domingo, 22 de febrero de 2009

SEÑORITA SECRETARIA LE DICTARÉ UNA NOVELA

SEÑORITA SECRETARIA LE DICTARÉ UNA NOVELA

(Los micrófonos ocultos de la Redacción del Blog de los Humildes captaron el audio que se transcribe aquí, texto que viene a modo para ilustrar el fenómeno conocido como “presentismo laboral”. Continuará la intercepción de las comunicaciones en esa oficina -al fin que en México vivimos en un estado de derecho- para saber lo que haya ocurrido después ya que existe la sospecha de que ahí podremos encontrar “la nota”).

TRANSCRIPCIÓN

Señorita, véngase para acá con su libreta, voy a comenzar a dictarle una novela, si una novela, no me ponga esa cara. Pienso dictarle tres horas diarias como mínimo así que vaya haciéndose a la idea de que durante todo este año vamos a tener mucho trabajo. No, la novela no me la pidió el Director, la estoy escribiendo por mi cuenta. No, tampoco tiene que ver con asuntos de la oficina, pero Usted está aquí para tomarme el dictado y servirme el café y yo sabré como justifico el uso de mi tiempo y el de Usted también, como lo he venido haciendo durante los últimos cinco años, y conste que ni Usted ha hecho nada productivo ni yo tampoco, y además desde hace tiempo la veo como aburrida, desde que llega ya tiene ganas de irse porque no hay nada que hacer, a mi me pasa lo mismo para serle franco, solo que disimulo poniendo cara de mucha concentración viendo las noticias en el Internet, que ni me interesan, ni me sirven, y ya ni siquiera me distraen, porque básicamente es lo mismo que leo en el periódico todas las mañanas y lo que veo por las noches en la tele, así que para no aburrirnos he decidido comenzar a dictarle una novela.

Sí señorita, comprendo su punto, hacer una novela no es una cosa fácil, va a exigir mucha dedicación y esfuerzo y además, mucha organización, que bueno que toca el punto, porque vamos a trabajar ininterrumpidamente los trescientos sesenta y cinco días del año. Si, los fines de semana se los voy a dar, si, también los días feriados, si, también podrá faltar cuando me traiga los justificantes de incapacidad médica, si, también sus días económicos, y ya por favor, no me siga preguntando cuántos días más podrá faltar, le respetaré todo lo que diga su contrato y la ley aplicable en la materia, no me haga perder el tiempo con eso, si le dije lo de los trescientos sesenta y cinco días al año fue en sentido figurado, váyase acostumbrando, así hablamos los escritores y los poetas, y cuando tenga dudas, procure preguntarme en un momento que no sea inoportuno porque me puede cortar la inspiración. Quiero decirle que el dictado de cada día lo deberá poner en un archivo por separado, y en su momento los juntará todos, porque ahora mismo no sé ni cómo serán los capítulos, ni mucho menos el desenlace, y tampoco tengo el título. Ese ya se lo pondré cuando terminemos el dictado en el plazo de los trescientos sesenta y cinco días.

Anote en la libreta una reflexión previa, que según la Ley de Sturgeon, el noventa por ciento de todo lo que se escribe en ciencia ficción es basura, y yo la generalizaré a toda la literatura en general, así de fácil, porque sabrá que los pocos libros que llegan a ver la luz de la imprenta, la mayoría se quedan en las oscuros sótanos de las librerías, sobre todo si los patrocinó una universidad de prestigio, y solo una pequeñísima cantidad de los libros que se escriben están en los estantes, así que el destino mas probable para la novela que le pienso dictar será una pequeña edición privada, que tendré que financiar con mis propios recursos, y que tal vez se la reparta a algunos familiares y amigos, aunque eso no es seguro, así que también anote que uno de los rasgos de esta novela será la indecisión, si, la indecisión, hablará sobre la gran cantidad de personas que no saben que quieren hacer con su vida, y nunca han hecho nada para cambiarla, y no quisiera ejemplificar con el caso mío ni con el de Usted, porque somos 100 millones de mexicanos y más de 5 mil millones de habitantes en el mundo. Sí, desde luego que no conozco a tanta gente, veo que ya comenzó Usted a vacilarme, pero con los que conozco basta para tipificar a los personajes que aparecerán en la novela, no veo mayor problema en eso, o al menos puedo teóricamente contactar por facebook o hi5 a quién me de la gana. ¿Qué no ha escuchado la teoría de las seis personas?

Pues ahí le va, voy a leer directo del Internet, “la teoría de los seis grados de separación" establece que toda la gente del planeta está conectada a través de no más de seis personas. Cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona en el planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cuatro intermediarios. La teoría fue inicialmente propuesta en 1929 por el escritor húngaro Frigyes Karinthy en una corta historia llamada Chains y se describe también en el libro Six Degrees: The Science of a Connected Age del sociólogo Duncan Watts. El concepto está basado en la idea de que el número de conocidos crece exponencialmente con el número de enlaces en la cadena, y sólo un pequeño número de enlaces son necesarios para que el conjunto de conocidos se convierta en la población humana entera”. Suponga que tiene cien conocidos y yo otros cien, mis cien se conocen con sus cien, ya se conocieron mil, esos mil conocen a otros mil, vamos ya en un millón, el millón con el otro millón y ya llegamos al terreno de los millones de millones.

Ya le aclaré el punto de los personajes de los que puedo echar mano para mi novela, y ahora me sale con formalismos literarios que a mi juicio están pasados de moda. Si, tiene usted toda la razón, señorita, veo que recuerda bien sus cursos de preparatoria, en una novela debe haber argumento, personajes, secuencias y desenlaces, y también se debe decidir quien será el narrador. Puede ser el escritor que escribe en tercera persona y se da el lujo de conocer los secretos y los pensamientos más íntimos de todos sus personajes, o en primera persona, al estilo de una autobiografía. Por ejemplo, si me decidiera a escribir en tercera persona y la seleccionara a Usted como personaje, podría decir que llegó la secretaria con cara de sorpresa y que mientras tomaba el dictado, pensó que su jefe venía borracho ese día, o que tal vez había llegado mariguano. Usted dígame.

No licenciado, yo no pensé eso, aunque la verdad si me parece muy raro que de un día para el otro venga a decir que me va a dictar una novela, y en los cinco años que llevamos aquí nunca me ha dictado nada, más que unas tarjetitas que dicen que “de Usted para fulano”, la fecha, que les envía un cordial saludo y poca cosa más, como por ejemplo lo que me dictó ayer, “agradezco los documentos que hizo el favor de enviarme mismos que procederé a leer con atención”, y veo que los documentos siguen ahí mismo donde se los dejé, así que me parece que no le interesan, y si quiere que le hable con toda sinceridad, me da la impresión que en sus tarjetas pone puras mentiras, y no se vaya a enojar conmigo, yo he leído que los poetas y los novelistas se toman la vida con mucha filosofía.

Qué bueno que toca ese punto, no el de la filosofía porque no me cayó en gracia, me refiero al punto de la hipocresía, el mundo está lleno de hipocresía, los empleados que engañan a sus jefes, los jefes que engañan a los jefes de más arriba, los políticos de hasta mero arriba que engañan a toda la nación. No se lo había querido decir, pero de verdad cree que me tragué el cuento de la semana pasada, su cuñado también trabaja aquí, no sé que influencias tenga su familia con el Director, pero el caso es que su cuñado me dijo que el supuesto día de la enfermedad de su suegra, tuvieron una pachanga familiar, una carne asada en La Marquesa, porque estaban festejando no sé que cosa, y no se lo quise decir porque de todos modos no hacía falta que Usted viniera ese día, ni ningún otro. Para irnos entendiendo mejor, su presencia al igual que la mía solo sirve para que nos vean aquí, no sé quien sea el encargado de eso, pero está claro que si dejamos de venir indefinidamente un día nos dejarían de pagar el sueldo, y eso sí estaría grave, y lo mejor es que yo le dicte la novela.

Con tantas interrupciones no deja que me concentre adecuadamente, pero reconozco que me está ayudando a afinar la concepción de mi novela. No, por favor no señorita, no me interrumpa ahora otra vez, estaba por explicarle que una novela formal como las que Usted dice, con personajes y argumentos y toda la cosa, la puede escribir una computadora sin necesidad de un escritor, tan solo hace falta un ingeniero en sistemas y un programador, que ponga toda la literatura en lengua castellana en su disco duro, coloque etiquetas y marcadores a cada personaje, despliegue un menú con los argumentos, y la computadora hace la novela ella solita. Imagínese, la Reina del Sur de Arturo Pérez Reverte se podría enamorar de Martín Salomé, el personaje de Mario Benedetti, y en este caso no existiría Laura Avellaneda, ni se enamorarían en una oficina, así como la nuestra, sino que su romance podría suceder en los muelles de Veracruz en lugar de Montevideo, ella supervisando el embarque de un cargamento de efedrina, él paseando por ahí para inspirarse para un poema, y zas, que cruzan una mirada furtiva, ella le gusta a él, él le gusta a ella, vuelven a mirarse fijamente a los ojos, y acaban revolcándose en el camarote del capitán como en la novela de Rafael Ramírez Heredia, El Mestizo de Salgari.

No me ponga esa cara que no me la estoy vacilando, le voy a pasar la referencia, se trata del programa informático ruso PC Writer 2008, y nuevamente leeré del Internet, esa novela “se desarrolla en nuestros días, en una isla desierta, y se han utilizado los personajes de la novela de León Tolstói «Anna Karenina»…Prokopóvich afirma que «se ha utilizado el estilo del escritor japonés Haruki Murakami». La «mezcla» incluye además material de otras 17 obras literarias de autores rusos y extranjeros de los siglos XIX y XX.” ¿Cómo ve?

Claro, los escritores profesionales han polemizado mucho sobre esa novela computacional, dicen que le falta “alma” ó un “human touch” para que mejor me entienda, pero más preocupante es lo que dice Borges, que ya se han escrito tantas novelas en el mundo que es difícil escribir un argumento verdaderamente novedoso, y que la forma cuenta tanto como el fondo. No lo dijo exactamente así, pero más o menos, recuerde que esa frase es de Jesús Reyes Heroles. Así que mi novela tiene el mérito de que la dictaré yo, y Usted será testigo de que fui yo quien la inventé, y Usted podrá atestiguar a mi favor si a algún crítico se le ocurriese decir que la novela la escribió un robot y no yo. Tener testigos es una de las ventajas de dictar una novela.

Me falta explicarle otro aspecto medular de mi novela. Tendrá una base metodológica muy bien sustentada, que se llama la “serendipidad”. Usted dígame, ¿qué estamos buscando? Si, escribir una buena novela, pero nos puede suceder lo que a los científicos, que al estar trabajando en sus laboratorios, por descuidos, negligencias o azares del destino hacen descubrimientos sorprendentes, muy distintos a lo que originalmente estaban buscando. Puede ser, y es tan solo una posibilidad porque en cuestiones de serendipidad todo lo rige el azar, que en lugar de novela salga un testimonio único, valiosísimo para los sociólogos del futuro, de lo que pensó un ser humano durante trescientos sesenta y cinco días continuos, con sus cavilaciones, sus dudas y temores, sus anhelos y sus ilusiones, sus amores y sus desamores, y desde luego, como le cambiaba el humor ante las frecuentes interrupciones de su secretaria. Espero que haya captado la indirecta. O también puede ser que la novela derive hacia otras aguas, y que sin darnos cuenta estemos aquí sentados en el epicentro de un observatorio único de las conductas de esa peculiar clase social que constituye la burocracia mexicana.

Mire señorita, deje de sonreírse de esa manera, me parece que se burla de mí, pero cuando se tome la molestia de leer un poco más sobre la serendipidad me tomará más en serio. Ahora ya me voy a descansar. Para que el método de la serendipidad funcione, uno debe estar lúcido, en paz consigo mismo y receptivo a las señales que lleguen del mundo exterior y sobre todo, a las que emanen de nuestro mundo interior. Los sentimientos y la razón pesan igual en el arte de la serendipidad y en el método que he elegido para dictarle esta novela. Por último quiero aquí en mi escritorio todos los poemas que me pueda imprimir de Mario Benedetti, para ir tomando cadencia en la escritura, capaz que si lo voy intercalando con lo que yo dicte mejoran mucho los textos, porque de momento me siento muy influenciado por Rafael Ramírez Heredia. En la novela podría decir “el burócrata se decidió por fin a dar rienda suelta a sus aficiones literarias al percatarse de la futilidad de sus tareas” pero quedaría mejor si dijera, el burócrata recordó el poema Resistencias, de Mario Benedetti,

“hay quienes se resisten deshilachadamente
a morir sin haberse concedido
un año un mes una hora de goce
y esperan ese don cultivando el silencio
vaciándose de culpas y de pánicos
descansando en el lecho del cansancio
o evocando la infancia mas antigua

y no obstante siempre hay quien se resiste
a irse sin gozar/ sin apogeos
sin brevísimas cúspides de gloria
sin periquetes de felicidad

como si alguien en el más allá
o quizás en el mas acá suplente
fuera a pedirle cuentas de por qué
no fue dichoso como puede serlo
un bienaventurado del montón”.

Y entonces el burócrata decidió comenzar a dictar una novela.



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