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martes, 10 de febrero de 2009

Benedetti en mi Fiesta de Cumpleaños


ADVERTENCIA: La Redacción del “Blog de los Humildes” se disculpa por los rasgos de cursilería que pudiese haber en este POST pero que fueron inevitables para elaborar este relato.

Sobrinita, le agradezco mucho el libro de poemas que me regaló con motivo del día de mi cumpleaños. Ya me di cuenta que ha estado curioseando aquí en mi blog y no le será difícil adivinar qué es lo que hago cuando me voy de viaje, así que no le sorprenderá que el poema que me gustó más se llama “Verdes”, y lo transcribiré para el público en general, pero mientras tanto quiero platicarle que antes de que llegaran los invitados a la comida que me organizó, abrí la gaveta donde guardo las cartas y las fotos viejas y me entró la nostalgia. La foto de esa chica está deslavada, le salieron unas burbujas que le distorsionan el cuerpo y el rostro, y en algunas partes ya se descarapeló, pero aún así, prefiero el cajón de los recuerdos a tener toda la evidencia documental de mi existencia en un dispositivo usb. Ella me enamoró a mí, digamos que se llamaba Gladys, precisamente a través de un poema de Benedetti que también sale en el libro que me regaló:

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

Le aclaro que Gladys no era romántica sino una histriónica consumada. Engolaba la voz, recitaba el verso y soltaba una sonora y contagiosa carcajada, y así pasábamos la mañana tirados en el jardín, tomando el sol, leyendo los poemas ó platicando de cualquier cosa. Hicimos extravagancias en el asiento trasero del automóvil, que sería altamente inconveniente relatar pero fácil de imaginar, y ella no paró de reír durante todo el trayecto de Tlalpan a Cuajimalpa, porque las situaciones extremas le causaban una extraña fascinación, en este caso, las miradas del chofer por el retrovisor, que nunca supimos si ese día manejó con exceso de cautela o sencillamente andaba de fisgón. ¡Un fisgón! le susurré al oído; ¡un fisgón!; repetía ella divertida, porque gozaba al encontrar personajes de novela en la vida real. ¡Un viejo rabo verde!; me dijo al llegar a casa antes de comenzar nuestros rituales de caricias sin que técnicamente hayamos hecho nunca el amor, como dijo ella en otra ocasión soltando una nueva carcajada, en un claro paralelismo con Bill Clinton y Mónica Lewinsky. Gladys tenía unos lindos ojos color caramelo, pero… usaba pupilentes color verde.

Verdes, en Mario Benedetti. El amor, las mujeres y la vida.


Defienden las praderas
la verde mar la selva
las alfombras de césped
las hiedras trepadoras
la amazonia humillada
la sombra de los pinos

coleccionan sus glaucos
desde el verde botella
hasta el verde esmeralda
se atiborran de tréboles
cultivan la esperanza
y particularmente
espían a muchachas
tiernas y de ojos verdes

después de todo y pese a todo
los viejos verdes son los únicos
ardientemente ecologistas.

ADDENDUM:

El programa Word insiste en marcarme errores gramaticales en los poemas de Benedetti. ¡La perfección también es un virus, Bill Gates!