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martes, 15 de noviembre de 2011

Pachemú...Patamú

Catedral en Guadua. Maqueta


¿Почему? Потому...

Detuvo su marcha para analizar con detenimiento la artesanía que había visto solo de reojo. Era una iglesia, de eso no había duda, pero el estilo y los materiales utilizados lo pusieron a reflexionar. La estructura era de bambú, las cúpulas eran jícaras partidas a la mitad y doradas con spray, y las cruces eran de metal, del tipo de las que utilizan los niños en las primeras comuniones. Los vitrales, pintados con esmalte de uñas, tenían estampas de vírgenes y cristos. Correspondían al culto ortodoxo. Algunas de ellas eran ucranianas o rusas, y otras definitivamente griegas, como el inconfundible Cristo Pantocrátor con su biblia bajo el brazo. La concepción arquitectónica le recordaba alguna catedral famosa pero no podía recordar cual, hasta que se le vino a la mente la Catedral de Cristo el Salvador, en Moscú, ciudad a la que había ido como turista años atrás. Sacó del chaleco su teléfono inteligente y buscó imágenes en internet. En Cristo el Salvador predomina el color blanco en las fachadas, mientras que en la artesanía, dominaba un tono entre marrón y amarillo, característico del bambú. Los arcos dorados en la parte alta de los vitrales coincidían con algunos elementos que había visto en las catedrales del Kremlin. Era probable que el artesano hubiese hecho un viaje similar al suyo y que hubiese plasmado en esa pieza los distintos elementos arquitectónicos que le llamaron la atención. Pero aún quedaba la incógnita de por qué la pieza estaba hecha con bambú de una pulgada y media de diámetro, un material que si bien no era desconocido en México, tampoco era usual. El tipo de uniones entre losdistintos tramos de bambú requerían de una destreza que solo había visto en Sudamérica, pero en estructuras monumentales de bambú guadua, y jamás en maquetas o artesanías como la que tenía a la vista. Los ensambles en ángulos de 90 grados eran del tipo "bocas de pescado" y los ángulos de 45 grados eran del tipo "picos de flauta", bastante bien ejecutados. Lo más curioso de todo era que pareciera que el artesano se hubiese esmerado en presentar su pieza con defectos premeditados.

No podía ser fruto de la casualidad que hubiese cortes de bambú tan bien hechos y al mismo tiempo, defectos evidentes en el corte y colocación de los vitrales. Había vidrios de 2 milímetros, una elección acertadísima, pero también vidrios de 4 milímetros muy mal cortados. Su confusión fue en aumento al percatarse de que para decorar las fachadas posteriores se habían utilizado técnicas clásicas que solo conocían los artistas y restauradores italianos. Las imágenes parecían frescos, y no estampas pegadas con resistol. Las paredes lucían un recubrimiento deslavado por los años, y era difícil imaginar que en algún momento fueron tablas de triplay y que se les recubrió con una mezcla de yeso y blanco de España.

Ahí atrás, por ejemplo, estaba representada la sesión final del Séptimo Concilio Ecuménico, presidida por la Emperatriz Irene, en el cual se marcó la distinción entre la adoración de los ídolos y la veneración de los íconos, no por lo que eran unos y otros, sino por lo que representaban. La Asunción de María en la pared de al lado no habría visto nunca la luz de no haber sido por aquellas históricas sesiones en Nicea y Constantinopla que marcaron la derrota final de los iconoclastas.

Preguntó por el precio. Le pareció elevado pero no fue eso lo que lo detuvo. Pensó en qué lugar dentro de su casa podría colocar semejante pieza y no se le ocurrió ninguno. Fue entonces que pidió permiso para retratar la iglesia y al concedérsele, procedió con la cámara de su smart phone.

Ese día ya había atendido todos sus asuntos y había realizado todos sus quehaceres. Por la noche descargó las fotos del iphone y las analizó con distintos programas de edición de fotografía. Agrandó algunas, en otras subió el contraste, en otras más ajustó los semi-tonos, y en otras quitó ó subió el brillo. Experto penalista como era, vio con nitidez que en las doradas cúpulas había por lo menos cuatro juegos diferentes de huellas dactilares, tal vez hasta cinco. De pronto aclaró muchas de sus dudas al darse cuenta de que la maqueta fue una obra colectiva. Dedujo que en el equipo hubo un carpintero bastante bueno y una dama de gran cultura y refinado gusto, quien habría diseñado y dirigido todos los acabados. Era claro que había participado al menos otra persona más, -las huellas mostraban empeño y buena voluntad- y se advertía la presencia de un niño, pero no era posible determinar qué tanto habría ayudado.

Una serie de pequeñas imperfecciones, como vidrios mal cortados, columnas canteadas, rebabas de yeso, manchas de pintura y remanentes de pegamento, mostraban más entusiasmo que oficio, más ganas que conocimientos, más voluntad que sabiduría, más ímpetu que destreza, más deseos que posibilidades. Estaba inmerso en esta reflexión cuando vio, mas bien imaginó, que Cristo Pantocrátor le guiñaba un ojo y María Ortodoxa, siempre severa, hacía lo mismo. Recordó una frase de su padre: "Lo mejor es enemigo de lo bueno".

Antes de apagar la computadora, le dio un zoom casi instintivo a uno de los extremos del bambú. Le habían colocado unas tapas para que no se vieran las oquedades interiores. Los tramos de bambú tienen mucho volumen y poca materia, mientras que sucede lo contrario con el triplay y los conglomerados. ¿Habría un mensaje oculto? ¿Una especie de representación dialéctica de la unión de los contrarios? O bien, ¿no serían las fastuosas catedrales ortodoxas expresiones de un formalismo desprovisto de sustancia? O por el contrario, ¿no simbolizaría el bambú el poder de la ligereza? ¿No sucedía que los elementos más pesados eran en ocasiones los más vulnerables? ¿No es común que las personas más afortunadas son aquellas que caminan con más ligereza?

Concluyó que la esencia del arte, de la religión y de la vida es el misterio. Desde el lado poniente de la cúpula más alta de la iglesia, Dimitri de Uglich asintió con la cabeza. Fue hijo de Iván el Terrible y de su décima esposa, María Nagaya. Murió en 1591 a los siete años de edad. Algunos creen que se clavó accidentalmente un cuchillo en el vientre durante una crisis epiléptica, pero es más aceptada la tesis del asesinato. Con su muerte acabó la dinastía Rûrika e inició el llamado "Período Tumultuoso" el cual concluye con el ascenso de la familia Románov al trono de los zares, después de muchas intrigas y encarnizadas luchas. La nueva dinastía promovió ante la Iglesia Ortodoxa Rusa la beatificación de Dimitri para ganar legitimidad, prerrogativa que solo tienen quienes ya han ganado la guerra.

Dejó de reflexionar sobre la artesanía y cerró los ojos. Como siempre había mas preguntas que respuestas, situación que se puede clasificar como misterio. En una mente inquieta siempre habrá una sucesión interminable de porqués. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Rebasado cierto límite de cansancio, conocimiento o capacidad mental, y todos tenemos uno, la mejor respuesta es un único, definitivo, autocrático e irreflexivo: ¡Porque sí! Lo invadió un sentimiento de serenidad y se quedó dormido.

domingo, 26 de junio de 2011

Maderas no Maderables

Mundo pirograbado en cirián con proyección a través de dígitos móviles



Guaje sobre guadua


Coco cortado y pulido






lunes, 25 de abril de 2011

Cultura Ni-ni

Frutero de Guadua


Cultura Ni-ni

El frutero de guadua que hice no es muy normal pero es poco extravagante comparado con la conversación que tuve con un joven intelectual. Es el mismo que utiliza un matraz para cocinar porque según su dicho la preparación de los alimentos es la ciencia de generar reacciones químicas entre los ingredientes y su transformación en deliciosos platillos a través de la aplicación de calor, o frío, como en el caso de las gelatinas. En treinta años de existencia no ha logrado nada, es decir nada tangible, es decir nada que se pueda observar por terceras personas. Yo no soy nadie para cuestionar el mundo interior que, en su caso, haya edificado, ni las potencialidades que pueda estar acumulando para llegar a ser un personaje de trascendencia mundial. Sé que no tiene empleo fijo, ni novia fija, ni ingresos fijos, ni apartamento independiente, ni automóvil propio... sé que duerme en un futón original traído del Asia, que se inclina por los comentarios políticos y sociales en lugar de las banalidades, que hace deporte por las mañanas, y que cocina en un matraz.

-¿A qué te dedicas? Es mi pregunta recurrente. -Tengo varios proyectos, es su respuesta habitual. Nunca especifica qué proyectos, ni de qué, ni con quién ni para quien. Las últimas veces que lo he visto ya no le pregunto nada, total, han sido encuentros fortuitos motivados por alguien más. Le da por hablar...o disertar.-Viviré 105 años, dijo con tono doctoral. Desarrolló un argumento estadístico, haciendo uso de la longevidad de la abuela paterna y de uno de sus cuatro bisabuelos. Omitió las muertes a temprana edad del abuelo materno y a una edad más temprana aún, de dos de sus tíos, pero tuvo el mérito de ubicar los datos dentro de la tendencia general al aumento en las expectativas de vida de la población mundial. En promedio, le faltó decir. Declaró en base a sus lecturas y búsquedas en internet la cura próxima de todos los tipos de cáncer, anunció la inminencia de la vacuna contra las caries, y aludió a los rápidos avances en la medicina.

-Por eso me tengo que cuidar, porque quiero llegar a esa edad en plenitud. No lo dijo él, es cierto, pero su argumento me pareció espléndido para justificar la cultura nini (ni estudia ni trabaja). A sus treinta años, no ha vivido ni la tercera parte de su vida, le quedan setenta y cinco por vivir, o sea va bien el chavo, tal vez hasta sea precoz... Yo lo que pienso es que tanta cultura de internet le está haciendo daño, que es un güevón, que se pasa de arrogante y que es bastante mamón.