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jueves, 9 de octubre de 2008

La Crisis Mundial: Lecciones de Economía para mi Sobrinita

Andrea Rincón. Lástima. No es mi Sobrinita y Sabe de Finanzas Más que yo.

LECCIÓN DE ECONOMÍA PARA MI SOBRINITA


Definiciones Útiles para la Vida

¿Qué es el dinero, ya sea dólar, euro, yen ó peso mexicano? Es un papelito estampado con la efigie de algún héroe, poeta ó hombre de estado ya fallecido. ¿Por qué trabajar a cambio de esos papelitos? Porque a cambio dan cosas en las tiendas y comida en los restaurantes. ¿Y si junto muchos de ellos? Me dará miedo traerlos en la cartera o guardarlos en el buró. Entonces llevo esos papelitos en fajos atados con una liga y los deposito en un banco. A cambio me dan otro papelito, que se llama estado de cuenta. Sigo trabajando, me amarro el cinturón para generar un ahorro, y lo único que cambia es un número en el estado de cuenta. Ese número se llama saldo. Entre más dígitos tenga el saldo, me debo sentir más contento, o por lo menos mas seguro en torno a mi futuro. Porque con base al saldo, puedo expedir papelitos llamados cheques, y a cambio de los cheques me dan billetes.

El mundo funcionó bien así durante mucho tiempo. Había un equilibrio entre los billetes, cheques y estados de cuenta, y las cosas que uno puede comprar. Funcionó tan bien que muchos países pobres como la lejana India y la misteriosa China comenzaron a producir más y más cosas. Las cosas las producen un conjunto de individuos que se reparten las actividades necesarias para producirlas, y se llaman empresas. Los trabajadores reciben billetes que se llaman sueldos, y los dirigentes de las empresas, que se llaman empresarios o CEO´s, reciben otros papelitos que se llaman dividendos ó utilidades, y que son equivalentes a muchos fajos de billetes.

Los trabajadores que le entregan sus papelitos a sus mujeres, ya sean billetes o cheques, se llaman “mandilones”. A los trabajadores que solo le dan una parte se les acusa de machistas o egoístas. La mujer procura comprar muchas cosas con sus papelitos, acto que se conoce como “shopping”, y si puede, guardará algunos para gastárselos en un futuro, acto que se llama ahorro. Los bancos, para poderle regresar al ahorrador el papelito llamado saldo con más dígitos que en el mes anterior, expide otros papelitos que se llaman créditos.

La Economía Mundial de los Papelitos

El mundo funcionó bien así durante mucho tiempo. Había un equilibrio entre los ahorros y los créditos. Con los ahorros se pueden comprar cosas en un futuro, y esas cosas las deberán producir las empresas que tienen los créditos.

A cada uno de esos papelitos que pasan por la ventanilla de un banco, el dueño le quita algunos dígitos, o deja los mismos pero le pone números más pequeñitos, fenómeno que se llama comisión, mediante el cual se añaden ceros a los dígitos en las cuentas de los banqueros.

Por momentos se pensó que el mundo avanzaba así hacia la felicidad.

El Ahorro para el Retiro

Poco a poco, la población de los países desarrollados comenzó a envejecer. En su afán de acumular más para no carecer de cosas en su vejez, las parejas redujeron el número de hijos, término por el que se debe entender seres cuyo efecto es restarle dígitos a los papelitos propiedad de sus padres. Si los padres no tienen suficientes hijos, la edad promedio de la población aumenta. De esta forma hay más ahorros, y menos personas que produzcan cosas en un futuro. Este problema se solucionó de una manera muy sencilla: Dándole papelitos a los países con mucha población en estado de ociosidad, fenómeno que se conoce como Inversión Extranjera, con objeto de ponerlos a producir, fenómeno que se conoce como creación de empleos.

El FOBAPROA, Tecnología Mexicana que Salvará al Mundo

El equilibrio sagrado entre los papelitos y las cosas que pueden comprarse, comenzó a perderse, porque los papelitos los pueden emitir los bancos sin límite alguno, mientras que hay cosas que no pueden surgir de la nada, ya que su disponibilidad es limitada, como el petróleo y las materias primas. Diario me llaman de un banco para ofrecerme tarjetas de crédito, que son de plástico y no de papel pero da lo mismo. Si acepto una, puedo comprar más cosas sin tener que trabajar más, aún cuando las cosas totales que hay en el mundo sigan siendo las mismas. Cuando hay más dinero que cosas, las cosas suben de precio, fenómeno que se llama inflación. Si comienzo a firmar papelitos con mi tarjeta de crédito, llamados “vouchers” y no me pongo a trabajar, entonces no tendré los billetes para pagar el estado de cuenta, y el banco tendrá menos recursos para pagarle a los ahorradores.

Para que el ahorrador no pierda, el gobierno inventa nuevos papelitos, que se llaman deuda pública, CETES o Bonos del Tesoro, y se los regala a los bancos, fenómeno que se llama Rescate Bancario. Pero para que esos Rescates Bancarios no generen inflación, se necesita que alguien produzca más cosas, o bien es necesario quitarle cosas a otras personas bajo la figura de quitarle papelitos, fenómeno que se llama “impuesto” y no atraco como pudiese pensarse.

Petróleo, Dólares o Papelitos

Hay muchas cosas en el mundo que están mal distribuidas, como el agua en los continentes. Algo similar sucede con la distribución de la belleza femenina a nivel de los países latinoamericanos. Naveguen un poco en Facebook y Hi5 y podrán darse perfectamente cuenta, aunque me estoy desviando del tema principal. Los jeques árabes son los dueños de gran parte del petróleo mundial: Extraen ese valiosísimo recurso natural no renovable y lo intercambian, ni más ni menos, que por los papelitos de los que tanto hablo. Tienen tantos papelitos acumulados, que ni siquiera despilfarrando a más no poder en los Casinos de las Vegas, en Harrod´s de Londres, y en los más sofisticados burdeles de todo el mundo, logran frenar su acumulación de papeles. Ante estos hechos conviene revalorar las ideas económicas de Hugo Chávez: Al menos el si se gasta todo su dinero en pro de toda la Humanidad.

A los papelitos que con tanto esfuerzo acumulan los “workaholics” occidentales, se suman los que sin ningún esfuerzo acumulan los príncipes saudíes. Desde el año del 2003 y hasta el año 2008, el mundo entero se inundó de papelitos, fenómeno que se llama “liquidez”.

Las Teorías Económicas de la Abuelita

Llegados a este punto, de bancos llenos de papelitos cuya función principal es garantizar que el dueño de los mismos pueda comprar cosas, era necesario dar créditos bastantes y suficientes para que alguien se pusiera a producir esas cosas. ¿Pero qué cosas? Tenis, ollas de aluminio, aparatos electrónicos, o que cosas? Pues nada de eso, puesto que para eso ingresaron China y la India a la OMC. ¿Automóviles? Sí, se produjeron en grandes cantidades. Pero aún así seguían sobrando papelitos. El grave error ocurrió cuando los bancos, en lugar de dar crédito a las empresas para que produjeran, se lo dieron a las personas para que consumieran. Se acentuó el desequilibrio entre los papeles y las cosas.

Pero nadie se dio cuenta. En pleno siglo XXI, muchos de los bancos y los ciudadanos americanos aplicaron al pie de la letra las teorías financieras de mi abuelita, nacida en el año 1904, que consiste en comprar terrenos, tabiques y cemento, que juntos forman lo que se conoce como casas. El que compró una casa con papelitos prestados, tenía la esperanza de ganar papelitos propios dejando vivir en ella a un extraño, fenómeno que se conoce como alquiler, renta o arriendo. De esta manera se construyeron muchas casas, lo que se conoce como auge inmobiliario.

Seguían sobrando papelitos, y la gente no solo mandó construir las casas nuevas, sino que puso la mira sobre las casas usadas, provocando que subieran espectacularmente de precio, fenómeno que se conoce como plusvalía. Todos cayeron en el espejismo de que sus papelitos estaban bien invertidos, ya que a través de los arrendamientos y el alza de precios se generaban más papelitos sin que nadie se pusiera a trabajar.

Otros ciudadanos pensaron que es un poco fastidioso alquilarle una casa a un extraño, ya que a veces no son buenos pagadores, las maltratan y los papelitos que dejan como depósito no son suficientes para reparar los daños que provoca toda familia: Agujeros en las paredes por todos lados, unos grandes para colgar los cuadros en la sala, y otros pequeños para pegar con tachuelas los pósters en los cuartos de los niños. Además, como dice un amigo mío, “con el uso las cosas se descomponen” ya sea el flotador del WC ó las ruedas de las puertas de los closets.

Todos Podemos Ser Empresarios

El sabio sistema de los papelitos, llamado capitalismo, inventó desde hace tiempo una curiosa institución que se llama Bolsa de Valores. Si me da flojera tener que abrir una empresa y estar lidiando con los empleados y proveedores, y tampoco me gusta lidiar con los inquilinos, puedo comprar unos papelitos que se llaman acciones, y que me permiten ser dueño de una parte de las empresas, incluyendo las que hacen las casas. Así llegaron muchos papelitos provenientes de los sueldos de los empleados, los ahorros de las viudas, y las ganancias de los príncipes saudíes, a las Bolsas de Valores. Las empresas especializadas en el intercambio de papelitos de todo tipo, llamados bancos de inversión, como Lehman Brothers (que en paz descansen), también cotizaron en la Bolsa. La acción de una empresa industrial me da derecho a una parte de las ganancias por la producción y venta de las cosas de esa empresa, mientras que una acción bancaria es más esotérica, ya que me da derecho a una parte de las ganancias de un banco que maneja papelitos que presta a las empresas que producen cosas. Pero hay acciones todavía más esotéricas, como la de las empresas aseguradoras, que emiten papelitos que garantizan a un banco que una empresa le pagará su papelito a otro banco para que éste respalde adecuadamente todos los demás los papelitos que emitió. Llegados a este punto se vuelve imposible seguirle la pista a cada papelito y las cosas que se podrían comprar con cada uno de ellos.

La amplia gama de papelitos que existen en el mundo se conoce como “instrumentos financieros”.

Todo Funciona, Hasta que se Descompone

De pronto muchos trabajadores vieron que no les alcanzaba para pagar el papelito con el que compraron su casa, llamado hipoteca. El banco tiene entonces menos recursos para pagarle a sus ahorradores. Los inversionistas de la Bolsa quieren recuperar su dinero porque piensan que los bancos y las empresas inmobiliarias no tendrán papelitos suficientes, y al hacer esto, provocan que haya cada vez menos papeles en circulación. Entonces los precios de las casas bajaron y las empresas tuvieron dificultades para obtener créditos que les permitiesen funcionar. Cuando baja la Bolsa, el mercado inmobiliario y las ventas de las compañías, el mundo llega a una recesión. Los empleados pierden sus empleos y por tanto su dotación quincenal de papelitos, agravando aún mas la situación.

Sólo la Fé en el Dólar Podrá Salvarnos

La gente quiere entonces olvidarse de todos esos papelitos, pero es difícil. Ni modo que un jubilado de 60 años adquiera toda la despensa que necesitará durante los diecisiete años probables que le queden de vida, más los 20, 30 ó 40 años que le queden a su mujer, lo cual depende de que tan jóven se la buscó, y de si se trata de su primer, segundo o tercer matrimonio. ¿Qué tal si compra aceite, leche en polvo, quesos maduros y jamón serrano y le detectan el colesterol alto? ¿Ó acumula arroz y le recetan una dieta baja en carbohidratos? Ante tales problemas es necesario regresarse al papelito primario, llamado dólar.

El dólar lo emite el Tesoro de los Estados Unidos, el cual se encuentra prácticamente en bancarrota, ya que tuvo que comprar todos los otros papelitos que ya nadie más quería tener. El euro se enfrenta a una situación muy parecida ¿Y qué importa? El dólar y el euro valdrán mientras haya gente que piense que vale. Además, o tengo fé en el dólar, ó me lamentaré toda la vida por mi carencia de fé. Recuerden al jubilado con el colesterol alto.

Los Reales de Lula da Silva y El Tigre de Papel

Está la alternativa de comprar oro, desde luego, pero ya somos tantos habitantes en el mundo que no hay oro suficiente para que todos podamos respaldar nuestros ahorros y olvidarnos de la cultura del papel. Está la alternativa de comprar reales del Brasil. Después de todo, Lula ha desarrollado su industria aeronáutica, ha descubierto yacimientos de petróleo en aguas profundas, ha limpiado las selvas del Amazonas y ha sembrado soya transgénica en esas tierras. Es un tipo muy juicioso, ni duda cabe. Solo que hay un problema con los reales como moneda de refugio.

Los aviones de Lula los adquiere Israel, entre otros miembros de su cartera de clientes. Israel compra esos aviones con el dinero que le mandan de Nueva York. La soya se la compra China. Estados Unidos ya le debe mucho dinero a China. Si EUA no le paga a China, pobre China. Pero si EUA le paga a China, todavía peor para China, porque los americanos tendrán menos dinero para comprarle foquitos de Navidad y otras baratijas al gigante asiático. Está en el interés de China que EUA no le pague, siempre y cuando EUA haga un anuncio de que si le va a pagar, porque de lo contrario los nuevos millonarios chinos perderían sus papelitos. Para que Lula siga vendiendo su soya, hace falta primero salvar al dólar. Y lo mismo es necesario para que siga fluyendo la ayuda al Estado de Israel. El salvamento del real brasileiro, o del peso mexicano, se puede esperar para mejores tiempos. Así es, gran Lula! Deja de hacer corajes, vende tu soya más barata, devalúa tu moneda para que los productos lleguen más baratos a los EUA, y si es necesario, bájale el sueldo a tus trabajadores. Es lo mejor que puedes hacer por ellos.

Lo primero es lo primero. Lo primero es salvar al dólar. Por cierto, Mao Zedong, que en paz descanses ¿sigues sin tenerle miedo al “Tigre de Papel”?

Las Hegemonías Mundiales y la Cruda del Cuidador

Así funcionan las hegemonías mundiales. Igualito que la familia del cuidador del rancho. El se emborracha durante una semana y su mujer e hijos deben podar el césped, chaponear las brechas, barbechar el maíz y lavarme el carro cada vez que vaya yo. A parte de todo, deben llevarle su cervecita bien fría y su caldito de camarón con pollo para que se vaya curando la cruda. Porque de lo contrario se frena el flujo de los papelitos en el perjuicio de todos.
















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