
Un viernes por la noche estábamos charlando en la casa de un amigo en La Habana, él, su mujer y otras personas. En las casas habaneras nunca faltan las visitas. La costumbre de visitar a los amigos no se ha perdido allá, como sucede en muchas otras grandes ciudades. El que llega siempre es bienvenido y se une sin problemas a la charla con los demás, si lo desea. Yo como extranjero muchas veces no tengo un tema en común con ellos, pero cordialidad, siempre la encuentro.
Llegó de pronto un muchacho jóven. Entró de manera muy casual, y dijo: -Mira Edgardo, ahí te dejo las fotos de la boda. Salieron super chéveres y gracias por todo. Mi amigo Edgardo había sido el padrino del novio. Las damas presentes comenzaron a decirle lo bien que se veía ese día, con traje y corbata, que son prendas que el casi nunca utiliza. Sonreía con satisfacción. Las fotos comenzaron a circular entre todos los presentes, una por una, de izquierda a derecha. Había sido una gran fiesta, por lo que vi. Fue en un jardín precioso con el toque idílico que dan las palmeras del Trópico. Los novios hacían buena pareja. Ella era rubia, con una sonrisa muy agradable. El vestido de novia bien ajustado permitía ver la frondosidad de un cuerpo hermoso. Se tomaron muchas fotos juntos, conforme transcurrió la tarde. Se me hicieron curiosas las que se tomaron por la noche, unas todavía en el jardín, besándose con pasión y con locura, y sobre todo las de la habitación, mostrando escenas ya casi íntimas...-Y esas fotos quien las tomó? pregunté algo intrigado. -Un mariconcito que se dedica a eso...De todos modos no me pareció muy normal que los novios estuvieran mas preocupados por la cámara que por vivir la escena. -Países distintos, costumbres distintas, pensé.
Vi en algunas fotos a algunos amigos de la familia de Edgardo que yo conocí, a su hija con sus amigas, algunas de ellas muy lindas...Ver las fotos de una boda siempre tiene un encanto. En eso tocó el turno de mirar la foto del carro de los novios, que era un Lada gris, ya un poco viejo y un tanto maltratado. El Lada es un automóvil compacto de fabricación rusa, y ya está descontinuado, al menos ese modelo que fue tan popular en Cuba. -Oye, Caballo, le dije a mi amigo, les hubieras prestado el Yaris que te acabas de comprar! Me lo había mostrado el día anterior. Es un carro mediano pero mucho mejor que el Lada. Lo pudo adquirir gracias a que su mujer es extranjera, y ella, a diferencia de la mayoría de los cubanos comunes y corrientes, si tenía autorización del Estado para comprar uno.
Llegó de pronto un muchacho jóven. Entró de manera muy casual, y dijo: -Mira Edgardo, ahí te dejo las fotos de la boda. Salieron super chéveres y gracias por todo. Mi amigo Edgardo había sido el padrino del novio. Las damas presentes comenzaron a decirle lo bien que se veía ese día, con traje y corbata, que son prendas que el casi nunca utiliza. Sonreía con satisfacción. Las fotos comenzaron a circular entre todos los presentes, una por una, de izquierda a derecha. Había sido una gran fiesta, por lo que vi. Fue en un jardín precioso con el toque idílico que dan las palmeras del Trópico. Los novios hacían buena pareja. Ella era rubia, con una sonrisa muy agradable. El vestido de novia bien ajustado permitía ver la frondosidad de un cuerpo hermoso. Se tomaron muchas fotos juntos, conforme transcurrió la tarde. Se me hicieron curiosas las que se tomaron por la noche, unas todavía en el jardín, besándose con pasión y con locura, y sobre todo las de la habitación, mostrando escenas ya casi íntimas...-Y esas fotos quien las tomó? pregunté algo intrigado. -Un mariconcito que se dedica a eso...De todos modos no me pareció muy normal que los novios estuvieran mas preocupados por la cámara que por vivir la escena. -Países distintos, costumbres distintas, pensé.
Vi en algunas fotos a algunos amigos de la familia de Edgardo que yo conocí, a su hija con sus amigas, algunas de ellas muy lindas...Ver las fotos de una boda siempre tiene un encanto. En eso tocó el turno de mirar la foto del carro de los novios, que era un Lada gris, ya un poco viejo y un tanto maltratado. El Lada es un automóvil compacto de fabricación rusa, y ya está descontinuado, al menos ese modelo que fue tan popular en Cuba. -Oye, Caballo, le dije a mi amigo, les hubieras prestado el Yaris que te acabas de comprar! Me lo había mostrado el día anterior. Es un carro mediano pero mucho mejor que el Lada. Lo pudo adquirir gracias a que su mujer es extranjera, y ella, a diferencia de la mayoría de los cubanos comunes y corrientes, si tenía autorización del Estado para comprar uno.
La respuesta me dejó confundido: -Sucede que supuestamente, la boda se realizó hace tres años, y el Yaris lo acabo de comprar. Se podrían dar cuenta! -Darse cuenta de qué? No entiendo...
Sucede que la novia es española y el novio es cubano. Ya casados, irían a la Embajada de España para tramitar el pasaporte de él...Los funcionarios consulares harían grandes interrogatorios a la pareja, juntos y separados, preguntándole a ella los gustos de él, a él los de ella, y después harían un análisis de congruencia de todo ello junto con la evidencia documental. Las fotos de la boda eran una prueba muy importante que habrían de llevar.
-Pues que serán tan morbosos los españoles para someter a la pareja a esas diligencias? les pregunté.
-No, de morbosos nada. Solo es que son desconfiados. Hay muchas bodas así, arregladas nomás.
Si todo sale conforme a lo que estaba planeado, al llegar la pareja a territorio español se separarían de inmediato, toda vez que se conocieron pocos días antes de la boda. Ella no hizo toda esta simulación nada más por altruismo: El negocio le dejará a ella 10 mil euros que tendrá que pagarle su flamante marido antes de abordar el avión!
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