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lunes, 19 de enero de 2009

APARTAMENTOS CONDESA D.F.

APARTAMENTOS CONDESA D.F.

Mire sobrinita, le hice caso, fui a ver el departamento que me dijo, pero verá, hubiese sido mejor que no hubiera ido. Hoy por la mañana estaba completamente convencido que lo mejor sería dejar esta casa, que efectivamente queda lejos de su universidad y de mi oficina, e irnos a vivir a un departamento. La ubicación es inmejorable, sobre la Avenida Insurgentes, que es una de las más emblemáticas de la ciudad de México. A una cuadra queda la estación del Metro, enfrente la del Metrobus, y por la calle de atrás pasa la nueva línea que acaban de inaugurar. La zona de restaurantes y bares de la Condesa queda a cuatro cuadras, nada más es cosa de tener cuidado a la hora de cruzar Baja California. Pero verá, hoy me acompañó a verlo su tía Rosaura, y apenas hizo el primer comentario, decidí que no tiene ni pies ni cabeza movernos a un departamento, porque aunque ya llevamos en esta ciudad tres generaciones, nuestra idiosincrasia sigue siendo de gente de rancho.

Así que vamos a hacer un pacto ahora mismo. Ni Usted ni yo nos volveremos a quejar del tráfico jamás de los jamases, así haga yo dos horas de regreso a casa. Usted dice que hace más, aunque me permito dudarlo, porque seguro que se queda platicando con sus amigos y pretendientes después de clases, y luego le echa la culpa al tráfico. Aunque reconozco que si lo hay, Usted a mi no me engaña tan fácilmente.

Pero dejemos de lado esa eterna discusión, y le cuento lo que dijo su tía Rosaura. Al bajarse del elevador, a una especie de hall que hay antes de entrar a los departamentos, dijo que qué lindo, que le pegaba muy sabroso el sol de la tarde, y que estaría bueno poner ahí una banca, de común acuerdo con los vecinos. Fíjese que hasta que ella dijo eso, yo no me había dado cuenta de que tendríamos vecinos, y que nos estaríamos cruzando con ellos a mañana, tarde y noche. Como ahora el edificio está vacío, o casi, no me había topado con nadie y la verdad es que ni pensé en eso.

Luego tu tía Rosaura se fijó en los detalles en los que se fijan solo las señoras, que si había notado que la cocina que aparentemente es amplia, no lo es tanto, porque se necesitaría un refri grande a causa de que habría que salir a la compra en carro, y que un refri pequeño no serviría. Luego se puso a discurrir sobre la tarja del fregadero, que si las ranuras estaban así o asado, y que por lo tanto se escurriría el agua al piso después de lavar los platos y que alguien se podría resbalar y golpearse.

Me preocupé más cuando se metió al baño y preguntó que si había extractor, porque no tiene ventana, y yo la verdad tampoco me había fijado en eso. -Sí señora, si tiene extractor de olores, le dijeron, y entonces ella preguntó si había un escusado en la azotea del edificio, y cuando le contestaron que no sabían y pusieron una cara de que qué le pasa a esta señora, ella contestó triunfante que como no había cuarto de servicio, que entonces dónde harían sus necesidades las muchachas que fueran a limpiar de entrada por salida. Yo no daba crédito a semejante razonamiento de tu tía Rosaura. ¡Ponerse a pensar sobre dónde orinaría la señora de la limpieza! Le dije que en cualquier baño, que de todos modos ni cuenta nos íbamos a dar, y que en todo caso que qué mas nos daba, siempre y cuando jalara y lo dejara limpio, y ella ni me contestó y se volteó hacia el vendedor para decirle que los hombres no sabíamos nada de nada del difícil manejo de un departamento de 72 metros cuadrados.

En esas estábamos cuando llegó la otra vendedora, a decirnos que la vecina del piso 11 nos invitaba a que pasáramos a ver su departamento, y yo dije que para qué, pero tu tía Rosaura dijo que sí. A mi todo me pareció de bastante mal gusto, pero tu tía decía que qué lindo esto, que qué lindo lo otro, y cuando por fin salimos, ella me dijo que si me había fijado que todos los muebles eran miniatura, y que ninguno de los muebles que tenemos ahora cabrían ahí, y que tendríamos que ver qué haríamos con los muebles viejos, y que ese era otro problema muy aparte que habría que resolver.

Como te imaginarás yo ya estaba de muy mal humor con los comentarios de tu tía Rosaura. Yo solo la había llevado para presumirle la hermosa vista de la avenida que tendríamos desde el salón, y sobre ese punto en particular no dijo absolutamente nada. Ya quería irme, pero al esperar el elevador, qué crees, que llega una pareja y nos presentan como a los nuevos vecinos, y ahí me tienes como idiota platicando con quien sabe quienes, tratando de poner cara de persona agradable y todavía tuve que decirles que sí, que qué gusto, que también nosotros nos poníamos a su disposición para lo que se ofreciera. Cuando por fin volvimos al garaje para sacar el auto e irnos, tu tía Rosaura se puso a platicar con el policía, y luego me explicó que en los condominios es muy importante llevarse bien con ellos, porque de lo contrario se hacen los tarugos para abrir la puerta cuando uno les toca el claxon, o dejan que el vecino ponga su carro enfrente.

Así que queda total y absolutamente descartada la compra del departamento, y más cuando me pongo a imaginar el papelón que haría yo, cargando las bolsitas de plástico con la basura en el elevador, saludando a cuánto vecino se le ocurra subirse al mismo tiempo que yo.

Nos quedaremos en esta casa aunque ya sé que vale más el terreno que la construcción, y que los departamentos son muy buena inversión, y que el servicio se pone cada vez mas difícil, y que el Adalmiro y la Ernestina no regaron el jardín ahora que nos fuimos de vacaciones, y que las recámaras tienen las paredes ensalitradas, y que tenemos que impermeabilizar la azotea antes de que lleguen las lluvias, pero le juro sobrinita que todo eso es preferible a tener que aguantar a esos seres que se llaman vecinos, de los cuales están llenos esos edificios nuevos que desde lejos se ven tan bonitos.