Mostrando entradas con la etiqueta jineteras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta jineteras. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de octubre de 2007

EL COMUNISMO DEL CHE GUEVARA: UN TRÍO TOMANDO RON


EL COMUNISMO DEL CHE GUEVARA: UN TRÍO TOMANDO RON

Ya sé que mis amigos cubanos me dirían que deje de estar “escribiendo mierda” y que me dedique a algo más divertido. Ni modo, me ha resurgido la necesidad de escribir, y tengo que echar mano de lo que he visto y vivido. No tengo la imaginación para estar inventando cosas, como los novelistas, ni un mundo interior que relatarles, como los místicos.

Estábamos en casa de mi médico: El, un colega suyo y un servidor, tomando ron. Se destapa la botella, se tiran unas gotitas al suelo “para los santos…a ellos también les gusta beber” y luego se sirven los vasos, sin hielos ni Coca-Cola. Me gusta polemizar. A mi médico igual. Por esa causa ha tenido problemas con el sistema. En cambio a su colega no. El siempre nos da los puntos de vista oficiales con gran exactitud. Por eso me refiero a él como el Colega Oficialista.

-¿Cómo puede ser que tenga un mejor nivel de vida un portero de hotel que un médico reconocido, como Ustedes? El portero recibe propinas en dólares o euros, mientras que el científico cobra en pesos cubanos, que no alcanzan para nada? No era una pregunta; mas bien traté de hacer una provocación. Soy así.

El Colega Oficialista me dio la explicación: Hay que tomar en cuenta la diferencia entre el salario real y el nominal. El salario monetario es casi insignificante, reconoció: El director de un hospital de especialidades gana alrededor de veinte dólares mensuales. Pero enfatizó que todo trabajador tiene derecho a una tarjeta que le permite adquirir una canasta de productos básicos a precios subsidiados que incluye arroz, frijoles, azúcar, aceite, café, papel de baño, dentífrico…

Interrumpió mi médico, no sin antes solicitar que rellenara los vasos de ron: - Y cuanto pollo te dan? Y dirigiéndose a mi me contó que según él, la realidad de hoy no es muy diferente a la de hace unos diez años cuando la entonces URSS (o CCCP) comenzó a reducir sus ayudas a Cuba. Las siglas de la identidad soviética se leían como: 'Cuando Carajos Comeremos Pollo'. Debatieron un poco y concluyeron que en el país no se padece ni hambre ni desnutrición, pero están ganando terreno los problemas gastro-intestinales por las malas dietas y los padecimientos asociados con el nivel de stress.

–Porque vivir en Cuba no es fácil. Las preocupaciones de un cubano no las tiene nadie en ningún otro país.

-Sí, como cuáles? –Mi mujer está desesperada porque quiere que la lleve al Centro a buscar papel higiénico, porque el de la ración ya se acabó, y ni pagando con divisas encontramos rollos en las tiendas de por acá. Mañana antes de ir al hospital, tendré que ir a buscar a Orlandito, el mecánico. Hoy nos pasamos la tarde adaptándole al Lada un carburador de un Fiat. Quedó de maravilla- me dijo orgulloso el médico. – Pero llevamos dos semanas y no conseguimos las bujías.

Noté en su rostro cierta resignación.

Intervino el Colega Oficialista, dirigiéndose al médico: –Eso te pasa a ti porque tienes carro. Es que tú no te conformas; aquí el carro es un lujo y no una necesidad, dijo. Es eso miró el reloj y dijo: -Ya es tarde, lo mejor es que me lleven a mi casa, ya saben que yo no tengo carro.

También noté en su rostro cierta resignación.

Después de haber dejado al Colega Oficialista en su bloque habitacional, le pregunté al médico, que por qué el si tenía carro y su Colega Oficialista no. Y también, como era posible que, si su colega tenía un rango mayor que él, el viviera en un departamento tan pequeño y mi médico, en una casa amplia de dos plantas. Esa noche, solo dio tiempo para la respuesta del carro. Su Colega Oficialista tenía derecho a un carro, porque había ido como médico en el ejército que fue a luchar a Angola. –Y por qué no se lo dieron? –Pues porque no hay. Llegamos a casa del médico y no pregunté más.

Antes de irme para mi alojamiento, pasé a La Macumba a tomar cerveza y escuchar música. También, a buscar “artículos para caballero”. Conocí a Yadiria y me la llevé. Entre noches de placer y días de playa, me fui enterando un poco mas de la realidad cubana.

En la siguiente ocasión que nos pusimos a tomar ron el médico, el Colega Oficialista y yo, procuré meterme en temas menos escabrosos. Comenté que cuando iba para Cienfuegos, al Oriente de La Habana, después de recorrer dos horas a 140 km/hora, llegué a Pinar del Río, la ciudad más occidental de toda la isla. Había tomado la Autopista Central en la dirección equivocada. En las carreteras cubanas casi no hay señalizaciones de tránsito. El Colega Oficialista lo atribuyó al huracán más reciente, que las habría derribado.

–Si, será eso, pero por qué el huracán no derribó los carteles gigantes a lo largo de la vía: Patria ó Muerte, Venceremos; Libertad a Nuestros Héroes; Somos Invencibles, No Pasarán; La Batalla son las Ideas; y otras por el estilo? Mi amigo, que no pierde su sentido del humor, me dijo: -Los huracanas en Cuba también son socialistas!

Mi médico, a parte de ser médico, es pintor. Es un dote que todos le apreciamos. De manera casual nos comentó que venía cansado, pues estuvo pintando motivos navideños en las paredes del hospital. Es el tipo de trabajo voluntario que debe hacerse. Cada quien según sus aptitudes y sus posibilidades. Serví la nueva ronda de ron. Imitándolos, tiré un chorro de ron al suelo. –No tanto, que los Santos se pueden emborrachar. A los cubanos les gusta el vacilón pero el desperdicio, no.

Algo cruzó por la mente del médico y su humor cambió. -Es lo que yo no entiendo. Si se trata de ser médico, soy el mejor médico. Si se trata del trabajo voluntario, hago trabajo voluntario. Con tres pastores y dos santocloses que hubiera pintado no habría tenido problemas. Pero pinté toda la pared. Por qué me tienen jodido?

El Colega Oficialista le explicó lo que el médico ya sabía de sobra. –El Director del Hospital te tiene bloqueado. Mientras él no se vaya, tú seguirás así. “Así” significaba que seguiría adscrito al bloque de los pacientes cubanos, alejado de los pacientes internacionales, que son los que podrían darle alguna propina, o mejor dicho, un estímulo en divisas. En el fondo, el problema del médico es que había traspasado las reglas no escritas del sistema, esas que no se ven, pero se deben intuir o adivinar. Un magnate de la televisión venezolana que padecía una grave enfermedad había solicitado directamente sus servicios, moviendo sus influencias, directamente con algún miembro del Consejo de Estado. Fue a Caracas a darle tratamiento, estuvo como dos meses allá, y al regresar, enfrentó la furia del Director del Hospital por no haber sido consultado. En la entrevista que sostuvieron, el tono fue bastante cordial, aunque las miradas no lo han de haber sido tanto.

–Como eres nuestro especialista más destacado, ahora te encomendaremos que te dediques cien por ciento a curar a los pacientes cubanos, que como tú entiendes, son nuestra prioridad. Nada podía decirse ante la solidez del argumento del Director del Hospital. El médico todavía tenía la duda de que si el castigo que le habían impuesto se debía al asunto del magnate venezolano, o a una intervención suya en el Comité del Partido Comunista, sección hospital, donde argumentó que no era buena idea que las enfermeras destinaran un día laboral a cortar el césped del Hospital como parte de su trabajo voluntario, en lugar de recibir cursos de capacitación e instruirse más.

Nos acabamos esa botella de ron discutiendo sobre la Segunda Guerra Mundial. Para mí, era obvio que el Tercer Reich cayó cuando Alemania se vio forzado a luchar en dos frentes. El médico, esta vez muy de acuerdo con el Colega Oficialista, sostenían que el Frente Occidental había sido prácticamente cosmético… y que los EUA habían entrado a una guerra que ya tenía completamente ganada el Ejército Rojo con el General Zukov.

Una botella de Ron Havana 7 Años Añejo no es nada para tres personas que les gusta beber, compartir y discutir. Salió el tema favorito mío, y de mi médico. Tema que en principio no es del agrado del Colega Oficialista: Las jineteras.

–Préstame la cámara, me dijo. Siempre le gusta mirar con qué muchacha estuve la noche anterior. Porque tengo la mala costumbre de retratarlas antes o después de hacer el amor. Con unas convivo más que con otras. Con las que menos, ya se imaginarán: Lo que el cuerpo aguante. Con la que más, una hermosa rubia de la provincia de Holguín: Toda una semana.

-Para qué ponen tanto énfasis aquí en la educación? pregunté, con bríos renovados para polemizar, porque yo soy así. Les conté que las lecturas favoritas de Yadiria, sicóloga titulada, son novelitas de amor y cuentos de monitos. En el barrio popular de Guanabacoa, se los rentan por día por unos cuantos pesos cubanos y si tarda en devolverlos, el propietario le cobra multa porque siempre hay lista de espera. Lo que más gusta son monitos pornográficos hechos en México con títulos tales como 'Gemelas Insaciables' y otros por el estilo.

–La culpa no es de Cuba, sino la mierda que llega de tu país, me dijo el Colega Oficialista. Seguí con mi alegato después de la imprevista interrupción. Por lo general a mi y al médico nos gusta hablar cuando nos da la gana, pero al Colega Oficialista no. El prefiere pedir el uso de la palabra y por lo mismo habla poco: Nunca se la damos.

Les di la razón cuando hablaron del sistema educativo. Reconocí que efectivamente, Yadiria podría concentrarse en lecturas de calidad. Desde niña conoció las principales obras de Hemingway, Marti, Fidel y El Che, pero encuentra la oferta literaria a su alcance nada atractiva y poco diversificada.

–Si ella quisiera, iría a una biblioteca pública! Me interrumpió de nuevo, ya saben quien.

Terminé como mejor pude mi argumento: -Pobre Yadiria…cómo quieren que vaya a la biblioteca…la guagua no pasa nunca…el kiosco de periódicos y revistas es algo que en Cuba no existe ni como concepto… El Granma, de no más de cuatro o cinco pliegos, llena sus páginas con apologías de los logros de la Revolución…

Ahora sí que los dos me alegaron con igual pasión. ¿Qué cosas tan importantes leen en el diario en tu país? Qué si Fo ó que si Fa (así pronunciaban ellos el apellido del Presidente Fox)…Yo he charlado con muchos mexicanos, y en cualquier tema, tienen menos cultura que nosotros los cubanos…No saben de la pobreza en su país porque no sale en el Canal de las Estrellas…Ni de las prostitutas que hay allá…Habrá muchos periódicos pero leen pura mierda…(entre mas bebíamos, mas se usaba esa palabra)…Y habrá muchos libros allá, pero quien los lee?

Medio borracho, ya no sabía si la andanada venía del médico o del Colega Oficialista. Sentí que me agarraron en curva. No quise decir que en México hay muchas clases sociales, que unos leen y otros no, porque me hubieran salido de inmediato con el tema de la justicia social. Alcancé a balbucear tan solo que todo era cuestión de libertad. –Cuál libertad tiene tu empleado, el que vino la vez pasada para acá contigo? La libertad de trabajar todo el día y comer mierda…La libertad de votar por Fo ó por Fa para que todo en México siga igual… Nuevamente se lanzaron a la carga con el mismo tema (lógico, también ellos habían bebido). Tampoco sé si fue en esa plática, o en otra, en que me hablaron de las ventajas de la cobertura universal de la salud.

Como en toda borrachera, temas van, temas vienen, y temas regresan. Seguramente que esa velada terminó como muchas otras con las autorizadas disertaciones de mi médico sobre el complejísimo arte de templar…que significa hacer el amor para quienes desconozcan el término…y dejar bien complacida a la “geva” para que ruga por más. No son disertaciones doctas. Más bien relatos de sus experiencias, narrados con gestos y ruidos diversos y tan graciosamente contados que hasta el Colega Oficialista suelta espontáneas y sonoras carcajadas.

Se volvió a hacer de madrugada. El médico llevaría al Colega Oficialista a su casa, no yo, como de costumbre. El Lada se negó a arrancar. Comenzó a despotricar: No hay jugada! En este país no hay jugada! Lo tienen a uno machucado. Coooño!

Me dirigí al Colega Oficialista: -El socialismo de mi médico está en función del estado que guarde el Lada! Se montó al Peugeot y lo llevé yo.










domingo, 7 de octubre de 2007

EL COMUNISMO DEL CHE GUEVARA: EL YUMA DE EVITA



EL YUMA DE EVITA



Vine a esta ciudad de La Habana por primera vez hace ocho años. La ciudad ha cambiado poco. Lo más notorio es el número de vehículos circulando por las calles, y una mayor abundancia de carros de modelos recientes con respecto a los carros americanos de los años cincuenta, emblemáticos de la ciudad. Sigue siendo un flujo al que no se le puede llamar tráfico, viniendo de México. En apariencia, la gente vive igual. Los niños y las niñas de los primeros grados siguen con sus uniformes rojos; los de grados intermedios con sus uniformes amarillos; y los de las carreras terminales, profesionales ó técnicas, con uniformes color azul ó carmelita. Este último significa marrón. Se ven más unidades de transporte público, pero pedir “botella”, que significa aventón, sigue siendo un medio muy socorrido.

Hoy le di botella a Iris, que vestía una saya color carmelita, es decir, falda marrón muy cortita, no más larga que lo estrictamente indispensable. Hace ocho años le di botella a una muchacha muy parecida físicamente. Llamémosla Leidis. En aquel tiempo habría usado una saya carmelita como la de Iris, y hoy tal vez use el uniforme de alguna empresa: Traje sastre con camisa blanca, medias y zapatos de tacón. Hace ocho años, Iris habrá usado una saya roja, ya que la amarilla no se usa más que seis. Más sencillamente expresado: Iris, que hoy tiene 19 años, en aquel tiempo tenía once. Pude habérmela topado en la Plaza de Armas; ella podría haber ido junto con un grupo de colegialas a conocer el Museo Nacional, y yo, pude haber estado en la terraza de algún café.

Al igual que el Malecón, la gente no ha cambiado, como lo ilustra la similitud entre Iris y Leidis, al momento en el que yo las conocí. Pero en realidad, cambiaron mucho las dos, y no sólo en el color de la saya. En el caso concreto de Iris, pasó de 11 a 19 años, lapso en el cual tuvo una primera convivencia conyugal durante la cual nació Evita, se separó, se juntó con otro muchacho, y nació la bebé que ahora tiene tres meses. El papá de Evita quiere quitarle sus apellidos porque no se los merece, dice, y el papá de la bebé, que no es el mismo que el de Evita, ni siquiera se enteró de su nacimiento. Leidis pasó de 19 a 27 años.

Si Iris tuvo tiempo de vivir todos estos acontecimientos, con mayor razón Leidis. Estará en lo suyo, como ama de casa, resolviendo las dificultades de la vida diaria, ó incorporada en algún “centro de trabajo”, que puede ser empresa, fábrica ó oficina pública. Un cambio radical en su vida solo podría consistir en que haya emigrado ilegal ó legalmente. Lo primero, como balsera, lo cual constituiría una odisea, ó lo segundo, como esposa de algún extranjero que se la haya llevado.

En cierta forma yo no he cambiado. Sigo siendo un señor que va manejando un carro con chapa roja, es decir, con placa de turista, que usa una gorra biesbolera, y lentes oscuros. Lo mismo que hice con Leidis hace ocho años, subirla, traerla a mi habitación y hacerle el amor, lo haré con Iris. Ahora tengo más canas, menos pelo, y estoy un poco más barrigón.

No hay muchas cosas que tenga yo en común con Iris, y muy pocos temas sobre los que podamos conversar. Hay uno que por lo general desemboca en una plática fluida y muy dinámica. Es más o menos así: - Oye, tu tienes el pelo ondulado. Viene de parte de madre ó de parte de padre? La muchacha se anima de inmediato y comienza a dar detalles raciales de sus antecesores: - Mi madre es de piel blanca como yo; pero tiene el pelo rubio. Lo tiene chino –lo que significa que lo tiene lacio, como la gente del país llamado China. En cambio mi padre tiene el cabello ondulado, pero no lo tiene malo. Así que yo tengo el pelo bueno por parte de madre y el color trigueño viene de parte de padre. Para que se entienda, el “pelo malo” corresponde al cabello propio de la raza negra. Cuando se refieren a que el cabello de alguien es “malísimo, “no tan malo” ó “un poco bueno”, nada más es cuestión de grado, pero la muchacha procura llegar a la descripción más detallada posible. –El cabello no es malo, pero es ondulado, son rizos pequeñitos, pero no tan pequeñitos como los de un mulato. Si el hermanito de Iris, por decir de padre, pero no de madre, tiene características raciales diferentes a las de ella, la plática se puede extender más, para abarcar cuestiones tales como si los labios son gruesos, ó si son más bien carnositos; si tiene pocas pecas en la espalda y muchas en la cara, que vienen del abuelo; si el color de ojos es negro ó carmelita; si la nariz es ancha, pero no chata, ó bien si es afilada, como la del marido de su madre.

Nunca he sabido si estas descripciones físicas tan detalladas son una forma de racismo, ó un reflejo de la diversidad racial de Cuba y la riqueza de sus mezclas. Me parece que es una forma de entretenimiento, de las pocas que hay. Contrario a lo que pudiese pensarse de una ciudad caribeña, la gente de La Habana casi no sale de sus casas por las noches, por la falta de dinero y la falta de transporte. Las horas más hermosas que pasé en la isla fueron al lado de Iris, escuchando y bailando el reggeaton a todo volumen, ella con un ritmo sensacional, en el departamento que alquilé en Playa, cerca de la Rotonda de la Muñeca.

El extranjero no se escapa a los experimentados observadores cubanos de las razas del mundo. Pude percibir que hay dos grupos básicos de extranjeros: Los “yumas” y los demás. El apelativo de yuma tiene alguna raíz etimológica en los “Yunaited Esteits”, de acuerdo a la fonética castellana del nombre en inglés de los Estados Unidos. El prototipo es blanco, ó rubio. Si el extranjero viene de los Estados Unidos pero es negro, no es un yuma, sencillamente es un negro que vino del “Yuma”. Si es blanco y vino de Suiza ó Alemania, es un “yuma” hecho y derecho.

A menor nivel cultural de las personas, aumenta la probabilidad de que piensen de que existe una región del mundo con extraordinarias riquezas llamada “El Yuma”, dónde toda la gente viste bien, tiene dinero a manos llenas, cámaras digitales, celulares y otras maravillas tecnológicas fuera del alcance para la inmensa mayoría de los cubanos. Tratándose de latinoamericanos, es más probable que se hable de un mexicano, venezolano ó colombiano, por haber un mayor conocimiento sobre estos países. Sin embargo no se trata de ninguna deferencia. Iris me dijo un día: La gente de esos países es fea, pero los más feos son los mexicanos y los peruanos. Son como indios, pero feos, con las narices chatas, los pelos parados, barrigoncitos…Yo, físicamente, no tengo el aspecto del mexicano común, por lo cual ha sido motivo de discusión si soy ó no soy un yuma. Todo cubano sabe que la mayoría de los mexicanos somos pobres y tenemos que brincarnos la barda hacia los Estados Unidos, país al que sí se ubican geográficamente dentro de esa masa confusa de los territorios que conforman “El Yuma”.

Dejando de lado las cuestiones conceptuales sobre la extranjería, siempre habrá muchísimas jovencitas que desearán irse con el extranjero para complacerlo a cambio de una propina, ó si se llega a entablar una amistad, a cambio de regalos que puede ser en efectivo, no necesariamente en ropa u otros artículos. Iris no piensa en un empleo formal, por un salario de alrededor de diez dólares mensuales.

Hace ocho años, Leidis no permitió que la llevase hasta la puerta de su casa, para evitar el chismerío del barrio de que fulanita está de jinetera, término cubano que se utiliza en lugar de uno más fuerte que existe en la lengua castellana. Con el paso del tiempo la sociedad ha dejado de juzgarlas con esa severidad. Es frecuente decir que fulanita tiene que “resolver” de alguna manera sus necesidades económicas, y si contribuye al hogar, tanto mejor. Siempre se sospecha de jineterismo de toda muchacha que se vista bien, pero bajarse de un carro de turista, de chapa roja, implica confirmar esas sospechas y Leidis, en aquella ocasión, prefirió evitarlo.




Iris no es muy alta y usa sandalias bordadas, tipo árabe. No utiliza tacones altos, como la mayoría, para aparentar ser más alta de lo que es. Se ve auténtica así. Si no finge con los zapatos, mucho menos finge en su casa. Me llevó a conocer a su familia, en el reparto de Santa Fé. La casa se ubica a media cuadra del mar. Dónde me parqueo, pregunté. En el pórtico de la casa, dónde más? No le preocupa que vean el carro con la chapa roja, pensé. Me trataron como a un viejo amigo de la familia, pero no hubo nada que ofrecerme, más que cortesías. La radio no funcionaba, así que pronto decidimos irnos hacia una playa cercana, en Baracoa, a tomar unas cervezas. Evita se trepó al carro, sin más.

En la playa Evita se desató. Corrió en la arena, cogió un cangrejo, trepó en un árbol y de pronto dijo: “El que se meta conmigo, se mete con Changó”.



Sucede que el tío de Iris practica la Santería. Ella también es una creyente convencida. Utiliza una pulsera y un collar elaborados con bolitas de plástico, unas blancas, otras amarillas. Dice que los espíritus le dan protección. No me gusta hablar de la religión de las personas, y mucho menos de una que no conozco. Por interés, y por cortesía hacia Iris y sus familiares, los invité a visitar el Museo de la Santería en Guanabacoa, que ellos solo conocían por un programa cultural de la televisión cubana. Una mampara ilustra al visitante: “La Regla de Ocha o Santería, creada por los esclavos pertenecientes a la cultura Yoruba, está basada en la creencia y adoración de un grupo de entidades, Orichas o Santos devenidos en seres que representan y simbolizan las fuerzas de la naturaleza y las actividades, rituales, pasiones y sentimientos de los seres humanos”. Los espíritus o deidades más importantes son Obatalá, simbolizada por el color blanco, dueña de la paz y la pureza; Changó, simbolizado por el color rojo, es dueño de la guerra, el fuego, los truenos y los tambores; Ochún, simbolizada por el color amarillo, es dueña den los ríos, el amor y el dinero; y Yemayá, simbolizada por el color azul, es la dueña de los mares y de la maternidad.

Los ritos de iniciación de Iris le costarán una buena cantidad de dinero de la que no dispone pero está dispuesta a juntarla, ya podremos imaginarnos cómo, con tal de recibir la protección correspondiente. Tiene que comprar un carnero y un gallo vivos, que serán degollados en la ceremonia, y tiene que comprarse ropa y zapatos nuevos, todo de color amarillo, y tendrá que portar prendas de ese color durante todo un año. Necesita un nuevo guardarropa. Iris me contó un día que para contar con mayor protección de los espíritus, tendría que tener un hijo varón. –Pero si apenas puedes mantener a las dos niñas, le dije. –Está vez me fijaré bien con quien encargo al niño, y si el marido no me sale bueno, tendré de cualquier forma más protección.

Aquel día en la playa, se nos acercó Evita a Iris y a mí, y con toda naturalidad y mucha gracia dijo: Yo quiero tener mi yuma para que me compre perfumes, regalos, fotos, y que tenga fulas, muchos fulas…término que significa dinero. Solté una carcajada al escucharla. – Y cómo es eso de que quieres tener tu yuma, Evita? -Sí, pero mi yuma tiene que ser bonito, como mi vecino. –Y dónde lo vas a conseguir? -En el malecón.

Iris estaba orgullosa de la desenvoltura de Evita, lo cual habla de la inocencia de Iris. O habrá madre que esté preparando a una niñita de cuatro años para ser jinetera? Yo pienso que no. Pero Iris sabrá que el yuma con el que sueña Evita no será ningún príncipe azul. En qué mundo vive, para no sentir escalofríos con el sueño de Evita? Además, la niña casi siempre la acompaña. No hay secretos entre ellas. Yo pienso que Iris es de esas mujeres que no lucha contra su entorno, y mejor se deja llevar por él con suavidad. Como las esclavas del Sultán de la Antigua Persia.

Vi por última vez a Iris al bajarse del carro en el Hospital Materno-Infantil de La Habana. La bebé había cogido un resfriado que se convirtió en bronquitis aguda. Estaban suministrándole oxígeno. No la vi preocupada, ni despreocupada. Había cenado conmigo, y llevaba sándwiches para el desayuno. Bajé la rampa del hospital, me incorporé a la avenida, crucé la Rotonda del Obelisco, tomé hacia Marianao y después hacia La Lisa.




Durante el trayecto, en mi reproductor de MP3 comenzó a sonar una canción en la voz de Guadalupe Pinea:



Todo cambia,
Cambia lo superficial,
Cambia también lo profundo….

Qué es lo que ha cambiado en Cuba? No lo sé. Mi mejor respuesta es narrar el cuento del yuma con el que sueña Evita.


La Habana, enero de 2007