-Te invito a cenar a casa.
-¡De verdad! Seguro que si voy.
-Me alegra que aceptes. Llegas a la esquina de mi casa, le pides permiso al guardia que está en la caseta, y si le da la gana, te dejará pasar. Si él no quiere, no hay nada que pueda yo hacer.
-Mmm…gracias por invitar.
Así funcionan las visas para visitar México. Es un requisito que aplica a los turistas de prácticamente toda la América Latina, que son nuestros hermanos, según dicen los políticos en sus discursos. Solo ellos saben a quién le dan visa y a quién se la niegan.
El guardia:
-Para dejarla pasar, señorita, debe mostrar un estado de cuenta con mucho dinero, tarjetas de crédito, carta de antigüedad laboral…ó en su defecto, pues ya sabe usted, señorita, acá está su charro negro…
La visitante:
-Ya ni le siga. No cumplo con sus requisitos. Es más sencillo entrar directamente a los Estados Unidos. Y Usted me da asco.
Tristemente, entre más requisitos exija México, más proclive se vuelve a la corrupción y más cómplice se vuelve del tráfico de personas. Que alguien explique por qué, si diario detienen a tantos migrantes, hasta ahora no ha caído ningún alto ni mediano mando del Instituto Nacional de Migración. Una excelente novela “Las Maras” (Alfaguara, 2004) de Rafael Ramírez Heredia ilustra la vergonzosa realidad de la frontera sur de México, en la cual miles de personas se juegan a diario la vida, cuidándose de polleros, funcionarios de Migración, cónsules mexicanos que expiden visas verdaderas o falsas a cambio de una mordida, y los vándalos de la Mara Salvatrucha 13, cómplices asesinos de nuestra corrupta burocracia migratoria.
A través del método de la serendipidad, me enteré que en octubre de 2008 México eliminó el requisito de visa para los ciudadanos del Paraguay. La página oficial de la Secretaría de Relaciones Exteriores ni siquiera se ha tomado la molestia de incorporar este cambio, pero si aparece en la página de la Embajada de México en Paraguay.
“Por decisión bilateral del gobierno de México, a partir del 1ro de octubre de 2008, ya no se requiere visa para los nacionales paraguayos que deseen viajar a México en las calidades migratorias de: TURISTA, TRANSMIGRANTE, Y VISITANTE PERSONA DE NEGOCIOS, hasta por una temporalidad de 180 días”. Para los escépticos, aquí dice.
Aunque la motivación de esta medida haya sido que Felipe Calderón se tomara la foto con Fernando Lugo, (el yunque junto al ex obispo) los paraguayos y los mexicanos salimos ganando con esta medida. Ya con anterioridad, se exentó de visa a los ciudadanos de Panamá. ¿Será mera coincidencia de que solo a los países menos poblados les otorgamos ese beneficio? ¿Será que Felipe Calderón está cansado de tanta crítica a su política migratoria en los foros hemisféricos a los que asiste?
-Señor Presidente Calderón, deje pasar a México a unos compatriotas. Solo desean conocer el Desierto de Arizona.
-Con gusto, Señor Presidente de Ecuador, ó de Colombia, ó de dónde sea, pero el problema es que me regañaría el Señor Presidente Bush.
Mientras que los capos mexicanos se reúnen cuántas veces quieran con sus pares de todos los países del continente, con sus socios y con sus proveedores, los ciudadanos de buena voluntad de todos los países no podemos reunirnos gracias a ese requisito que se llama visa y que no sirve para nada, ó mejor dicho, solo sirve para anidar las redes de corrupción e infamia. Si lo que pretenden los hermanos latinoamericanos es irse para Estados Unidos utilizando nuestra frontera norte, qué más nos da. Deberíamos dar facilidades para que hubiese vuelos directos Caracas-Ciudad Juárez, Quito-Matamoros, Bogotá-Tijuana y Buenos Aires-Teguciglpa-Nuevo Laredo. Tendríamos registros de quien entró y de cómo se llama y captaríamos la llamada “derrama económica” que tanta falta nos hace en estos tiempos de crisis. Acabaríamos con ese infierno de derechos humanos que es la frontera sur, Ciudad Hidalgo- Tecun Umán, con polleros, con traficantes humanos y con funcionarios corruptos del Instituto Nacional de Migración. Por los americanos, o sea los gringos, no tenemos de qué preocuparnos: Ya están construyendo su famoso Muro.
Ojalá que fuese cierto el argumento de que nuestra política migratoria ayuda a preservar la paz y la tranquilidad públicas, y que los migrantes de todo el Continente vienen a este emporio de prosperidad y riqueza que se llama México a desplazarnos a nosotros los mexicanos. Por el contrario, frenamos el desarrollo económico y social al dificultar en grado sumo el contacto entre estudiantes, pequeños empresarios, escritores, diseñadores, músicos y también el encuentro romántico de una que otra pareja de enamorados. O qué, ¿también queremos elevar la “Raza de Bronce” a rango constitucional?

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