sábado, 8 de agosto de 2009

UN IDIOTA

Buscó en su portafolios. Nada. Abrió el cajón del buró. Nada. La cámara no aparecía. Otra vez buscó en el portafolios, otra vez en el buró. Repitió las búsquedas inercialmente hasta que reaccionó. Tal vez en el carro. Tal vez en la oficina. Nada. Al día siguiente, sin buscarlos, aparecieron el cable, el cargador, el manual… todas las cosas que nunca encuentra cuando las necesita. Todo aparecía menos la cámara. El mal humor no cedió durante el fin de semana, salvo a ratos, cómo cuando la lluvia escampa. Ser hombre de costumbres, que no metódico, y perder la cámara… el colmo. Surgieron cámaras en los lugares más inesperados. En la mesa de los vecinos que nunca habían tenido una, en las páginas de anuncios del diario, y para terminar el día, el galán del video le regala una cámara a la dama.

El lunes apareció la cámara. Estaba en su portafolios. Soy un idiota, pensó aliviado.

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