que se trata de uno solo, pues si no ¿para qué que existe la escalera?
La Habana, Cuba, verano de 2007
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