
INFLUENZA PORCINA. MANIFIESTO A LA NACIÓN
El viernes ya estaba la epidemia: “Influenza”. Suspendieron las clases hasta nuevo aviso. Brotes en el D.F., San Luis Potosí, Toluca, Oaxaca, Veracruz…Hoy lunes, estoy a la espera del recuento de casos y decesos, en la voz de López Dóriga, cuyo rating sube como espuma cuando hay tragedias. No lucra. Informa.
Mil doscientos, mil trescientos, mil quinientos casos…comienza a darme lo mismo. Si fueran cinco mil, seguramente que no lo anunciarían.
-Señor Secretario, esa cifra es inadmisible.
-Pues es la que tengo, Señor Presidente.
-La que tenía… dé instrucciones para salga en actas y estadísticas que los difuntos fallecieron de otra cosa. Pulmonía típica, SIDA, lo que quiera, pero queda prohibido poner que fue por influenza porcina. Tampoco baje la cifra demasiado, quiero que la gente siga utilizando su bozal.
No, no tengo intervenidos los teléfonos presidenciales, pero tampoco es tan difícil de imaginar la situación. El pánico podría ser peor que la triste realidad. Dicen que la enfermedad no es mortal, que solo se mueren algunos, los que tengan las defensas bajas, preferentemente mexicanos. Por alguna razón incomprensible los americanos se enferman, pero no se mueren. Los canadienses igual.
Mañana tengo un desayuno. Asuntos de trabajo. Espero no toser, ni estornudar. Ese simple hecho haría que mis colegas me miraran como al asesino potencial. ¿Y si tosen ellos? Cuatro días de encierro y de utilizar mi bozalito no habrán servido para nada. Si me tosen en el desayuno y me voy a la oficina, me sentiré víctima y asesino potencial, las dos cosas al mismo tiempo. Y lo mismo de regreso a casa. O sea que la influenza porcina está peor que el temido SIDA: No hay condón que sirva para nariz y garganta.
Como dicen en la tele, me lavaré las manos diez veces al día; usaré mi bozal o cubre bocas; no iré a lugares concurridos; pero no hay tal cosa como riesgo cero. No es la situación ideal para despreocuparse y vivir la vida como si cada día fuese el último día. Ni gimnasios, ni conferencias, ni conciertos, ni bares, mucho menos el spa.
¿Será el momento de ponerme místico? Agradezco este virus mutante para que recuperemos el temor a Dios… No, definitivamente no va con mi forma de pensar.
Recuerdo un reportaje del “Time” de hace algunos años, cuando estaba la Guerra de los Balcanes. “La mentalidad de la gente de Sarajevo”, o algo así. ¿Cómo vivir cuando la muerte acecha a la vuelta de la esquina? Sólo había una manera: Actuar con toda normalidad, como si nada fuese a pasar, porque si pasa, pasó, y en esas condiciones uno no tiene ni el chance de recriminarse nada. Está bien si me toca a mí, pero, ¿si le toca a los familiares más cercanos, a los amigos, a los seres queridos? Entonces, tal vez, uno sea el que pida a gritos ser el siguiente y acabar así con la pesadilla. No importará si el dólar se va a veinte pesos, si la economía se colapsa, si nos corren del empleo, si nos divorcian, ó nos expropian al amparo de la nueva Ley.
Los señores del gobierno saben que habrá, ¿que habremos? sobrevivientes. Por eso es bastante absurda la teoría de que se trata de un complot: “Entrarán a vuestras casas ladrones disfrazados de inspectores de la salud”. Me parece mejor reflexionar al amparo del siguiente
MANIFIESTO A LA NACIÓN
Mexicanas y Mexicanos:
Sobrevivientes:
Pensad en la aglomeración tan absurda de gente que tenemos en nuestras ciudades y que nos hace vulnerables a un mugroso y mugriento virus.
Pensad en el despoblamiento y desaprovechamiento de muchas de nuestras zonas rurales.
Pensad que traer el agua al Distrito Federal del Río Temascaltepec para suplir el agua que se desperdicia a través del averiado Sistema Cutzamala solo agravará los desequilibrios existentes, que habrá cien nuevas torres en Santa Fé e Interlomas y 10 mil hectáreas más de tierras cuarteadas y echadas a perder por la falta de agua.
Pensad en nuestros absurdos hábitos alimenticios “Made in U.S.A”, altos en calorías y bajos en vitaminas.
Pensad en la contaminación ambiental, el tráfico y los congestionamientos provocados por las nuevas obras viales, que nos bajan las defensas, aumentan nuestros niveles de “stress” y llenan los bolsillos de los magnates de la industria automotriz, de las empresas constructoras y de los gobernantes que las contratan.
Pensad en los laboratorios transnacionales que se están haciendo millonarios a costa nuestra.
Pensad que los virus de Internet los inventan, y los destruyen, módica suma de por medio, los ingenieros de Microsoft.
Pensad que los virus que atacan a los humanos no los inventan los puercos, ni las aves, como mañosamente se pretende dar a entender, con los términos “influenza aviar” e “influenza porcina”.
Pensad, que el Seguro Popular, que merma las arcas públicas, no sirve para nada, porque no hay vacunas y los virus mutan, en caso de que las hubiere, y que solo la fortaleza y la debilidad de cada uno de nuestros organismos determina quien vivirá y quien morirá.
Pensad, que la influenza porcina no es ningún complot, sino el resultado de una larga cadena de estupideces cometida por los todos los actores de los sectores público, privado y social, los abajo firmantes incluidos.
Pensad y actuad en consecuencia.
Dado en algún lugar de la Sierra Madre Occidental, el día 27 de abril de 2009. Rúbricas. (Ilegibles)
El viernes ya estaba la epidemia: “Influenza”. Suspendieron las clases hasta nuevo aviso. Brotes en el D.F., San Luis Potosí, Toluca, Oaxaca, Veracruz…Hoy lunes, estoy a la espera del recuento de casos y decesos, en la voz de López Dóriga, cuyo rating sube como espuma cuando hay tragedias. No lucra. Informa.
Mil doscientos, mil trescientos, mil quinientos casos…comienza a darme lo mismo. Si fueran cinco mil, seguramente que no lo anunciarían.
-Señor Secretario, esa cifra es inadmisible.
-Pues es la que tengo, Señor Presidente.
-La que tenía… dé instrucciones para salga en actas y estadísticas que los difuntos fallecieron de otra cosa. Pulmonía típica, SIDA, lo que quiera, pero queda prohibido poner que fue por influenza porcina. Tampoco baje la cifra demasiado, quiero que la gente siga utilizando su bozal.
No, no tengo intervenidos los teléfonos presidenciales, pero tampoco es tan difícil de imaginar la situación. El pánico podría ser peor que la triste realidad. Dicen que la enfermedad no es mortal, que solo se mueren algunos, los que tengan las defensas bajas, preferentemente mexicanos. Por alguna razón incomprensible los americanos se enferman, pero no se mueren. Los canadienses igual.
Mañana tengo un desayuno. Asuntos de trabajo. Espero no toser, ni estornudar. Ese simple hecho haría que mis colegas me miraran como al asesino potencial. ¿Y si tosen ellos? Cuatro días de encierro y de utilizar mi bozalito no habrán servido para nada. Si me tosen en el desayuno y me voy a la oficina, me sentiré víctima y asesino potencial, las dos cosas al mismo tiempo. Y lo mismo de regreso a casa. O sea que la influenza porcina está peor que el temido SIDA: No hay condón que sirva para nariz y garganta.
Como dicen en la tele, me lavaré las manos diez veces al día; usaré mi bozal o cubre bocas; no iré a lugares concurridos; pero no hay tal cosa como riesgo cero. No es la situación ideal para despreocuparse y vivir la vida como si cada día fuese el último día. Ni gimnasios, ni conferencias, ni conciertos, ni bares, mucho menos el spa.
¿Será el momento de ponerme místico? Agradezco este virus mutante para que recuperemos el temor a Dios… No, definitivamente no va con mi forma de pensar.
Recuerdo un reportaje del “Time” de hace algunos años, cuando estaba la Guerra de los Balcanes. “La mentalidad de la gente de Sarajevo”, o algo así. ¿Cómo vivir cuando la muerte acecha a la vuelta de la esquina? Sólo había una manera: Actuar con toda normalidad, como si nada fuese a pasar, porque si pasa, pasó, y en esas condiciones uno no tiene ni el chance de recriminarse nada. Está bien si me toca a mí, pero, ¿si le toca a los familiares más cercanos, a los amigos, a los seres queridos? Entonces, tal vez, uno sea el que pida a gritos ser el siguiente y acabar así con la pesadilla. No importará si el dólar se va a veinte pesos, si la economía se colapsa, si nos corren del empleo, si nos divorcian, ó nos expropian al amparo de la nueva Ley.
Los señores del gobierno saben que habrá, ¿que habremos? sobrevivientes. Por eso es bastante absurda la teoría de que se trata de un complot: “Entrarán a vuestras casas ladrones disfrazados de inspectores de la salud”. Me parece mejor reflexionar al amparo del siguiente
MANIFIESTO A LA NACIÓN
Mexicanas y Mexicanos:
Sobrevivientes:
Pensad en la aglomeración tan absurda de gente que tenemos en nuestras ciudades y que nos hace vulnerables a un mugroso y mugriento virus.
Pensad en el despoblamiento y desaprovechamiento de muchas de nuestras zonas rurales.
Pensad que traer el agua al Distrito Federal del Río Temascaltepec para suplir el agua que se desperdicia a través del averiado Sistema Cutzamala solo agravará los desequilibrios existentes, que habrá cien nuevas torres en Santa Fé e Interlomas y 10 mil hectáreas más de tierras cuarteadas y echadas a perder por la falta de agua.
Pensad en nuestros absurdos hábitos alimenticios “Made in U.S.A”, altos en calorías y bajos en vitaminas.
Pensad en la contaminación ambiental, el tráfico y los congestionamientos provocados por las nuevas obras viales, que nos bajan las defensas, aumentan nuestros niveles de “stress” y llenan los bolsillos de los magnates de la industria automotriz, de las empresas constructoras y de los gobernantes que las contratan.
Pensad en los laboratorios transnacionales que se están haciendo millonarios a costa nuestra.
Pensad que los virus de Internet los inventan, y los destruyen, módica suma de por medio, los ingenieros de Microsoft.
Pensad que los virus que atacan a los humanos no los inventan los puercos, ni las aves, como mañosamente se pretende dar a entender, con los términos “influenza aviar” e “influenza porcina”.
Pensad, que el Seguro Popular, que merma las arcas públicas, no sirve para nada, porque no hay vacunas y los virus mutan, en caso de que las hubiere, y que solo la fortaleza y la debilidad de cada uno de nuestros organismos determina quien vivirá y quien morirá.
Pensad, que la influenza porcina no es ningún complot, sino el resultado de una larga cadena de estupideces cometida por los todos los actores de los sectores público, privado y social, los abajo firmantes incluidos.
Pensad y actuad en consecuencia.
Dado en algún lugar de la Sierra Madre Occidental, el día 27 de abril de 2009. Rúbricas. (Ilegibles)
2 comentarios:
Estimado Alcides;
Cualquiera que haya sido el origen de está situación que amenaza la salud y vida de tantos seres humanos, se ha vivido una experiencia inimaginable de VULNERABILIDAD en el "México Profundo", en el "México no tan Profundo" y en el "México de la Estratósfera". La Teoría Darwiniana ha sido clara para nuestra sociedad, hay personas con mentes brillantes(los menos) y los "pendejos" (los más), así como los organismos resistentes y los débiles;al final y como lo dicta nuestra historia, sobrevivirán los más hábiles para enfrentar, con desición , solidaridad, y valor está situación.
Me entristece recordar Gérona (escrita por Benito Pérez Galdos), tal parece que no aprendemos de la experiencia de los demás.
Saludos; ¡¡¡ achuuuuuuu.... sniffff, sniiffff, sniif...!!!!
P.D. Mi estimado Alcides; desde la trinchera, en el campo de batalla , se hacen los manifiestos.... por lo menos en esta ocasión
Hola Alcides
Hoy estoy de paseo por la red en busca de contadores de cuentos, letras nuevas, amigos para aprender y compartir. Te dejo una invitación con especial motivo para que me acompañes esta semana que dedico a la lectura de las letras Argentinas. Espero que lo que estoy leyendo te guste tanto como a mí. Espero tu visita en mi Casa de los Cuentos, tus opiniones y comentarios.
Saludos desde Mérida, Venezuela. Jabier.
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