Cultura Ni-ni
El frutero de guadua que hice no es muy normal pero es poco extravagante comparado con la conversación que tuve con un joven intelectual. Es el mismo que utiliza un matraz para cocinar porque según su dicho la preparación de los alimentos es la ciencia de generar reacciones químicas entre los ingredientes y su transformación en deliciosos platillos a través de la aplicación de calor, o frío, como en el caso de las gelatinas. En treinta años de existencia no ha logrado nada, es decir nada tangible, es decir nada que se pueda observar por terceras personas. Yo no soy nadie para cuestionar el mundo interior que, en su caso, haya edificado, ni las potencialidades que pueda estar acumulando para llegar a ser un personaje de trascendencia mundial. Sé que no tiene empleo fijo, ni novia fija, ni ingresos fijos, ni apartamento independiente, ni automóvil propio... sé que duerme en un futón original traído del Asia, que se inclina por los comentarios políticos y sociales en lugar de las banalidades, que hace deporte por las mañanas, y que cocina en un matraz.
-¿A qué te dedicas? Es mi pregunta recurrente. -Tengo varios proyectos, es su respuesta habitual. Nunca especifica qué proyectos, ni de qué, ni con quién ni para quien. Las últimas veces que lo he visto ya no le pregunto nada, total, han sido encuentros fortuitos motivados por alguien más. Le da por hablar...o disertar.-Viviré 105 años, dijo con tono doctoral. Desarrolló un argumento estadístico, haciendo uso de la longevidad de la abuela paterna y de uno de sus cuatro bisabuelos. Omitió las muertes a temprana edad del abuelo materno y a una edad más temprana aún, de dos de sus tíos, pero tuvo el mérito de ubicar los datos dentro de la tendencia general al aumento en las expectativas de vida de la población mundial. En promedio, le faltó decir. Declaró en base a sus lecturas y búsquedas en internet la cura próxima de todos los tipos de cáncer, anunció la inminencia de la vacuna contra las caries, y aludió a los rápidos avances en la medicina.
-Por eso me tengo que cuidar, porque quiero llegar a esa edad en plenitud. No lo dijo él, es cierto, pero su argumento me pareció espléndido para justificar la cultura nini (ni estudia ni trabaja). A sus treinta años, no ha vivido ni la tercera parte de su vida, le quedan setenta y cinco por vivir, o sea va bien el chavo, tal vez hasta sea precoz... Yo lo que pienso es que tanta cultura de internet le está haciendo daño, que es un güevón, que se pasa de arrogante y que es bastante mamón.
El frutero de guadua que hice no es muy normal pero es poco extravagante comparado con la conversación que tuve con un joven intelectual. Es el mismo que utiliza un matraz para cocinar porque según su dicho la preparación de los alimentos es la ciencia de generar reacciones químicas entre los ingredientes y su transformación en deliciosos platillos a través de la aplicación de calor, o frío, como en el caso de las gelatinas. En treinta años de existencia no ha logrado nada, es decir nada tangible, es decir nada que se pueda observar por terceras personas. Yo no soy nadie para cuestionar el mundo interior que, en su caso, haya edificado, ni las potencialidades que pueda estar acumulando para llegar a ser un personaje de trascendencia mundial. Sé que no tiene empleo fijo, ni novia fija, ni ingresos fijos, ni apartamento independiente, ni automóvil propio... sé que duerme en un futón original traído del Asia, que se inclina por los comentarios políticos y sociales en lugar de las banalidades, que hace deporte por las mañanas, y que cocina en un matraz.
-¿A qué te dedicas? Es mi pregunta recurrente. -Tengo varios proyectos, es su respuesta habitual. Nunca especifica qué proyectos, ni de qué, ni con quién ni para quien. Las últimas veces que lo he visto ya no le pregunto nada, total, han sido encuentros fortuitos motivados por alguien más. Le da por hablar...o disertar.-Viviré 105 años, dijo con tono doctoral. Desarrolló un argumento estadístico, haciendo uso de la longevidad de la abuela paterna y de uno de sus cuatro bisabuelos. Omitió las muertes a temprana edad del abuelo materno y a una edad más temprana aún, de dos de sus tíos, pero tuvo el mérito de ubicar los datos dentro de la tendencia general al aumento en las expectativas de vida de la población mundial. En promedio, le faltó decir. Declaró en base a sus lecturas y búsquedas en internet la cura próxima de todos los tipos de cáncer, anunció la inminencia de la vacuna contra las caries, y aludió a los rápidos avances en la medicina.
-Por eso me tengo que cuidar, porque quiero llegar a esa edad en plenitud. No lo dijo él, es cierto, pero su argumento me pareció espléndido para justificar la cultura nini (ni estudia ni trabaja). A sus treinta años, no ha vivido ni la tercera parte de su vida, le quedan setenta y cinco por vivir, o sea va bien el chavo, tal vez hasta sea precoz... Yo lo que pienso es que tanta cultura de internet le está haciendo daño, que es un güevón, que se pasa de arrogante y que es bastante mamón.
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