
Cincuentenario de la Revolución
CINCUENTENARIO: VIDAS PARALELAS
-Comandante, ánimo, este mes se festeja el cincuentenario de la Revolución Cubana. No me diga que ya no quiere figurar en actos públicos. Desfiles, comidas y cenas. Enero de 1959. Fue nuestra entrada triunfal a La Habana. Y el 28 de enero es el aniversario del natalicio de José Marti. Prepare algo diferente para ese día.
-Acá me tienes, viejo y enfermo, ya no soy dirigente, visto ropa deportiva en vez de uniforme militar, y escribo mis reflexiones para el diario Granma que nadie lee. Es como escribir en esos blogs personales sin visitantes. Escribo las reflexiones sin que me interese que las lean o no. Odio el cincuentenario. Además no sé en realidad ni que festejamos.
-Los logros. Todos los logros. La salud, la educación -la vivienda no tanto pero también- todo aquello que recitaba en sus discursos hace apenas unos años.
-Si vienes a decirme lo mismo que escribo en Granma, mejor releo lo que escribí. Además todos esos logros son materiales. En el plano espiritual no tenemos logros y la institución familiar está hecha pedazos. Si quieres hablar del cincuentenario, estoy dispuesto a hacerlo desde mi perspectiva personal, es decir, de mi persona. No hay logros ni nada que festejar.
-No Comandante, no se me vaya a poner nostálgico. ¿Por qué no celebra el cincuentenario como el personaje de García Márquez en “Las Memorias de sus Putas Tristes”?
-Primero porque no soy tan cursi. Ya le dije al gran Gabo que esa novela no me gustó. Además, con eso de que con la revolución todas se nos volvieron jineteras, pues acá no aplica un festejo como ese. El festejo consistiría en salir con una chica decente, que si las hay, y muchas, pero a mi edad y con mi posición social, cualquiera me la confundiría con una puta. ¿No se te ha olvidado que a mí siempre me han gustado jovencitas?
-No mi Comandante. Lo tengo bien presente. Usted actúe. No tiene que estar declarando que la chavala es novia suya, ni amante ni nada. Mire, yo arreglo con los dirigentes afines a la Revolución que nos manden unas brigadistas venezolanas, ecuatorianas, paraguayas, bolivianas, ó argentinas, dizque para adoctrinarlas, y ya con ese pretexto, se pasea por toda la Isla con ellas, mostrándoles los logros.
-Para que de verdad disfrutara yo de un festejo así, tendría que comenzar por creerme el cuento de que las brigadistas vienen a adoctrinarse y no a hacerme compañía. Es decir, primero necesitaría yo que alguien más viniera a adoctrinarme a mí e hiciera que me creyera el cuento. Así si las pasearía. Con la convicción y el idealismo suficientes no tendría reparos en llevármelas a Varadero a mostrarles los avances en el turismo y si no me duele nada, las subo a la suite presidencial más lujosa de los hoteles de allá, o a la suite dictatorial, como quieras llamarle, para aclararles dudas y compartirles experiencias de todo tipo. Aunque pensándolo bien, si me llegara a doler algo, también. Si vienen como brigadistas médicas ni modo que no sepan dar un masajito ni poner un fomento para el dolor de ingle. Si las brigadistas son creativas, entenderán que en la Isla no hay gasas para esos fomentos y tendrán que recurrir, literalmente sea dicho, a sus propios medios. La lengüita, por ejemplo, pero ya no quiero ser más explícito porque tú si sabes escuchar lo que digo en entrelíneas.
El Comandante se rascó la nariz y continuó:
-Mire Usted, compañero, lo hermosa que podría ser la vida si uno lograse liberarse de todos sus prejuicios, que en el caso mío son claramente revolucionarios. Yo de ninguna manera me prestaría a abusar de unas brigadistas auténticas ni de hacerme el tarugo con unas brigadistas falsas. Ese es el dilema porque la carne es débil, y al paso de los años no se fortalece sino que sigue siendo débil. Espero que me siga en mi argumentación que es claramente metafórica, no vaya Usted a pensar otra cosa y menos, que le estoy haciendo propaganda a los laboratorios Pfizer, tristemente célebres por su píldora azul.
-Comprendo, Comandante, sobre todo tratándose de Usted que tuvo que pasar por tanta abstinencia en la Sierra Maestra, o al menos eso es lo que dice su biografía oficial. Pero volviendo al tema, yo puedo adoctrinar a las brigadistas, para que cuando lleguen con Usted, se hagan las mensas y finjan interés en todos los logros que Usted les cuente, claro, que sin que Usted lo sepa.
-Me gusta el plan, pero ya lo echaste a perder porque ya me lo dijiste.
-No Comandante. Escriba otras reflexiones en el diario Granma de lo que le venga en gana, como la inminencia del colapso del capitalismo y el fin de la hegemonía de los Estados Unidos, comenzando por el Caribe y después a nivel mundial, y así se olvidará de esta conversación. Escriba sobre la contribución de las brigadistas a la construcción del sueño bolivariano, de su importancia para revivir las enseñanzas de Marti, y cuando lleguen las brigadistas Usted verá que las cosas se darán conforme a lo que hemos platicado.
-Suficiente por hoy. Debo retirarme a mi cubículo a escribir mis reflexiones. Escribiré sobre las migraciones y su rol en la difusión de la cultura, sobre las visas como herramientas de sometimiento de los pueblos, sobre las tortillas, las arepas, la serependidad y el chipá. ¿Comprende compañero?
El compañero de mil batallas había comprendido perfectamente. El Comandante continuaría haciéndose pendejo.
CINCUENTENARIO: VIDAS PARALELAS
-Comandante, ánimo, este mes se festeja el cincuentenario de la Revolución Cubana. No me diga que ya no quiere figurar en actos públicos. Desfiles, comidas y cenas. Enero de 1959. Fue nuestra entrada triunfal a La Habana. Y el 28 de enero es el aniversario del natalicio de José Marti. Prepare algo diferente para ese día.
-Acá me tienes, viejo y enfermo, ya no soy dirigente, visto ropa deportiva en vez de uniforme militar, y escribo mis reflexiones para el diario Granma que nadie lee. Es como escribir en esos blogs personales sin visitantes. Escribo las reflexiones sin que me interese que las lean o no. Odio el cincuentenario. Además no sé en realidad ni que festejamos.
-Los logros. Todos los logros. La salud, la educación -la vivienda no tanto pero también- todo aquello que recitaba en sus discursos hace apenas unos años.
-Si vienes a decirme lo mismo que escribo en Granma, mejor releo lo que escribí. Además todos esos logros son materiales. En el plano espiritual no tenemos logros y la institución familiar está hecha pedazos. Si quieres hablar del cincuentenario, estoy dispuesto a hacerlo desde mi perspectiva personal, es decir, de mi persona. No hay logros ni nada que festejar.
-No Comandante, no se me vaya a poner nostálgico. ¿Por qué no celebra el cincuentenario como el personaje de García Márquez en “Las Memorias de sus Putas Tristes”?
-Primero porque no soy tan cursi. Ya le dije al gran Gabo que esa novela no me gustó. Además, con eso de que con la revolución todas se nos volvieron jineteras, pues acá no aplica un festejo como ese. El festejo consistiría en salir con una chica decente, que si las hay, y muchas, pero a mi edad y con mi posición social, cualquiera me la confundiría con una puta. ¿No se te ha olvidado que a mí siempre me han gustado jovencitas?
-No mi Comandante. Lo tengo bien presente. Usted actúe. No tiene que estar declarando que la chavala es novia suya, ni amante ni nada. Mire, yo arreglo con los dirigentes afines a la Revolución que nos manden unas brigadistas venezolanas, ecuatorianas, paraguayas, bolivianas, ó argentinas, dizque para adoctrinarlas, y ya con ese pretexto, se pasea por toda la Isla con ellas, mostrándoles los logros.
-Para que de verdad disfrutara yo de un festejo así, tendría que comenzar por creerme el cuento de que las brigadistas vienen a adoctrinarse y no a hacerme compañía. Es decir, primero necesitaría yo que alguien más viniera a adoctrinarme a mí e hiciera que me creyera el cuento. Así si las pasearía. Con la convicción y el idealismo suficientes no tendría reparos en llevármelas a Varadero a mostrarles los avances en el turismo y si no me duele nada, las subo a la suite presidencial más lujosa de los hoteles de allá, o a la suite dictatorial, como quieras llamarle, para aclararles dudas y compartirles experiencias de todo tipo. Aunque pensándolo bien, si me llegara a doler algo, también. Si vienen como brigadistas médicas ni modo que no sepan dar un masajito ni poner un fomento para el dolor de ingle. Si las brigadistas son creativas, entenderán que en la Isla no hay gasas para esos fomentos y tendrán que recurrir, literalmente sea dicho, a sus propios medios. La lengüita, por ejemplo, pero ya no quiero ser más explícito porque tú si sabes escuchar lo que digo en entrelíneas.
El Comandante se rascó la nariz y continuó:
-Mire Usted, compañero, lo hermosa que podría ser la vida si uno lograse liberarse de todos sus prejuicios, que en el caso mío son claramente revolucionarios. Yo de ninguna manera me prestaría a abusar de unas brigadistas auténticas ni de hacerme el tarugo con unas brigadistas falsas. Ese es el dilema porque la carne es débil, y al paso de los años no se fortalece sino que sigue siendo débil. Espero que me siga en mi argumentación que es claramente metafórica, no vaya Usted a pensar otra cosa y menos, que le estoy haciendo propaganda a los laboratorios Pfizer, tristemente célebres por su píldora azul.
-Comprendo, Comandante, sobre todo tratándose de Usted que tuvo que pasar por tanta abstinencia en la Sierra Maestra, o al menos eso es lo que dice su biografía oficial. Pero volviendo al tema, yo puedo adoctrinar a las brigadistas, para que cuando lleguen con Usted, se hagan las mensas y finjan interés en todos los logros que Usted les cuente, claro, que sin que Usted lo sepa.
-Me gusta el plan, pero ya lo echaste a perder porque ya me lo dijiste.
-No Comandante. Escriba otras reflexiones en el diario Granma de lo que le venga en gana, como la inminencia del colapso del capitalismo y el fin de la hegemonía de los Estados Unidos, comenzando por el Caribe y después a nivel mundial, y así se olvidará de esta conversación. Escriba sobre la contribución de las brigadistas a la construcción del sueño bolivariano, de su importancia para revivir las enseñanzas de Marti, y cuando lleguen las brigadistas Usted verá que las cosas se darán conforme a lo que hemos platicado.
-Suficiente por hoy. Debo retirarme a mi cubículo a escribir mis reflexiones. Escribiré sobre las migraciones y su rol en la difusión de la cultura, sobre las visas como herramientas de sometimiento de los pueblos, sobre las tortillas, las arepas, la serependidad y el chipá. ¿Comprende compañero?
El compañero de mil batallas había comprendido perfectamente. El Comandante continuaría haciéndose pendejo.