jueves, 20 de septiembre de 2007

EL COMUNISMO DEL CHE GUEVARA ¿Para qué Sirve una Escalera?




El apartamento donde me hospedé en La Habana no tiene nada de peculiar. Debajo habita la dueña que se llama Marta. Arriba no hay nada pues es azotea. El día que llegué, quise acomodar los muebles de una de las habitaciones de otra manera. El ropero de al lado de mi cama me incomodaba y me pareció que quedaría mejor el buró. Quité un tapete para facilitar mis movimientos, y vi que debajo estaba una tabla. Moví la tabla y apareció un hueco en el piso. Me asomé y descubrí una escalera tipo marino que partía de la habitación de abajo…


Yo generalmente me hospedaba abajo. La habitación del frente era la mía, y en la de atrás se quedaba Marta. Siempre tuve la sensación de que en esa habitación había un misterio, pues nunca la pude mirar a pesar de que me llevaba con Marta bastante bien. En aquellos tiempos en el apartamento de arriba vivía Julio, el hijo de Marta, con su mujer y sus niñas.En esta ocasión ya no estaban ni Julio, ni Kenia, ni las niñas. Habían emigrado para el Perú.


Por esa razón me alojé arriba.La noticia no me tomó por sorpresa. Ya me habían comentado tanto Marta como ellos ese plan de irse de Cuba. Inclusive Marta me ofreció venderme el apartamento de arriba. Yo no quise porque aun cuando era barato, no vi mucha seguridad para mi inversión. Las leyes cubanas sencillamente no permiten la compra-venta de inmuebles. Las permutas de vivienda si son usuales y legales, o sea que para participar en este mercado, para comenzar hay que tener una. Marta insistió tanto en vendérmelo, que decidí preguntarle el motivo de su insistencia: Julio necesitaba dinero para iniciar su nueva vida en el Perú, y vendió el apartamento a un conocido de él. Es decir, que Julio recibió el dinero, y cuando él partiese al Perú, Marta le entregaría las llaves al nuevo propietario, y después ya se vería como se legalizaría la situación.


Pero Marta se negó a entregar las llaves porque Julio nunca la consultó, y además, no iría a vivir ahí la madre de Osiel como le habían dicho, sino otras personas a quienes Marta no conocía. Osiel, el comprador, la amenazó con denunciarla ante el Ministerio de Vivienda por tener dos viviendas, siendo que ella tiene derecho a tener solo una. Dado que una persona solo puede habitar una vivienda al mismo tiempo, tener dos implicaría que la otra se tiene en renta y que habría gente viviendo de sus rentas lo cual contrariaría gravemente el carácter socialista de la Revolución Cubana. No se trataba pues de un asunto menor.


Marta le dijo que a Osiel que si el insistía en tomar posesión del apartamento por la fuerza, sería ella quien lo denunciaría a él ante Vivienda. Osiel caería en el mismo supuesto legal con el que amenazaba a Marta, pues entonces sería él quien tuviera dos viviendas. Y mas aún: Se le podría acusar de otros delitos. –Entiendo Marta, pero que sucederá si yo le compro y usted también se niega a darme las llaves? A mi no solamente me podrá denunciar ante Vivienda, sino también ante el Ministerio de Inmigración y Extranjería…–Le doy mi palabra que no será así. Y además vea, aquí están todos los papeles que acreditan que yo soy la legítima propietaria. Habría que hacer los trámites del desglose de la propiedad, para que en lugar de ser una propiedad, sean dos, la mía y la que le voy a vender. Y vea, esos trámites ya van avanzados…


Cuando Julio construyó el apartamento sobre la casa de su madre, ni pidió permiso ni informó a la autoridad. Legalmente su apartamento no existía, y en caso de haber existido, hubiese tenido que sujetarse a un proceso de asignación. Era probable, pero no seguro, que a Julio le fueran a asignar la vivienda que el construyó, pues hay familias con mayores carencias, con mayor tiempo solicitando vivienda o con mayores méritos en el Partido. Julio nunca hizo los trámites y estando en el Perú la cuestión se complicó más.Un día, un inspector detectó la existencia de la escalera exterior que construyó Julio para subir a su apartamento y que violaba, según el criterio del inspector, el reglamento establecido para la alineación de las construcciones urbanas.


La sanción que correspondía era la demolición de la escalera. El parecer del inspector era que la longitud de la escalera debía considerarse de la fachada de la casa hacia fuera; el de Marta, era la separación entre el pie de la escalera y la calle. El reglamento era omiso y Marta logró evitar la demolición de la escalera.Obtuvo un triunfo colateral: Se generaron documentos oficiales que hablaban de la existencia de la escalera. Si la escalera existía, ya sería menos difícil alegar la existencia de la vivienda. Y que siempre habían existido tanto la escalera como la vivienda desde antes del triunfo de la Revolución.


Con esa legitimidad de origen, ya no habría ningún problema en torno a las cuestiones cruciales de la asignación de esa vivienda y de los medios que fueron utilizados para construirla. La vivienda sería de quien estuviese viviendo ahí. Sin embargo, en el caso mío, seguía vigente el problema de que un extranjero no puede tener vivienda en Cuba. El enredo legal en torno a la venta que me proponía Marta era tan grande, que decidió hacerme la propuesta en términos más sencillos: Cuando yo fuera a Cuba, yo me podría alojar ahí cuando quisiera y por el tiempo que quisiera. La operación sería en efectivo y de buena fé. Sin papeles ni documentos.


Marta quería el dinero mío para pagarle a Osiel, porque es una mujer de honor. Si no entregaba el apartamento, lo correcto era devolver el dinero. Era la prueba más contundente de que ella sí tenía honor y que si honraba la deuda con Osiel, también honraría la operación conmigo.


Cuando volví y me hospedé en el departamento de arriba, la situación había evolucionado. Marta decidió que no le vendería a nadie el departamento, pues tenía algunas noticias de que a Julio, en Perú, no le estaba yendo bien. Más bien la sospecha era que la estaban pasando bastante mal, trabajando mucho, haciendo grandes sacrificios y aun así, el capital que habían logrado juntar vendiendo todas sus pertenencias en Cuba iba mermándose.

Así que Marta decidió salvaguardar el apartamento por si Julio volvía a Cuba. A Osiel le fue haciendo algunos pagos parciales con el dinero que conseguía por alquilar el apartamento a otros turistas como yo. Aceptaba esos pagos parciales pero de vez en cuando, por su carácter irascible e intempestivo, amenazaba a Marta con la denuncia ante el Ministerio de Vivienda.


Ahora el problema se volteó al revés: Había que demostrar que era una sola vivienda en vez de dos. Nunca supe cuando fue que mandó perforar la loza entre la habitación del piso inferior con la del piso superior e instalar la escalera marinera que descubrí casualmente el día que intenté mover un ropero para poner un buró. El dato crucial para mí es si la escalera interior se hizo antes o después de todo el lío con Osiel, para saber que tan precavida es Marta. En lo que no hay duda es que si dos apartamentos están conectados por el interior por una escalera, no son dos departamentos sino que se trata de uno solo, pues si no ¿para qué que existe la escalera?


La Habana, Cuba, verano de 2007

No hay comentarios: