TODA UNA PRINCESA
No necesita pectorales de oro ni pulseras de esmeralda ó jade. Ni ceñirse una corona de brillantes y rubíes. Ni tampoco vestido de encaje ni blusa de marca. Porta como único adorno una larga cabellera. La hace femenina. La hace princesa. Es tan sencilla y tan majestuosa como la Basílica de Girón, Santander, con sus paredes blancas y sus campanarios, que tampoco necesita de torres para ser iglesia.
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