sábado, 2 de abril de 2011

La Única Ilusión es el Olvido

Escuela en Chernobyl. 25 años después.




LA ÚNICA ILUSIÓN ES EL OLVIDO

Bajé al garage de la casa. Tenía tiempo deshabitada y yo quería hacerla funcionar. Para ese entonces ya habían sido varios los arreglos que había hecho ó mandado a hacer. Comencé con la cerrajería. Checar que cada chapa funcionara y tuviera su llave. La esencia de una casa es el sentido de seguridad que brinda y sin cerraduras no cumple bien con su función. Luego seguí con el zaguán. Contraté un “maistro” que lo raspó, le quitó el óxido y lo pintó. Una casa es una fachada antes que nada y por lo mismo hay que tenerla presentable. Me sentía a disgusto al ver los nombres de los niños de la señora que va a hacer el aseo marcados en el óxido de la puerta del acceso principal. En una de esas visitas de supervisión de los trabajos de mantenimiento entré a la cocina a prepararme un café y vi que las hiedras trepaban por la pared de afuera hasta llegar al voladizo del techo, y que las raíces con las que se adhieren las hiedras a las paredes se estaban metiendo entre el vidrio y el marco de aluminio, con riesgo de reventarlo. Estuve hasta el anochecer arrancando y podando hiedra. Cuando volví, de mañana y con buena la luz, me di cuenta que otra nueva tarea había quedado al descubierto. Las hiedras al trepar habían dejado su rastro de polvo y mugre en todas las paredes. Había que raspar, lavar y volver a pintar.

La estufa no prendió ese día por falta de gas. En la compañía a la que hablé se comprometieron a surtirme al día siguiente muy temprano. Por esa razón fue que después de mucho tiempo volví a pasar una noche en esa casa. Todo bien…hasta que me levanté, pasé al baño, hice lo que tenía que hacer y abrí la ventana para ventilar. Balanceándose con suavidad se metieron al baño unas ramas de un verde tierno del piracanto que está plantado abajo. Contemplé con gusto las ramas y me deleité con las tonalidades cambiantes de verde que producían los rayos del sol de mañana de invierno…hasta que racionalicé que esas ramas no estaban bien ahí. No eran un peligro inminente como las hiedras pero sencillamente no estaba bien que las plantas del jardín se metieran por la ventana. A la espera del gas tomé el machete y me puse a cortar el piracanto. Derribé la rama más grande y después la partí en trozos más pequeños que se podían acarrear fácilmente hasta el área en la que algún día estuvo el hoyo de la composta y que ahora era un montón de ramas, hojas secas, pedazos de ladrillo, trozos de cemento y cascajo en general. Qué curioso es todo esto, pensé, entre más trabajo, más trabajos quedan pendientes de realizar.

Ese fue el día que bajé al garage en busca de un pico y una pala para despejar un poco el hoyo de la composta. No estaban en el lugar dónde yo recordaba que se guardaban, así que los busqué por los costados, entre el material que sobró de la última remodelación. Eran varias cajas de mosaico de baño y loseta de piso que me aconsejaron que guardara por si alguno, algún día, se llegase a romper. En diez años no se había roto ninguno pero ahí estaban esas cajas, estorbando en el garage. Preferible sería remendar un baño con un mosaico de color ligeramente diferente a tener apilado ahí ese material durante todo el periodo de vida útil de la casa, pensé, mientras continuaba la búsqueda del pico y la pala debajo de una escalera externa.

Si en los costados del garage predominaban las cajas de cartón, por esta sección predominaban los botes de pintura, botes de impermeabilizante, botes de barniz, botes y más botes. Abrí uno grande de Comex para determinar si sería basura o habría material que se pudiese aprovechar y pintar la pared manchada por las hiedras. La tapa se rompió por los bordes al tratar de quitarla. Era más óxido que tapa y en el fondo percibí una mezcla gelatinosa color ladrillo de aspecto nada agradable. Fue impermeabilizante, deduje. En algún momento dejé de buscar el pico y la pala. Estaba profundamente inmerso examinando aquellos materiales y rememorando la época en que habrían sido utilizados. Detrás de los botes, entre los botes, debajo de los botes, había bolsas de plástico endurecidas por el paso del tiempo, ennegrecidas por lo mismo, algunas con clavos, otras con tornillos y tuercas, y otras con herrajes diversos como cerraduras y bisagras. Claramente habían comprado kilos de clavo de más cuando construyeron la casa pero la cantidad de tornillos y tuercas que estaban ahí no hacía ningún sentido. Las cimbras se hacen con clavos, no con tornillos. De entre las bolsas y los botes apareció de pronto una caja de triplay pintada de color marrón. Primero el descontrol. ¿Será? Después el regocijo. ¡Es! Finalmente la ansiedad. Me abalancé para abrirla y ver que es lo que tendría adentro. Era mi caja de herramientas. La que utilicé cuando viví ahí, cuando era joven. Antes de que tuviera que irme por causas de fuerza mayor. Desarmadores. Llaves de tuercas. Cinceles de albañil. Escuadra metálica para carpintería. Cuchillo de acero de piel roja en funda negra. Lo avientan de tal forma que hace piruetas en el aire y cae con la punta firmemente clavada en el suelo para intimidar al enemigo. Toda la herramienta estaba oxidada pero no faltaba ninguna.

Al contrario. Había herramientas que no podía recordar, como las prensas ó una sierra caladora eléctrica Black&Decker que apareció después, junto a la caja de madera, en su empaque original. Entonces recordé a Uriel, un peón que trabajó durante la construcción de la casa y que además era el velador en la obra. Nunca terminé de construir la casa. El puesto de velador se transformó gradualmente en uno de mayordomo. Cuando yo viví ahí Uriel me hacía los mandados y lavaba los carros. Pero le sobraba tiempo y el era quien me proponía hacer tal o cual mueble, tal o cual obra, o sembrar tal o cual planta. Hizo mesas para el radio y para la televisión, repisas y libreros; hizo los rodetes de piedra que rodean a los eucaliptos; y sembró casi todas las plantas que hay ahora. Fue Uriel quien me pedía dinero para comprar tal o cual herramienta. Por aquella época fue que tuve que salir de esa casa y Uriel todavía se quedó algunos años más antes de emigrar hacia un puerto en Texas. Dicen que se dedicó a desmantelar barcos y tiempo después murió de cáncer pulmonar.

Uriel se fue porque necesitaba mandar más dinero para sus hijos y su mujer, una enfermera que nunca lo quiso. Cuando Uriel iba a su casa en la localidad de Taxquillo en el estado de Hidalgo, la mujer le aceptaba el dinero pero no lo dejaba pasar a la casa, mucho menos a la habitación, según me contaba él.

Hoy pienso que Uriel ha de haber tranquilizado el alma con esas herramientas que quedaron desafiando al tiempo debajo de la escalera. Cuando yo utilizo mis herramientas y me dedico a podar, a escarbar, a cortar, a pulir, a lijar, a taladrar, se va la noción del tiempo, desaparece la ansiedad, no hay crisis existencial, no hay rencor, no hay envidia, no hay miseria, no hay nada. Es el olvido. Con los años la mayor y única ilusión es el olvido.

lunes, 21 de marzo de 2011

POEMA DE LOS ÁRBOLES

POEMA DE LOS
A R B O L E S

Amem silvas inglorius ……


ANGEL MARIA GARIBAY K.






Mexico, d.f.
1932

POEMA DE LOS
A R B O L E S

Amem silvas inglorius ……
VIRGILIO, GEÓRGICAS



ANGEL MARIA GARIBAY K.






Mexico, d.f.
1932














A Luis Humberto Navarrete D.
con el afecto de maestro de ayer
y amigo de la eternidad.







A QUIEN LEYERE

He separado del resto de un libro mío que estuvo en prensa en 1930 y no llegó a ver la luz pública por causas enteramente ajenas al gusto del autor, los siguientes Sonetos.
Mi edición tiene el carácter de enteramente privada: precisamente por serlo, nada tendrán que ver con la alta literatura, ni tampoco con la baja: ni con la antigua, ni con la novísima. Son pura y exclusivamente manifestación de mis aficiones muy personales. Por ello, igualmente, llevan la dedicatoria que en la proyectada edición se había suprimido.
Escritos bajo la paz sublimadora de las selvas de Huizquilucan, los doy a la prensa en la extática paz de Tenancingo.


Julio de 1932.
ANGEL MARIA GARIBAY K.



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I.- PRELUDIO

En la vega las sombras se agigantan,
el sol al tramontar, el hueco río
va murmurando en el boscaje umbrío,
los glaucos sauces en sus frondas cantan.

De Vésper rubescente se adelantan
los resplandores, gime el viento frío,
de cada hogar, lejano ya y sombrío,
nébulas de humo azules se levantan.

Vamos al bosque: la penumbra verde
la paz infunde y el amor destila
y su contacto al dolorido sana.

Allí el recuerdo del dolor se pierde
y una fuente de luz, casta y tranquila,
del alma dentro, deleitosa mana.







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II.- EL OCOTE


A la borrasca imperturbable asiste
tu fronda hirsuta que poemas teje,
en la alba niebla su verdor protege
y al rayo iridescente hostil resiste.

Traigo mi corazón, sediento y triste,
a que al abrigo de tu paz se queje:
haz que impregnado de tu olor se aleje,
henchido del vigor que te reviste.

Tú siempre lloras, rumoroso ocote,
mas en perlas tus lágrimas se mudan,
al resbalar del desgarrado brote,

y esas gotas lumínicas que sudan
de la cruel segur a cada azote,
¡quién lo creyera! fuego y arte escudan.









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III.- LA ENCINA


Ser fecundo y eterno, cual la encina
que con su negra ramazón descuella,
rotunda, altiva, rumorosa y bella,
y entre todos los árboles domina;

prodigar sus bellotas, ser vecina
del rayo y nunca conservar su huella;
en el hacha crüel dejar la mella
por cada golpe que le da la inquina.

Tal el resumen de mis sueños era
cuando en mi sangre ardía la primavera
y en mis entrañas ebullía la vida.

Hoy… me acurruco, pensativo y manso,
por el dolor deshecho, en el descanso
de su fronda, del aura estremecida.










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IV.- EL OYAMEL


GLAUCA en las cumbres tu ojival cabeza,
cual arpa al viento, sin cesar se mece;
mitos ocultos murmurar parece,
o que, piadosa, sin cansarse reza.

Del huracán se burla tu firmeza,
tu plumígera fronda se estremece,
y, ni al invierno, ni al ardor perece,
azul e inmóvil, muere como empieza.

Todo eres bello: por ti sube el alma
a otras alturas y en la paz reposa
que tu frondoso tremular destila.

Pero es más bella la profunda calma
de un ataúd, hecho de ti, en la fosa
que el dolor abre y el amor vigila.








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V.- EL ALAMO


No al reverbero del radioso día
fuiste forjado: de la noche santa
tú eres el árbol, tu follaje canta
con un tremer de azul melancolía.

A tus hojas de plata se confía
de la luna el fulgor y en ti se encanta
del ruiseñor la trémula garganta
en tus brazos derrocha su armonía.

Ama el arroyo reflejar tu fronda
que, trepidante en plácido aleteo,
cual níveos copos, sin cesar se agita,

y en los temblores de la inquieta onda,
lucir, vibrar y esfumarse veo
tu belleza en la sombra que palpita.






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VI.- EL LAUREL


De Dafne aun en tu corteza treme
el casto corazón que se aprisiona,
y Febo te entreteje a su corona
y su aljaba y laúd tu amor no teme.

Aunque el invierno los follajes queme
de la undívaga selva, no abandona
jamás tu brillo el bosque, que blasona
gozar vida de un dios, sin que blasfeme.

El rojo tinte de tus frondas trémulas,
del rosicler y de las llamas émulas,
en mi frente ceñir jamás anhelo:

una gota de láudano quisiera,
—de esa tu sangre,— que el sopor trajera
a mi ansia inquieta y a mi estéril celo.





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VII.- EL OLIVO

TENGO una deuda con tu fruto, olivo,
olivo de la paz y la victoria;
quemé el placer y olvidé la gloria
y al olor de tus ungüentos vivo.

Tuya es la unción con que poder recibo,
tuyo el germen que guarda mi memoria:
al llegar a la vida transitoria,
o al partir, unjo al hombre fugitivo.

Hojas, espadas que besó la luna,
copia florida, que a la abeja mieles
das y al doliente, trepidante abrigo,

amo la suavidad de tu aceituna
más que palmas y mirtos y laureles,
árbol de Palas y de Cristo amigo.










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VIII.- EL FRESNO

TIENES silencio y paz, tienes frescura,
tienes modestia: juntos, raros dones;
con tu solemne majestad impones
y al corazón deleita tu figura.

Juegos y amores a tu sombra pura
mil veces viste, y oyes las canciones
del poeta que sueña, o amargos sones
del fúnebre tropel que se apresura.

Arbol de la provincia y los hogares
con su paz, su silencio, su apacible
vida serena que diluye suave:

a tus ramas, a veces seculares,
con infinita calma intraducible,
pasta el cordero y se adormece el ave.





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IX.- EL CIPRES

CIPRÉS doliente que la paz pregonas
de los sepulcros que amoroso escudas,
vibrar yo siento las plegarias mudas
del himno augusto que a la muerte entonas.

Ni epitafios, ni cirios, ni coronas
valen sobre las lápidas ceñudas
cual las que tú, de tus cortezas rudas,
lágrimas perfumadas desmoronas.

Ciprés, yo envidio la suprema calma
con que la muerte y el dolor protejes
mientras se agita rumorando el viento,

y, al contemplarte tan erguido, siento
ansias inmensas de que tú me dejes
entre tus frondas exhalar el alma.







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X.- EL MADROÑO

MADROÑO grácil de granate y seda,
émulo del laurel, en ti reposa
del sol gentil la clámide radiosa
y tu ramaje rojiglauco enreda.

Labios abiertos a besar remeda
de tus corimbos trémulos la rosa,
y es una móvil dulce mariposa
cada hoja sutil que de ti rueda.

Si un alma tiene cada sér, la tuya
es tan limpia, tan dúctil, tan discreta,
que al mal hechiza y al dolor arrulla.

En ti se agita, pávida e inquieta
y, ¿quién dirá si otro vivir no intuya?
Tu alma, madroño, es alma de poeta.





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XI.- EL SAUCE

ONDULA, ondula, sauce, junto al lago,
en él refleja tu gentil follaje
que se revuelve, movedizo y vago,
de las brisas en casto maridaje.

Viviente huella de guerrero estrago,
o amparador del recibido ultraje,
a tu sombra el poeta dio por pago
el arpegio mejor de su cordaje.

¡Tumbas y lagos! ¿Qué mejor pudiera
feudo escoger tu frente encanecida
para que a tus murmullos se adurmiera?

En ambos germen misterioso anida:
el lago es tumba de la linfa austera
y la tumba es un lago de la vida.






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XII.- EL PIRUL

Tú, del estéril páramo belleza
única, sólo plácido reposo
del tostado viajero, vagoroso
tu follaje sutil murmura o reza.

Eres nota solemne de tristeza
en la ruinas, tu manto rumoroso
verde clámide finge; silencioso
llora el lento vaivén de tu cabeza.

Al penetrante olor de tus resinas
quien te busca se queda embebecido,
y al trepidar tus bayas purpurinas,

sus congojas y amores da al olvido.
Tú en la infecunda soledad dominas
como la huella de un amor perdido.






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XIII.- EL AILE

Yo soy el árbol que a la orilla crece
del ondulante querelloso río;
yo, sin cesar, mi imagen le confío,
él, sin cesar, la copia y desparece.

Cuando el sol meridiano lo adormece,
bajo a besarlo y sufro su desvío,
cuanto más a mis pies atarlo ansío,
tanto mejor fugaz se desvanece.

¡Así la vida es! Eterna lucha
del amante al amado dura estalla:
cuanto más le persigue, más se aleja.

Cuando el ardor de su pasión escucha,
del amado en el fondo apenas halla
que ama su imagen que el amor refleja.






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XIV.- EL TEPOZAN

ENFELPADAS de nieve y de verdura
nigricante tus hojas, que trepidan
a cualquier viento, a reposar convidan
bajo la oliente paz de tu frescura.

Algo robas, tal vez, a la ternura
de los gorriones que en tu fronda anidan:
si el viejo nido en tu ramaje olvidan,
algo también te dejan de amargura.

Solitario, a la orilla del sendero,
o, en los eriales, lánguido y sombrío;
junto al arroyo, sin cesar parlero,

o, al borde de la mies, amable y pío,
siempre invitando estás al pasajero
y él te desprecia, como al canto mío.






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XV.- EL TEJOCOTE

Tu rígido ramaje se amortaja,
del gélido sopor a los rigores,
con mil nevadas trepidantes flores,
o de aurirrojas gemas mil se alhaja..

Tu leve poma a un mismo tiempo cuaja
acritud y dulzor, cual los amores
en el alma se alían con los dolores,
cuando el sueño su ideal trabaja.

Fruto y tristura por el campo riegas
cuando, muerto el otoño, se estremece
todo a una flava irradiación de oro.

Nunca del sol ante el fulgor doblegas
tu verde fronda que entre espinas crece
y es tu rudeza tu mejor tesoro.






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XVI.- EL CAPULIN

Si de frutos tu fronda se empurpura,
pámpanos finge de una vid extraña,
o en el almíbar de tu flor se baña
la abeja grácil que al libar murmura.

Es fama que envenena tu dulzura
y que tu sombra al que se acoje daña,
cual si guardara la indomable saña
del caudillo poeta tu frescura.

Nezahualcóyotl de tu fronda inquieta
en el refugio se acogió fiado
y tú le diste ritmos de poeta.

De su tristeza te cuajó: agobiado
al recuerdo pareces y en secreta
melancólica paz estás bañado.






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XVII.- EL AHUEHUETE

PATRIARCA de los árboles, tus frondas
sacudidas por vientos milenarios,
asemejan girones de sudarios,
o nupciales, deshechas, blancas blondas.

¿Quién dirá los recuerdos que tú escondas?
¿quién los archivos hallará en tus varios
enormes troncos? ¿quién en los santuarios
penetrará de tus raíces hondas?

Tú guardas el silencio de los siglos,
de mil razas repites el lenguaje
y, año tras año, inconmovible avanzas.

Fingen tus ramas lúgubres vestiglos,
mas tu florido trémulo follaje
es un pulmón cuajado de esperanzas.

1927







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jueves, 24 de febrero de 2011

El Reloj

El Reloj, de Carmen Rosenzweig




EL RELOJ

Se tapó una vez más el desagüe de la regadera y se formó una pequeña alberca en esa área. Las aguas derramaron y escurrieron por el piso hacia el lavabo y el escusado. Caray, definitivamente tengo una atracción fatal hacia lo prosaico. La tapazón era lógica...los caños se tapan, no es necesario dar mayor explicación...pero, ¿Y la inundación? Todas las llaves estaban perfectamente cerradas. Por eso abrí las puertecitas de madera de debajo del lavabo, tontamente debo reconocer, ya que aún cuando hubiese una fuga por ahí era imposible que las aguas hubiesen brincado el pequeño muro que delimita el área de la regadera. En ese caso las aguas hubiesen avanzado hacia la habitación.

Seco, impresionantemente seco, encontré en el compartimento cerrado de debajo del lavabo un ejemplar perfectamente conservado de El Reloj, de Carmen Rosenzweig. Lo abrí. Es una colección de cuentos breves. Primera edición de 1956. Ejemplar dedicado a quien sabe quien, "con mi ternura constante". Firma de la autora. ¿Cómo llegó el libro ahí? Lo ignoro. Mi padre ocupó esa habitación hasta 1986, año de su muerte, y hasta dónde sé, tenía a la autora en alta estimación. Durante una época mi padre fue lector de baño pero en sus últimos años abandonó esa costumbre. Lo recuerdo leyendo en el automóvil, en el comedor, en su cama, en todos lados pero evidentemente en el baño no. Subrayando siempre lo que le parecía interesante, con lápiz y plumón, sin que las líneas le salieran chuecas o torcidas. Su pulso era excelente para subrayar e inclusive, cuando se dormía, mantenía el libro abierto con una mano y con la otra sostenía el plumón o lápiz justo en el punto donde había dejado, o comenzado, el subrayado. En sus últimos años mi padre no leyó literatura. Leía historia, sobre todo historia de México, historia económica, y filosofía: de la ciencia, del conocimiento, del lenguaje, de la vida, de la historia...en fin, sus horizontes culturales eran amplios y bastos. De joven si leyó literatura pero según me confesó en alguna ocasión, se deshizo de esos libros para poder mantener en los estantes su creciente colección de libros de las disciplinas de su interés y pasión.

¿Qué hacía ahí, pues, ese volumen de El Reloj, de Carmen Rosenzweig? Sin subrayar. Los primeros cuentos son costumbristas. Los cuentos intermedios, y hablo exclusivamente de su ubicación en el volumen, son confusos, y los cuentos finales son magistrales. Todo evidentemente según yo. Un tratamiento lúcido, desapasionado, a los temas de la muerte, de la soledad, de las razones de la existencia humana -no de la raza sino de la vida de cada quien-. Pienso que es un error sacar la moraleja de los cuentos -vive la vida porque de todos modos te vas a morir-. El género cuentístico es hermoso porque aunque breve no admite reduccionismos ramplones. Vivo la vida intensamente, OK, pero donde quedan mis temores, mis indecisiones, mis cálculos precisos o fallidos, mis herencias de infante, mis traumas de adolescencia, mis espejismos de la primera juventud, mis condicionantes de entorno? Si, todos nos vamos a morir pero aún la existencia más gris es única e irrepetible. Bienvenidos mis éxitos. Bienvenidos mis fracasos. A fin de cuentas vale tanto lo que pensé como lo que hice.

Tal vez la vida sea una oportunidad de venir a soñar en tercera dimensión con audio, video, tacto, olfato y gusto.

Un libro muy recomendable para quien lo pueda conseguir. “Se tiraron seiscientos ejemplares sobre papel Continental bond de 60 kilos”, dice el pie de imprenta.

lunes, 21 de febrero de 2011

Más Muebles de Guadua

Puerta de Guadua y Repisa Estilo Chino

Acabados de Baño en Guadua


domingo, 9 de enero de 2011

El País de la Vainilla

Viveros en Gutiérrez Zamora, Veracruz


Vaina de Vainilla en Campo

Vainas. Secado al Sol.


Vainas en Bodega. En espera del sol del día siguiente. Para protegerlas de lluvia, insectos y depredadores. Tres meses de secado aproximadamente.



Vainas de Vainilla. En Punto de Venta Final. Calidad de Exportación. Tienda Onza, Gutiérrez Zamora, Veracruz.









Tecolutla Shopping Mall

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lunes, 9 de agosto de 2010

SE LLAMA KATY

Taller de Muebles de Guadua

En una libreta roja, las hojas gastadas por el tiempo, había apuntes de todo tipo. El nombre del propietario no venía ahí. La caligrafía era mala, en letras de molde de tamaño dispar e inclinaciones variables. Se intuía que no se había puesto la misma presión sobre el bolígrafo al momento de escribir cada letra y cada palabra, o bien, que el bolígrafo utilizado era de pésima calidad. Faltas de ortografía no había ninguna; de sintaxis tal vez varias. Es difícil juzgar. La gramática clásica reprobaría a mas de uno de los mas celebrados novelistas modernos. Celebrados, no célebres. Era posible que la mayor parte de las anotaciones se hubiesen hecho sobre una superficie en movimiento, como sucede cuando uno escribe en un autobús o en el metro. O en un avión que atraviese por una zona de turbulencias, para listar todas las posibilidades. Cuentas por pagar. Números telefónicos. Combinaciones alfanuméricas que aparentaban ser nombres de usuario y claves de acceso a sitios de internet no especificados. También había algunas frases sueltas y fragmentos de relatos o versiones preliminares de lo que después podrían haber sido entradas en un diario. A la luz de esta última reflexión se me ocurrió que el dueño o dueña de la libreta podría haber sido un perfeccionista y no una persona sumamente descuidada, como aparentaba.

Transcribiré un pasaje de la libreta roja. Pocos medios en el mundo transcriben las frases que escriben las personas humildes. Las tonterías que dicen los poderosos, ya que rara vez escriben, se transcriben en versiones estenográficas que aparecen en lugares prominentes de los diarios, en ediciones tanto impresas como digitales. -Vamos ganando la guerra contra el narco, dijo Calderón. Además se están acabando las personas humildes. No es lo mismo hablar de gente humilde que de una masa amorfa de personas nacas. Contestonas, groseras y de mal gusto. La gente humilde es sencilla, respetuosa, solidaria, un poco callada y sobre todo temerosa de la ira de Dios, y de la de sus patrones de la clase media.

INICIO DE LA TRANSCRIPCIÓN

14 de octubre

-Lo que una persona muestra en el Facebook es fiel reflejo de su vida real, dijo ella. Varios nos inconformamos pero no logramos que cambiara de opinión. Al llegar a casa entré a su página y ví los álbumes con su familia, con sus hijos pequeños, con sus amistades y también las fotos de las fiestas a las que asiste. En mi Facebook casi no tengo nada. Hay dos fotos en mi perfil. Salgo solo, de frente, viendo a la cámara. Desde que cumplí 50 me ha dado por pixelearme el rostro. Casi no voy a fiestas. Asisto rara vez a las comidas. No soy fotogénico. Me veo mas viejo de lo que en realidad soy. Me puedo dar de baja del Facebook, eso es evidente, pero mejor, algún día, cuando decida publicar mis escritos con mi nombre real, pondré la dirección url del Blog de los Humildes y por lo pronto la foto de mi taller. Una persona es lo que es, por sus obras. La curiosidad de los terceros en las cosas que escribo, de momento, no ayuda en nada y podría perjudicar bastante. -Miren nada más las pendejadas que escribió este güey, dirían las masas incultas, al tiempo que las personas humildes guardarían un silencio respetuoso. Con mis escritos abiertos al dominio público y asociados con mi persona, más la foto del taller, rollito más tallercito serán pasos secuenciados para garantizar mi tránsito hacia la posteridad.

Angie Quesada

En el taller de muebles de bambú se desarrolla un proceso de creación único en su tipo. Parece vanidad, pero no, es un reconocimiento franco y sin rodeos a la realidad inocultable de que mi producción es artesanal, por lo que debe entenderse que las piezas salen defectuosas pero no siempre con el mismo defecto. Mi pieza más reciente (http/www.piezaunica@fotosdelfuturo.com), es una repisa para libros que se basa en una inusual combinación de cortes: 90 y 45 grados, bocas de pescado y picos de flauta. Lateralmente puede cargar toneladas de peso, pero los largueros no descansan ahí, sino que están ajustados a las diagonales de las estructuras laterales, así que el peso no se distribuye uniformemente desde arriba y todo depende de la fortaleza de cada unión forjada en hierro. Es un serio error de diseño estructural cometido a propósito en aras de la estética y a costa de la funcionalidad y de la eficiencia en la utilización del material. La estructura tiene debilidades donde uno menos las espera. Precisamente donde coloqué los libros. La estructura, a la que podríamos llamar mueble, ocupa un volumen desproporcionado a su masa o peso específico. A eso se le llama presencia. La estructura es hermosa. Débil, hermosa, y hueca por dentro. Las estructuras laterales tienen la forma de la letra K. Observando con atención salta a la vista la letra Y. También la letra A. Para no terminar ahorcado lo diré con todas sus letras. La repisa se llama Katy.

FIN DE LA TRANSCRIPCIÓN

Una dama indignada, tamaño de copa C, pudo haber sido quien sustrajera la libreta roja.