martes, 26 de mayo de 2009

SOFÍA, NO ME DIGAS TU APELLIDO

Yomaira Hernández. Una morenaza ardiente.

Hola Sofía:

Tengo frente a mí un valle poblado de casas y bosques iluminado por la luz del sol. Dentro de unas horas comenzará el atardecer. Los colores irán perdiendo intensidad hasta que se pierdan y solo quede el gris, antes del negro. Mis recuerdos de ti se diluyen, todo menos tu sonrisa, que se me aparece blanca como una luna en cuarto creciente.

Necesito verte, abrazarte y hacerte el amor. Decirte, así, Sofía, así, que rico, y después descansar y reír a carcajadas. Ya estaría allá contigo, pero… no me sé tus apellidos. Galeana Rendón, que rico, Escobar Gaviria, dale, así, rico…

Ni que fuera yo sargento. Los apellidos los necesito para otra cosa.

Si voy a Maracaibo y me secuestran solo habrá un rastro de mi paradero. Se fue a ver a Sofía y desapareció. Necesito saber tus apellidos. No me interesa cuales sean siempre y cuando vengan apoyados con evidencia documental. Pasaporte, cédula de ciudadanía ó licencia para conducir. El día que te conocí eras Lisbeth y después de unos tragos tu verdadero nombre se te chispoteó. Eres Sofía. Comprendo que ocultes tu identidad para mantenerte alejada de chismes y chantajes.

–Le cuento, señora, a qué se dedica su hija ahora, podrían decirle a tu madre y matarla de un coraje. Espero convencerte de que no soy un soplón. Me sé chismes de estado y todavía no se los cuento a nadie, ni se los contaré.

Sabiendo tus apellidos podría gestionarte la visa para que vengas a México. A ti te hace ilusión según me has dicho, los hoteles de lujo están de barata, y Felipe Calderón pide a gritos que vuelva el turismo extranjero. Serías una venezolana más en apoyo de la estadística oficial.

Pero te da miedo venir.

Te arreglas, te maquillas, te pones esas sandalias que te quedan tan bien, le cuentas a tus amigos que vienes para México, te hacen encargos, te recomiendan lugares para conocer, te subes al avión, te relajas en el aire, llegas acá, y que crees…

que te quito el pasaporte y te dan una golpiza unos tipos con cara de malos. No yo, que tengo cara de buena persona y por lo mismo soy yo quien se encarga de engañar a las muchachas para que caigan en las garras de los traficantes y las pongan a trabajar en un burdel.

¿Falta de confianza? Si, eso parece. Entonces para qué tanto enredo, Sofía, si cada uno de los dos puede buscarse pareja en su respectivo país. No es un amor platónico, si desde el primer día nos dimos un recostón. Tú buscas un hombre perfecto y yo una mujer perfecta. Eso nos pareció aquel día al calor de las copas, el ajetreo sexual, el derroche de dinero por parte mía y las ganancias que obtuviste bajo el formato de un regalo. Si nos viéramos de nuevo…Ni yo soy Romeo ni tu eres Julieta. Yo tengo mil defectos y tu tienes mil virtudes, menos una. Novecientas noventa y nueve virtudes. El hechizo se puede romper.

Te propongo algo. Matrimonio no. Nos llamamos por teléfono, nos decimos lo mucho que nos queremos, juramos superar todos los obstáculos que se interponen entre nuestras vidas y así nos seguimos, jurándonos amor eterno y nunca nos vemos.

Pienso, queridísima Sofía, que ya no seguirás leyendo la carta. Puse demasiadas tonterías y muy pocas frases de amor. “Tu sonrisa se me aparece blanca como una luna…” Es lo mejor que puse, me doy cuenta ahora que releo, pero terminaré la carta aunque ya no tenga ningún sentido. Si tantas vidas terminan así, no pasa nada si a una carta le sucede lo mismo, que termine sin sentido. Pobre carta.

Me falta audacia. Si fuera más audaz tendría mucho dinero ý te tendría a ti. Me falta cinismo para decir, te tendría a ti, ó a tu equivalente en nalgas, tetas y cara bonita. Me estorban mis valores para decir esto sin que no me importe. Además de pobre soy avaro, imagínate que combinación. Suena mejor humilde. Suena mejor precavido. ¿Precavido o temeroso? Ni idea, pero ciertamente no soy un optimista. Avaro o precavido. Pesimista o realista. Cínico o sincero. ¿Te fijas con qué facilidad se pasa de la exaltación a la denostación, y viceversa?

Todo es relativo, dijo Albert.

Acaparas tierras urbanas, me dicen. No es verdad, contesto. Son tierras periféricas, y tenerle amor a la tierra no es delito. Qué si es delito, que en lugar de mantener mi finca podría estar gastando el dinero a manos llenas. Les digo que lo pensaré para quitármelos de encima.

Arrasaré los campos de trigo, tiraré los árboles, arrancaré los bambúes, sobornaré funcionarios, nivelaré las colinas y rellenaré las cañadas, las barrancas y los canales de riego. Colocaré un letrero que diga, acepto cascajo, para que se me reduzcan los costos de la urbanización. Le diré al arquitecto que haga muchos lotes, tantos como sea posible, tan pequeños como sea razonable para que vivan ahí muchas familias, previo pago al fideicomiso que crearé para evadir impuestos.

Venderé un terreno y te compraré un collar; venderé otro y te compraré un vehículo todo terreno, venderé otro más y me pedirás que te lo regale en efectivo, para disfrutarlo con alguien que te hable bonito, que diga cosas que lleguen al corazón, que te lleve a comer helados y a pasear al parque y juntos le den de comer a las palomas.

No, Sofía no. Recapacitemos. Todo esto es una locura. No me digas tu apellido. Que sea otro el que se hunda en tu hermosura. Que sea yo el que vaya contigo a darle de comer a las palomas. Me entiendes Sofía, ¿verdad que sí?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Orale mi estimado Alcides¡¡¡ esto sí es profundo¡¡¡. El amor no se da con sumas o restas; yo le diría a Sofía, mira Sofía " En la vastitud del espacio y la inmensidad del tiempo, me gustaría compartir UN MUNDO junto a tí"

Lupita Sakura dijo...

Wao, que hermoso es que alguien te ame de tal manera, dichosa Sofia al tener un amor tan puro como el tuyo....

Ojala y te corresponda.

Anónimo dijo...

Me encantan las cartas de amor y desamor. Y esos bambúes y esas cañadas, si una mujer pidiera que los avasallaran para complacerla, no habría belleza en su ser. Mejor así, sin apellidos.