Qué hermosa es María Caridad. Me gusta su rostro, de frente, de perfil, de tres cuartos. Sobre todo cuando sonríe. O cuando saca los ojos, grandes, grandes, cuando algo le produce asombro. O tal vez se le vean grandes porque sueña, es joven y deberá ser soñadora. Usa el cabello largo, casi hasta la cintura, muy bien cuidado. Se pasará un buen rato por las mañanas arreglándoselo; supongo que es una chica vanidosa. Tiene la piel suave, tersa, y eso que solo he mirado la piel de su rostro, su cuello, sus hombros, sus brazos, sus antebrazos, sus muñecas, sus dedos, solo eso, y no por falta de ganas. Habla poco en las reuniones. En los ojos se le ven las ansias de participar pero prefiere dejar hablar a sus superiores. Es una chica inteligente, de lo contrario no tendría el puesto que tiene, a su edad. En el lugar dónde trabaja no es posible contratar a alguien nada más porque esté buena.
Cuando me fastidian las juntas, volteo a ver a María Caridad, de reojo, para no atosigarla. Es probable que se haya dado cuenta de que me gusta mirarla, y que no le disguste, porque de lo contrario no me hubiera dado un regalo en su oficina, un cubículo pequeño al que no le da la luz del sol. Un regalo normal, de colega junior a colega senior.
Gracias por el obsequio, dije. Yo también quisiera tenerte una atención. Todo un caballero dirigiéndose a una dama.
En eso llegaron los demás. Fuimos a tomar un trago a un bar cercano al edificio de vidrio donde trabaja ella. La nombramos Madrina del proyecto que estamos realizando. Se me quedaron atoradas las ganas de nombrarla Reina o Princesa, pero alguien matizó, dijo que era el Rostro Amable del Proyecto, y así estuvo bien. Será latina pero la conozco poco como para descartar algún comentario de acoso laboral al amparo de las leyes del District of Columbia. No deja de sorprenderme la capacidad de los latinos de acoplarse rápidamente a la manera de ser anglosajona. Pero mujeres son mujeres. Primero hizo unos comentarios muy atinados sobre la marcha de las reuniones, acreditando plenamente su capacidad intelectual, y luego nos pidió nuestra opinión sobre una colega de ella, a sabiendas que le íbamos a contestar que estaba fea. Charlamos un rato más, ella llevaba prisa, debía regresar a su casa, y nosotros nos fuimos al bar del hotel, no sin antes reiterarle que habíamos tomado una decisión machista: Ella no aportaría nada para pagar la cuenta.
Nos reímos mucho, nadie quería aparentar estar enamorado de María Caridad, pero una y otra vez alguien la volvía a meter en la conversación. Viste, tu estás enamorado de ella… no tu, tu eres el que está enamorado de ella. Entre bromas llegamos a la conclusión de que ninguno de nosotros sería su fantasía sexual… eso dijimos. Deberá tener muchos enamorados, pero imposibles no hay, eso también dijimos. Hay algo de melancolía en sus ojos grandes, algo de añoranza por su país, sobre todo ahora que viene la Navidad y ella se encuentra lejos. Por el bien del proyecto queremos que María Caridad se venga a México a trabajar unas semanas, porque ella es muy inteligente, pero también queremos acompañarla para que tome sol y se broncee, y quitarle nostalgias y añoranzas. Eso queremos, por el bien del proyecto y por el bien de ella. Como caballeros que somos. Patriotas, además.
Solo espero que el único regalo que traiga me vuelva a tocar a mí. Definitivamente no me gustaría que eligiera a otro y yo tuviera que referirme a ella como “pinche vieja”.
2 comentarios:
Apreciable Alcides; en este mundo terrenal hay tres características importantes en la descripción de una Princesa:
La primera es tener atributos sobrenaturales de inteligencia que sorprendan hasta a los Dioses del Olimpo, segundo , su Encanto y Belleza fusionados en un solo cuerpo y tercera Que sea COLOMBIANA jajajaja
Que tengas bonito día
Anónimo, ¿sabes algo ó hablas al tanteo? Saludos.
Publicar un comentario