Ivana. Una Chica RusaPreludio
-Tus cuentos son muy literales, Alcides. Si quieres ser novelista, tienes que comenzar a exagerar. Toma un rasgo de la realidad y expándelo a la máxima potencia de la que seas capaz. Además, leí tu libro, Cincuentenario, Editorial Patito, 2009, y veo que relatas nada más los “grandes hechos” sin hacer mención alguna de lo que sucede en los intermedios. ¿No me decías que te gustan las novelas históricas de Francisco Martin Moreno, porque por ejemplo, narra que a Venustiano Carranza le dio la gana de ir a fornicar antes de mandarle un telegrama al Presidente de los Estados Unidos?
-Tienes razón. Aunque la realidad muchas veces rebasa la imaginación, veo el punto. Exageraré. Pero corro el riesgo de que los pocos amigos que saben de este blog piensen que me la pasé fatal. Mejor les advierto que no fue así, ó como dice uno de ellos, tal vez sí, pero lo más seguro es que quien sabe.
-Dale pues.
El Hombre Indeciso
El hombre se despierta y no se levanta, porque no sabe si primero se parará a orinar o primero se fumará un cigarrillo, vicio que por cierto quiere dejar. Anoche se desveló, y no tenía pensado desvelarse, pero las indecisiones lo fueron llevando a lo que él no quería hacer. Después de ducharse se fumó otro cigarrillo, tendido en la cama, hasta que se levantó, más por fastidio que por decisión, y salió a caminar, con la idea de que quería ir de compras. En el centro comercial no compró nada, pero eso sí, entró a varias tiendas a preguntar por camisas de algodón, y si se las mostraban, decía que tal vez, pero que en realidad lo que estaba buscando era un saco de vestir…
En eso vio que vendían boletos del teatro a mitad de precio, y se dijo, debes comprarlos, porque es una buena oportunidad, y haciendo fila, cavilaba sobre si le convendría la función de las siete y media o la de las diez y media, y al llegar al mostrador eligió la opción número dos, a pesar de que estaba decidido unos segundos antes a adquirir la función número uno…Y el se autojustificó: Así el día me rendirá más, aunque en realidad no tenía ni idea de lo que iría a hacer con un día tan rendidor. Salió a la calle y compulsivamente se metió al Starbucks, a fumarse un cigarrillo y a cavilar sobre lo que haría después. No conocía esa ciudad, pero le comenzó a llamar la atención un autobus de dos pisos, como los ingleses, y lo vio arrancar, y pensó que sería buena idea subirse en el siguiente.
Se subió al segundo piso, sin cavilar, aun cuando en las escaleras le surgió la inquietud en torno a si habría asientos libres, porque de lo contrario hubiese sido mejor quedarse en el primero. Se tranquilizó al ver la primera fila de asientos vacía y se sentó, y durante algunas cuadras, o unos cinco minutos, fue sereno, viendo la ostentosa arquitectura de los edificios de esa ciudad, como el Cesar´s Palace, y las imitaciones de los monumentos de otras ciudades, como la Torre Eiffel, el Obelisco y la Pirámide de Keops, versión de vidrio polarizado, pero más adelante le surgió la duda de dónde se bajaría, si eligiría una parada al azar o se quedaría hasta finalizar la ruta. Después de tres cuadras más de cavilaciones bajó al primer piso, y casi con desesperación apretó el botón que había que apretar, de acuerdo con el letrero en inglés que vio arriba de la puerta.
Se apeó y se preguntó ahora que hago, y como no sabía se puso a caminar sobre el mismo boulevard sobre el que circulaba el autobús, pero ahora en la dirección opuesta, para no alejarse más del hotel en que se alojaba y no adentrarse en territorios desconocidos.
Sobre la acera vio hoteles, restaurantes y casinos, y aunque había decidido no jugar, decisión en la que se mantuvo firme, se preguntaba si valdría la pena entrar a conocer un hotel más, puesto que le habían dicho que los hoteles eran el gran atractivo de esa ciudad, o si sería mejor tomar de una vez el lunch. Pero ningún lugar le apeteció, así que siguió caminando, arrastrando sus dudas a cada paso que daba, y quienes lo veían pasar no sabían si caminaba con tanto afán por la cojera en su pie izquierdo o por la carga tan pesada que llevaba, quién sabe de que sería puesto que iba con las manos vacías, pero algo muy pesado cargaba, eso cualquiera se lo notaba en el rostro.
Llegó a la acera en dónde se encontraba su hotel, pero decidió que todavía era temprano para entrar, por lo que se quedó en la terraza de una cafetería que daba hacia la calle, y se sentó, y pidió una cerveza, y por un rato se serenó, viendo pasar a la gente, hasta que vio el reloj, y pensó que ya era hora de almorzar, y pidió la carta, y se la trajeron, y cuando volvió la mesera dijo que no, que muchas gracias, que mejor otra cerveza, puesto que hubiese sido de mala educación haber llamado a la mesera en balde, pensó para sí.
Comenzó a hacer las cuentas de las horas que faltaban para la función de teatro, y todavía eran muchas. Pensó, me voy a descansar al hotel para estar fresco, y así lo hizo, y en la habitación le vino el hambre, y pidió el room service, y el menú que le dijeron por el teléfono no lo convenció, pero pidió una pizza y unas cáscaras de papas rellenas quien sabe de qué. Calculó bien su tiempo, se bañó de nuevo, encendió el televisor, eligió el canal del CNN, el de las noticias, ya que es el único en el que no pierde la concentración, ya sea porque para escuchar noticias no hace falta concentrarse mucho aunque estén en idioma inglés, o bien porque si se desconcentra en una noticia que más da, al fin luego viene la noticia siguiente, y las noticias verdaderamente importantes del día las repiten una y otra vez, como la de la señora que dio a luz a ocho bebés, si, ocho, después de un tratamiento de fertilidad, y el debate se puso álgido cuando se supo que ella ya tenía seis hijos más, que vivía con el papá, y que cobraba los beneficios de la seguridad social.
Llegó la hora de partir a su función de teatro de las diez y media, y se levantó, e hizo la fila para tomar el taxi, y el botones le preguntó a dónde va, y el contestó, ya sin el agobio de las dudas que se le presentaron mientras veía el televisor, que al Rhino´s, y el taxista le dijo que qué bien, que era un buen bar de chicas ese lugar, pero que antes le daba tiempo de ir al teatro, y el dijo sí, eso pensé, pero ya no, me lleva al Rhino´s por favor.
Entró al lugar y le gustó, y pensó qué bien que decidí no ir al teatro, aunque haya perdido treinta dólares no importa, al final de cuentas el dinero es para gastarse. Se sentó dónde hubo lugar, ahora no tuvo dudas como otras veces, que si en la barra o en las mesitas de atrás, porque no había opciones, solamente en la mesa aquella, que es la única que estaba vacía. Vio pasar a las rubias y a las morenas, a las peloncitas y a las de largas cabelleras, a las exuberantes y a las delgaditas, a las jovencitas y a las maduritas, pues había para todos los gustos. Se le acercaban a su mesa a ofrecerle bailes, y el decía, tal vez después.
Por detrás llegó una chica que le habló al oído, le dijo cómo te llamas, el dijo Juan, ella dijo Natasha, y entonces la vio bien, y no fue el quien decidió, sino su instinto, pues sencillamente la chica le fascinó. Ella le bailó en su mesa el tiempo que dura una canción, mostrando unas curvas de enorme sensualidad. Los senos hacen curvas, las nalgas también, pero las curvas mas hermosas de esa chica eran las que ella hacía con la espalda, que arqueaba con gran facilidad y mucha lujuria. Quiso acariciarla pero ella dijo no, prohibido tocar, y el no insistió porque en eso se acabó la canción. El pidió que le bailara más, ella le dijo que mejor en el VIP room, el dijo que cuanto, ella dijo que tanto, a el se le hizo mucho, así que dijo, mejor otra pieza de veinte dólares, y así se gastó cuatrocientos sesenta, el doble de lo que costaba el VIP room porque su instinto decidió que quería seguir con esa chica, a pesar de que el no quería gastar esa cantidad. Cuando ella se fue, el decidió que su próximo viaje sería a Rusia, puesto que de ahí era la chica, y además era muy parecida físicamente a una actriz pornográfica rusa que responde al nombre de Ivana Fukalot.
Al subirse al taxi dijo que lo llevaran al hotel, y el chofer le dijo que fuera a otro lugar, que había chicas aún más bonitas o que por lo menos igual, y el dijo no, pero preguntó que si ese lugar estaba lejos. El taxista dijo queda cerca, lo llevo y no le cobro, le sale gratis el viaje y a mi me dan la comisión, y el se dejó convencer con la ilusión de encontrar otra chica delgada, alta, tez blanca y cabello color miel, senos pequeños y pezones grandes, nariz puntiaguda y ojos verdes, como la rusa. Tardó en elegir mesa y tardó en elegir chica. Ahora era una chaparrita pero con un cuerpazo, dijo que su nombre era Tai, Tai repitió el, Tai repitió ella, que sí, que era de Tailandia, y ella bailó y esta sí se dejó tocar a diferencia de la rusa, pero acabó el baile y el instinto quería más, pero el pensó que mejor no, que para gastar dinero hubiese sido mejor gastarlo con la rusa, aunque las asiáticas también estaban sensacionales, y entonces para disipar sus dudas pidió otra cerveza, y llegó una chica negra, que si quería que le bailara, y el dijo no.
La chica negra insistió, que si ella le gustaba a él, y el pensó las negras nunca me han gustado, y dijo no te voy a responder, ella dijo que por qué no respondía, y el se mantuvo firme y volvió a decir no te voy a responder, y pensó, pero no lo dijo, que lo podrían acusar de discriminación racial, y ella preguntó no sabes hablar inglés, el dijo no, pensó así me la quito de encima, y lo logró, ella se fue maldiciendo a los que llegaban a los Estados Unidos sin saber hablar inglés.
Ahora si me voy al hotel, el taxista le preguntó que si le gustaba Las Vegas, el dijo hay mejores lugares para divertirse, como Bogotá o La Habana, esta ciudad no es para mí, y el taxista dijo que no había como Las Vegas, que había todo tipo de lugares, que había uno muy especial donde las chicas bailaban desnudas y no solo en tanga, y el preguntó que si de verdad, el taxista dijo ahora mismo lo llevo, y entró, y le preguntaron que si una botella de agua o una Coca Cola, porque alcohol solo en los privados con las chicas, y el ya no quiso gastar más, y tardó en irse, porque si ya pagué cincuenta dólares del cover ahora me quedo a ver el show. Llegó una rubia gordita, que si al privado, que ahí no había cámaras, y el dijo no, y ella se volteó con las demás chicas e hizo un gesto con los codos, diciéndoles miren éste no quiere gastar, y el le dijo compórtate, y la rubia gordita se hizo la desentendida pero dejó de bromear con sus amigas y entonces el se fue.
Por fin regresó a su hotel. Al bajarse el taxista le dijo, puede pedir chicas a su habitación, el le contestó eso ya lo sé, y entró a su habitación con la vejiga llena, justo a tiempo para orinar de emergencia, y en eso sonó el teléfono, y era una voz chillona de mujer, que le dijo yo soy a la que le llamaste en la mañana, ya te decidiste, mi amor, y el dijo no me estés chingando, ó algo así pero en inglés, y colgó y trató de dormir las cuatro horas que le quedaban antes de tomar el avión.
Epílogo
Ni tan pendejo, pensó para sí. Ese cuento ya me lo sé, me pasó una vez en Washington D.C., llamé a una agencia y llegó una chica, le dije pasa, me dijo págame, le dije que esperas, me dijo que espero de qué, pues eso, que te desnudes porque corre tiempo, me dijo, la prostitución acá es ilegal, yo estoy en la industria del acompañamiento, que te estas pensando, puedo llamar a la policía, pues llámala si quieres, yo diré que no dije lo que dije, y ahora te quedas en ese sillón de allá escuchando las pendejadas que se me ocurra decir durante los cincuenta y seis minutos de tiempo que nos quedan juntos. Me puedo sentar al borde de la cama si quieres, le dije no, mejor en ese sillón de allá, le pregunté estás cómoda, me dijo si, le pregunté que se sentía engañar a la gente de esa manera, anunciándose en la sección amarilla y salir con que ella era chica decente, me dijo yo no engaño a nadie, el desconocimiento de la ley no omite su cumplimiento, eso te pasa a ti por ignorante. OK, le dije, mira que bien, por cien dólares ya tuve mi lección de leyes, ahora pasemos a la clase de moral, tu no piensas que hay incautos con ilusiones como aquí tu servidor que está tendido en la cama, y así transcurrieron los cincuenta y seis minutos y le dije ya vete, cumpliste con el trato, me dijo que tenía un sentimiento extraño esa noche, que de alguna manera se sentía contenta de que alguien la hubiera mandado a la chingada de esa manera, que si se podía quedar otro rato más porque estaba a gusto, le dije no.
2 comentarios:
hola esta muy interesante tu blog por aqui pasare.
Saludos
XyAh: Me alegro, serás siempre bienvenida.
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