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martes, 24 de febrero de 2009

CRÓNICA: ¿QUIÉN QUIERE SER MILLONARIO? Ó EL MÉTODO DE LA SERENDIPIDAD LLEVADO A LA PANTALLA GRANDE

Freida Pinto. Una Chica Latina, o Hindú.

CRÓNICA: ¿QUIÉN QUIERE SER MILLONARIO? Ó EL MÉTODO DE LA SERENDIPIDAD LLEVADO A LA PANTALLA GRANDE

Anote señorita, seguiré dictándole la novela, hoy fui al cine, entré a la matinée para hacer tiempo antes de irme a una comida de negocios, y dio la casualidad que en el cine que me quedaba cerca pasaban la película ¿Quién quiere ser un millonario? Yo no sé de Óscares ni estatuillas de la Academia, pero después de ver la película investigué, y vea, el Óscar a la mejor actriz no se lo dieron a quien más se lo merecía, por la belleza de su rostro, por su sonrisa y por su sensualidad. Le estoy hablando de la actriz principal Freida Pinto. Ahora compárela con Penélope Cruz y nada que ver. Esa chica Freida tiene un toque latino además del nombre y el apellido, nació en Mumbay, antes Bombay. Desconozco su árbol genealógico, puede ser que tenga ascendencia brasileña o portuguesa o puede ser que los hindúes tengan la costumbre de ponerse nombres extranjeros, como en Centroamérica, dónde abundan los Morgan´s, o en Colombia, dónde hay muchos Frank´s, nada más es cosa de revisar la lista de los liberados por las FARC o la lista de los seleccionados de futbol de esos países.

Quiso el azar que yo viera esa película, que se trata del azar, porque el chavo que responde las preguntas en el concurso adivinó las últimas dos, y las que se sabía también fueron producto del azar. Suponga que a Usted le preguntaran cuál es el signo zodiacal del Papa Benedicto, y Usted contesta acertadamente, no lo digo porque sea asidua lectora de revistas del corazón, sino que por pura coincidencia haya nacido el mismo día que su marido u otro pariente cercano a Usted, y entonces Usted se sabría el signo zodiacal de ambos, por pura casualidad.

El chavo de la película contesta diez preguntas al hilo acertadamente sobre distintos temas, por puras casualidades como la que le comento, y entonces el jurado sospecha que el chavo está haciendo trampa, y resulta que el detective que lo interroga lo exonera porque hubo casualidades pero no hubo trampas.

El meollo de la cuestión es ¿qué hacía un tipo tan ignorante como ese en un concurso? Si, adivina Usted, la chava de la que hablábamos, Freida Pinto, fue el gran amor de su vida, y la había perdido entre las multitudes de la India, que ya es decir, y la única forma que se le ocurrió para hacerse el encontradizo fue aparecer en ese programa de televisión, y que cree, que la chava lo ve, que el chavo gana el concurso de los 20 millones de rupias y vivieron felices para siempre, o al menos eso es lo que dan a entender.

Se pudieron haber evitado un final tan cursi al estilo de Televisa e inventar uno mejor, pero vea, el chavo tiene la intención de encontrar a su amor perdido, y concursa en la televisión, y el hecho de que gane el premio es algo secundario, pues no es lo que buscaba, pero por puro azar contesta bien, gana el premio, y lógico, la chava que estaba casada con un millonario sesentón lo abandona y sale corriendo al encuentro de su primer amor, justo unos minutos antes de que él se vuelva millonario en la última pregunta.

El azar sin intencionalidad es azar, e intencionalidad más azar se llama serendipidad, pero aquí el punto interesante es que todo confluye. A Freida Pinto la considero una chica latina, y más ahora con ese detalle que le estoy dando, que cuando todos eran pobres ella lo abandona a él, y cuando le late que va a ser rico corre a buscarlo, pero justo es reconocer que ella también se arriesga, no sabe si va al encuentro de un millonario ó de un muerto de hambre, ya que el chavo pudo fallar en la última pregunta, y entonces quien sabe que hubiera pasado.

Capaz que yo retomo esta historia, el chavo contesta mal la pregunta y el reencuentro de ambos habría sido distinto, y en lugar de ese apasionado beso habría habido una reclamación. Debí haberlo imaginado, podría decir ella, soy una estúpida, o algo por el estilo...

Ya vio como a través del método de la serendipidad se pueden escribir novelas, no me conteste ahora, piénselo. Anote al calce que la serendipidad es una búsqueda activa, no obsesionada, de alguna cosa que nos interese. En el proceso estamos expuestos a las caprichosas fuerzas del azar frente a las cuales no hay nada que hacer sino resignarse. La suerte puede favorecer o perjudicar, ya que es una fuerza carente de moral. Debemos estar atentos a la llegada de los Cisnes. De los Cisnes Negros Benevolentes que traen amores y fortunas y de los Cisnes Negros Malévolos que traen catástrofes y desgracias, como lo explica magistralmente Nassim Taleb. Pero hay quienes ni siquiera se toman la molestia de mirar las aves que circulan por los cielos y confunden a los cisnes con las palomas, y persiguen a los murciélagos de día y a los cóndores por las noches.

jueves, 4 de diciembre de 2008

LA SERENDIPIDAD Y EL CHIPÁ

Tatiana. Una Chica Morocha.


Cataratas de Iguazú.



LA SERENDIPIDAD Y EL CHIPÁ

Cuando despertó, la chica todavía estaba allí…

El hombre respiró aliviado. Se propuso no volver a dormir hasta que ella no se hubiese marchado.

Tenía sueño y no quería correr el riesgo de que ella se llevara sus tarjetas de crédito, el dinero en efectivo y sus documentos de viaje, como le sucedió una vez en La Habana. Así que al liquidarle sus servicios le dio una propina generosa. Para ella sería un “bono por honestidad” y para él, un “impuesto por reincidencia en los mismos errores”. No le explicó nada de esto. Solo notó que ella se puso contenta.

Al avanzar hacia las cataratas de Iguazú, otro susto: Retén policial. El hombre, de nacionalidad mexicana, había entrado a Brasil sin visa, proveniente del Paraguay. El guardia miraba atentamente todos los vehículos, sin detenerlos. Pero le marcó el alto justo al taxi en el que viajaba él. Cruzaron tres muchachas a las que el guardia sonrió. Miró de nuevo al taxi y le hizo la señal de que siguiera. El hombre respiró aliviado.

Al llegar a la entrada del parque en Foz de Iguazú miró el reloj y dijo: -En siete horas debo estar en el aeropuerto de Asunción. Quedan dos horas y media para recorrer las cataratas. Hizo el recorrido. Quedó maravillado y con ganas de volver. Solo en Machu Pichu, en la represa de El Peñol en Antioquia y en el mirador del Nido del Águila en Berchtesgaden había contemplado paisajes equiparables. Recordó que a esos lugares había llegado también por accidente y no les dedicó más de las dos horas y media que ahora correspondían a Foz de Iguazú.

De nuevo había que cruzar todo el Paraguay, desde Ciudad del Este hasta Asunción. No había tiempo para almorzar. El chofer se detuvo tan solo para comprar cuatro piezas de "chipá", unos panecillos típicos que les mitigaron el hambre, y reservó dos para su hija menor porque ella siempre espera que él le lleve algo cuando vuelve a casa.

El hombre llegó a tiempo al aeropuerto. En emigración lo detuvieron.

-¿A qué vino?

–A las cataratas.

-¿Cuánto tiempo estuvo allá?

-Dos horas.

-¿Viaja solo?

–Sí.

–No es común que los turistas vengan solos.

–No. No lo es.

Ninguna respuesta parecía convencer al inspector. Revisó entonces todo el equipaje de mano. No encontró nada. El hombre lo miraba divertido. Solo él sabía que su historia era inverosímil pero cierta. Cuando lo dejaron pasar respiró aliviado.

Así fue como llegó a Buenos Aires, a los bares de allá, a contar una historia verosímil pero falsa.

–Soy traqueto, dijo.

-Sós qué, preguntó la chica.

–Traficante.

–Invitáme una copa.

–OK.


Ella es paraguaya. Morocha. Cabello negro y tez blanca. El le relató su viaje. Escuchaba como escuchan ellas, fingiendo interés, hasta que se le llenaron los ojos de lágrimas cuando oyó que él había comido chipá. Añora su país.

Iniciaron una amistad que duró hasta que él se fue.

¿A qué fue el hombre a Paraguay? Ahora recuerda que la serendipidad es la “capacidad para hacer descubrimientos deseables por accidente…” ó “encontrar algo magnífico mientras se busca otra cosa”, definición que ahora le es útil para no quedar como un tarugo. Fue a Paraguay porque conocía los cuentos de Horacio Quiroga y los de Hugo Wasp, y porque había visto las fotos de una dama muy hermosa que compitió en las Olimpiadas de Beijing representando a ese país. Fue a Iguazú porque en Asunción no había nada que le llamara la atención con la salvedad de que los paraguayos hablan entre ellos el idioma guaraní y siendo las cosas así es lógico que no llevara visa del Brasil.

Ahora él dice que fue al Paraguay a conocer Iguazú y a comer chipá.