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lunes, 29 de septiembre de 2008

NI GOOGLE NI DIOS PODRÁN CONTRA LA INSENSATEZ

Libros, libros, libros

NI GOOGLE NI DIOS PODRÁN CONTRA LA INSENSATEZ

¿Sabía que Google revisa todo el Internet, lo indexa y lo resume? ¿Que hay unos entes cibernéticos que se llaman “crawls” que “browsean” todo “a cuatro patas, reptando, nadando, hojeando, recorriendo la tela como una araña o como un gusano”, que leen todas las páginas, le asignan palabras clave, las clasifican y almacenan su contenido en un ejército de computadoras? ¿Que gracias a esos robots el buscador Google puede presentarnos de inmediato las páginas que pudiesen corresponder a nuestras preguntas? Que para el año 2004 Google ya había leído, indexado y clasificado 24 mil millones de páginas y respondió 300 millones de preguntas diarias?

Si le interesa el tema lea el librito de Bárbara Cassin, “Googléame. La Segunda Misión de los Estados Unidos”, Fondo de Cultura Económica, 2008. La autora le pone emoción al tema. Primero nos deja convencidos de la bondad de Google, y poco le falta para lograr que seamos fieles devotos de la “Iglesia de Google”. “Google combinado con Wi Fi es comparable a Dios: Dios carece de hilos. Dios está en todas partes. Lo ve todo. Lo sabe todo”. La web es potencialmente infinita; Google también.

Después nos convence de su malicia potencial y hace que la piel se nos ponga chinita, como de gallina. Cuando utilizamos Google por primera vez, un robot coloca un “cookie” en el disco duro de la computadora, “tan indeleble y tan identificatorio como el número de identificación personal en Francia”. Ese cookie “conserva el recuerdo de las búsquedas precedentes, las huellas de las visitas y las opciones de quien pregunta”. Recomienda la autora: “Si Usted tiene algo que ocultar, tire su computadora después de usarla, y cámbiela con frecuencia…porque el cookie se queda ahí hasta el año 2038 y las informaciones a usted/ a él concernientes son memorizadas de forma indefinida”.

O sea que Google ya puede inferir que estoy planeando un viaje a la Argentina, que mi presupuesto me alcanza para pagar un hotel de medio pelo y que también investigué las tarifas, aranceles o precios de las chicas que ofrecen masaje, fantasías y acompañamiento. Por mi no hay problema que lo sepa Google, mientras no le pase la información a quien no debe. Me preocupa más la fuga de información confidencial a través de mi secretaria. El lema de Google es “No ser malo” (don´t be evil) y pienso que no me traicionará.

Bárbara Cassin presenta un Google todo poderoso, pero después, como filósofa que es, comienza a ponerle “peros”. Que si la información es cultura o no, que si la información que viene en las páginas de resultados es relevante o no, y otras cuestiones por el estilo. Cualquiera sabe que el Internet está plagado de mentiras, y que se necesita algo de educación y de sentido común para determinar que páginas nos sirven y cuáles no. Por ejemplo, a mí nadie tiene por qué creerme nada. Así de fácil. Aunque de repente escuchamos un comentario genial, de alguien que afirma que se descubrieron los restos de una civilización humana en la Luna, porque lo “leyó en internet”. La insensatez no es culpa de los motores de búsqueda.

¿Dónde están nuestros libros? ¿Dónde? Ciertamente, no en Internet, y en esa medida, se escapan al conocimiento de Google. Buen punto de Cassin. De los libros con derechos de autor vigentes, no podrá haber sino un resumen muy general. Y mientras más caigamos en el vicio de cliquear y leer, y sobre todo, de cliquear más que leer, nos alejamos de los conocimientos que solo un buen libro puede dar, y del estado de tranquilidad mental que se necesita para asimilarlo. O del goce que produce la lectura de una buena novela.

La parte final del libro habla de la necesidad de crear un motor que le haga competencia. Ya tiene nombre: Quaero. Será un motor “europeo”, patrocinado por la Unión Europea, y corregirá las fallas de Google. El ranking de las páginas de resultados no estará influenciado por la publicidad, como en yahoo, ni por el número de clicks, como en Google, sino que meterá la mano un “grupo de expertos” en cada tema. Cómo mexicano, prefiero que el ranking de los resultados siga dándolo Google; imagínense un “Grupo de Expertos” designados por el Presidente en turno. Allá los europeos con sus ideas…pero que bueno que haya mentes críticas como Bárbara Cassin que proclamen la supremacía de la educación sobre el acceso universal al inglés y al internet.