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martes, 16 de octubre de 2007

EL COMUNISMO DEL CHE GUEVARA: UN TRÍO TOMANDO RON


EL COMUNISMO DEL CHE GUEVARA: UN TRÍO TOMANDO RON

Ya sé que mis amigos cubanos me dirían que deje de estar “escribiendo mierda” y que me dedique a algo más divertido. Ni modo, me ha resurgido la necesidad de escribir, y tengo que echar mano de lo que he visto y vivido. No tengo la imaginación para estar inventando cosas, como los novelistas, ni un mundo interior que relatarles, como los místicos.

Estábamos en casa de mi médico: El, un colega suyo y un servidor, tomando ron. Se destapa la botella, se tiran unas gotitas al suelo “para los santos…a ellos también les gusta beber” y luego se sirven los vasos, sin hielos ni Coca-Cola. Me gusta polemizar. A mi médico igual. Por esa causa ha tenido problemas con el sistema. En cambio a su colega no. El siempre nos da los puntos de vista oficiales con gran exactitud. Por eso me refiero a él como el Colega Oficialista.

-¿Cómo puede ser que tenga un mejor nivel de vida un portero de hotel que un médico reconocido, como Ustedes? El portero recibe propinas en dólares o euros, mientras que el científico cobra en pesos cubanos, que no alcanzan para nada? No era una pregunta; mas bien traté de hacer una provocación. Soy así.

El Colega Oficialista me dio la explicación: Hay que tomar en cuenta la diferencia entre el salario real y el nominal. El salario monetario es casi insignificante, reconoció: El director de un hospital de especialidades gana alrededor de veinte dólares mensuales. Pero enfatizó que todo trabajador tiene derecho a una tarjeta que le permite adquirir una canasta de productos básicos a precios subsidiados que incluye arroz, frijoles, azúcar, aceite, café, papel de baño, dentífrico…

Interrumpió mi médico, no sin antes solicitar que rellenara los vasos de ron: - Y cuanto pollo te dan? Y dirigiéndose a mi me contó que según él, la realidad de hoy no es muy diferente a la de hace unos diez años cuando la entonces URSS (o CCCP) comenzó a reducir sus ayudas a Cuba. Las siglas de la identidad soviética se leían como: 'Cuando Carajos Comeremos Pollo'. Debatieron un poco y concluyeron que en el país no se padece ni hambre ni desnutrición, pero están ganando terreno los problemas gastro-intestinales por las malas dietas y los padecimientos asociados con el nivel de stress.

–Porque vivir en Cuba no es fácil. Las preocupaciones de un cubano no las tiene nadie en ningún otro país.

-Sí, como cuáles? –Mi mujer está desesperada porque quiere que la lleve al Centro a buscar papel higiénico, porque el de la ración ya se acabó, y ni pagando con divisas encontramos rollos en las tiendas de por acá. Mañana antes de ir al hospital, tendré que ir a buscar a Orlandito, el mecánico. Hoy nos pasamos la tarde adaptándole al Lada un carburador de un Fiat. Quedó de maravilla- me dijo orgulloso el médico. – Pero llevamos dos semanas y no conseguimos las bujías.

Noté en su rostro cierta resignación.

Intervino el Colega Oficialista, dirigiéndose al médico: –Eso te pasa a ti porque tienes carro. Es que tú no te conformas; aquí el carro es un lujo y no una necesidad, dijo. Es eso miró el reloj y dijo: -Ya es tarde, lo mejor es que me lleven a mi casa, ya saben que yo no tengo carro.

También noté en su rostro cierta resignación.

Después de haber dejado al Colega Oficialista en su bloque habitacional, le pregunté al médico, que por qué el si tenía carro y su Colega Oficialista no. Y también, como era posible que, si su colega tenía un rango mayor que él, el viviera en un departamento tan pequeño y mi médico, en una casa amplia de dos plantas. Esa noche, solo dio tiempo para la respuesta del carro. Su Colega Oficialista tenía derecho a un carro, porque había ido como médico en el ejército que fue a luchar a Angola. –Y por qué no se lo dieron? –Pues porque no hay. Llegamos a casa del médico y no pregunté más.

Antes de irme para mi alojamiento, pasé a La Macumba a tomar cerveza y escuchar música. También, a buscar “artículos para caballero”. Conocí a Yadiria y me la llevé. Entre noches de placer y días de playa, me fui enterando un poco mas de la realidad cubana.

En la siguiente ocasión que nos pusimos a tomar ron el médico, el Colega Oficialista y yo, procuré meterme en temas menos escabrosos. Comenté que cuando iba para Cienfuegos, al Oriente de La Habana, después de recorrer dos horas a 140 km/hora, llegué a Pinar del Río, la ciudad más occidental de toda la isla. Había tomado la Autopista Central en la dirección equivocada. En las carreteras cubanas casi no hay señalizaciones de tránsito. El Colega Oficialista lo atribuyó al huracán más reciente, que las habría derribado.

–Si, será eso, pero por qué el huracán no derribó los carteles gigantes a lo largo de la vía: Patria ó Muerte, Venceremos; Libertad a Nuestros Héroes; Somos Invencibles, No Pasarán; La Batalla son las Ideas; y otras por el estilo? Mi amigo, que no pierde su sentido del humor, me dijo: -Los huracanas en Cuba también son socialistas!

Mi médico, a parte de ser médico, es pintor. Es un dote que todos le apreciamos. De manera casual nos comentó que venía cansado, pues estuvo pintando motivos navideños en las paredes del hospital. Es el tipo de trabajo voluntario que debe hacerse. Cada quien según sus aptitudes y sus posibilidades. Serví la nueva ronda de ron. Imitándolos, tiré un chorro de ron al suelo. –No tanto, que los Santos se pueden emborrachar. A los cubanos les gusta el vacilón pero el desperdicio, no.

Algo cruzó por la mente del médico y su humor cambió. -Es lo que yo no entiendo. Si se trata de ser médico, soy el mejor médico. Si se trata del trabajo voluntario, hago trabajo voluntario. Con tres pastores y dos santocloses que hubiera pintado no habría tenido problemas. Pero pinté toda la pared. Por qué me tienen jodido?

El Colega Oficialista le explicó lo que el médico ya sabía de sobra. –El Director del Hospital te tiene bloqueado. Mientras él no se vaya, tú seguirás así. “Así” significaba que seguiría adscrito al bloque de los pacientes cubanos, alejado de los pacientes internacionales, que son los que podrían darle alguna propina, o mejor dicho, un estímulo en divisas. En el fondo, el problema del médico es que había traspasado las reglas no escritas del sistema, esas que no se ven, pero se deben intuir o adivinar. Un magnate de la televisión venezolana que padecía una grave enfermedad había solicitado directamente sus servicios, moviendo sus influencias, directamente con algún miembro del Consejo de Estado. Fue a Caracas a darle tratamiento, estuvo como dos meses allá, y al regresar, enfrentó la furia del Director del Hospital por no haber sido consultado. En la entrevista que sostuvieron, el tono fue bastante cordial, aunque las miradas no lo han de haber sido tanto.

–Como eres nuestro especialista más destacado, ahora te encomendaremos que te dediques cien por ciento a curar a los pacientes cubanos, que como tú entiendes, son nuestra prioridad. Nada podía decirse ante la solidez del argumento del Director del Hospital. El médico todavía tenía la duda de que si el castigo que le habían impuesto se debía al asunto del magnate venezolano, o a una intervención suya en el Comité del Partido Comunista, sección hospital, donde argumentó que no era buena idea que las enfermeras destinaran un día laboral a cortar el césped del Hospital como parte de su trabajo voluntario, en lugar de recibir cursos de capacitación e instruirse más.

Nos acabamos esa botella de ron discutiendo sobre la Segunda Guerra Mundial. Para mí, era obvio que el Tercer Reich cayó cuando Alemania se vio forzado a luchar en dos frentes. El médico, esta vez muy de acuerdo con el Colega Oficialista, sostenían que el Frente Occidental había sido prácticamente cosmético… y que los EUA habían entrado a una guerra que ya tenía completamente ganada el Ejército Rojo con el General Zukov.

Una botella de Ron Havana 7 Años Añejo no es nada para tres personas que les gusta beber, compartir y discutir. Salió el tema favorito mío, y de mi médico. Tema que en principio no es del agrado del Colega Oficialista: Las jineteras.

–Préstame la cámara, me dijo. Siempre le gusta mirar con qué muchacha estuve la noche anterior. Porque tengo la mala costumbre de retratarlas antes o después de hacer el amor. Con unas convivo más que con otras. Con las que menos, ya se imaginarán: Lo que el cuerpo aguante. Con la que más, una hermosa rubia de la provincia de Holguín: Toda una semana.

-Para qué ponen tanto énfasis aquí en la educación? pregunté, con bríos renovados para polemizar, porque yo soy así. Les conté que las lecturas favoritas de Yadiria, sicóloga titulada, son novelitas de amor y cuentos de monitos. En el barrio popular de Guanabacoa, se los rentan por día por unos cuantos pesos cubanos y si tarda en devolverlos, el propietario le cobra multa porque siempre hay lista de espera. Lo que más gusta son monitos pornográficos hechos en México con títulos tales como 'Gemelas Insaciables' y otros por el estilo.

–La culpa no es de Cuba, sino la mierda que llega de tu país, me dijo el Colega Oficialista. Seguí con mi alegato después de la imprevista interrupción. Por lo general a mi y al médico nos gusta hablar cuando nos da la gana, pero al Colega Oficialista no. El prefiere pedir el uso de la palabra y por lo mismo habla poco: Nunca se la damos.

Les di la razón cuando hablaron del sistema educativo. Reconocí que efectivamente, Yadiria podría concentrarse en lecturas de calidad. Desde niña conoció las principales obras de Hemingway, Marti, Fidel y El Che, pero encuentra la oferta literaria a su alcance nada atractiva y poco diversificada.

–Si ella quisiera, iría a una biblioteca pública! Me interrumpió de nuevo, ya saben quien.

Terminé como mejor pude mi argumento: -Pobre Yadiria…cómo quieren que vaya a la biblioteca…la guagua no pasa nunca…el kiosco de periódicos y revistas es algo que en Cuba no existe ni como concepto… El Granma, de no más de cuatro o cinco pliegos, llena sus páginas con apologías de los logros de la Revolución…

Ahora sí que los dos me alegaron con igual pasión. ¿Qué cosas tan importantes leen en el diario en tu país? Qué si Fo ó que si Fa (así pronunciaban ellos el apellido del Presidente Fox)…Yo he charlado con muchos mexicanos, y en cualquier tema, tienen menos cultura que nosotros los cubanos…No saben de la pobreza en su país porque no sale en el Canal de las Estrellas…Ni de las prostitutas que hay allá…Habrá muchos periódicos pero leen pura mierda…(entre mas bebíamos, mas se usaba esa palabra)…Y habrá muchos libros allá, pero quien los lee?

Medio borracho, ya no sabía si la andanada venía del médico o del Colega Oficialista. Sentí que me agarraron en curva. No quise decir que en México hay muchas clases sociales, que unos leen y otros no, porque me hubieran salido de inmediato con el tema de la justicia social. Alcancé a balbucear tan solo que todo era cuestión de libertad. –Cuál libertad tiene tu empleado, el que vino la vez pasada para acá contigo? La libertad de trabajar todo el día y comer mierda…La libertad de votar por Fo ó por Fa para que todo en México siga igual… Nuevamente se lanzaron a la carga con el mismo tema (lógico, también ellos habían bebido). Tampoco sé si fue en esa plática, o en otra, en que me hablaron de las ventajas de la cobertura universal de la salud.

Como en toda borrachera, temas van, temas vienen, y temas regresan. Seguramente que esa velada terminó como muchas otras con las autorizadas disertaciones de mi médico sobre el complejísimo arte de templar…que significa hacer el amor para quienes desconozcan el término…y dejar bien complacida a la “geva” para que ruga por más. No son disertaciones doctas. Más bien relatos de sus experiencias, narrados con gestos y ruidos diversos y tan graciosamente contados que hasta el Colega Oficialista suelta espontáneas y sonoras carcajadas.

Se volvió a hacer de madrugada. El médico llevaría al Colega Oficialista a su casa, no yo, como de costumbre. El Lada se negó a arrancar. Comenzó a despotricar: No hay jugada! En este país no hay jugada! Lo tienen a uno machucado. Coooño!

Me dirigí al Colega Oficialista: -El socialismo de mi médico está en función del estado que guarde el Lada! Se montó al Peugeot y lo llevé yo.