LA SIMULACIÓN EN LA LUCHA POR LA VIDA
Hace veinte años, dijo el sinodal en un examen profesional:
-Jorge, te felicito por tu tesis. Está muy completa. Tiene índice, introducción, capítulos, citas y bibliografía.
En el convivio después del examen, el sinodal explicó, ya medio borracho, que la tesis no tenía ni pies ni cabeza. Pero que vaya, habían decidido aprobarlo, que de lo contrario no estaríamos ahí comiendo ni bebiendo por cortesía de la familia del examinado.
Jorge es ahora un encumbrado funcionario público que defiende a México “desde la trinchera del exterior”. O sea que es diplomático y vive en París.
Hoy jueves me tocó presentar un proyecto de consultoría elaborado para el CEANGLAMEX (Centro de Estudios Anodinos con Nombre Glamoroso), importante think-tank del gobierno mexicano. Un tin-tán, como dijo algún día un muchacho provinciano con ínfulas de persona superada.
El lunes me había llamado el Ayudante del Director del Centro, media hora después de que les envié mi trabajo por correo electrónico. Ciento treinta hojas en Word, Apéndices incluidos.
-Ya leímos tu trabajo. Solamente una sugerencia. No tiene sección de Conclusiones y Recomendaciones. Por lo demás está muy completo.
Me recordó la tesis de Jorge.
-No le puse esa sección por lo mismo, porque no han leído mi trabajo, y si se la pongo, menos lo leerán. Leerán nada más el resumen de las 300 palabras que va en la carátula (se llama Abstract) y de ahí se pasarán a las Conclusiones. Yo quiero que lo lean completo.
Silencio telefónico del Ayudante.
-OK. Por la tarde te envío la sección que falta.
No vaya a ser que no me quieran liberar mi último pago, pensé.
Hoy a las 15.30 hice mi presentación de 20 minutos de un trabajo de cuatro meses, con el respaldo de la experiencia de veinte años de vida profesional. No hablé ni un minuto más porque la pantalla con el power-point comenzó a parpadear, lo cual es una forma moderna de decir: Ya cállese. 10 minutos para el comentarista, decía el programa. 10 minutos para el debate general. Y así fue, para los ponentes que me antecedieron y para los que me sucedieron.
El comentarista:
-No queda claro el objetivo del trabajo. Entiendo que está difícil, es un tema complicado, pero me parece que bla bla bla.
Los blogs no son para estar repitiendo estupideces.
El consultor, o sea yo:
-Son tantas las imprecisiones que acabas de decir, que no sé ni como empezar a contestarte. Pero mira, o no leíste el trabajo que yo escribí, o estás comentando un trabajo que no es el mío. Porque desde la introducción bla bla bla.
Los blogs tampoco son para repetir las réplicas a las estupideces que dicen los prójimos.
-Qué madriza le puse, debe haber pensado el comentarista.
-Qué madriza le puse, pensé yo.
-Qué madriza se pusieron, pensaron todos los demás.
Los trabajos de todos se llaman Entregables. Vaya nombre. Pero así se les bautizó por la fundamentada razón de que se tienen que entregar.
Ahora el Centro tiene ocho Entregables sobre ocho temas. Los Entregables ya los mandaron a París, porque de allá llegó el financiamiento para contratarnos. El Centro ya cumplió. Los funcionarios de París no tardan en cumplir. Solo tendrán que leer trescientas palabras multiplicadas por ocho: Dos mil cuatrocientas palabras.
Los sabios de París, ahora que regresaron de sus vacaciones de dos meses de verano, harán comentarios como los siguientes: El Entregable 1 está muy completo; el Entregable 2 está polémico; el Entregable tres necesita más evidencias. El autor del Entregable 1 no hará nada más; el autor del Entregable 2 matizará un párrafo cambiando un término, algo así como sustituir “México deberá” por “México procurará” y el autor del Entregable 3 incorporará un cuadro adicional.
Todos contentos. En París ejercieron su presupuesto y ahora podrán decir que brindaron asistencia técnica a México. El CEANGLAMEX cumplió, porque ahora podrá decir que concluyó actividades de cooperación técnica con un organismo internacional. Los consultores cobramos. Cada uno podrá comprarse su Hummer si así lo desea. El comentarista y yo pronto olvidaremos nuestro pleito. Tal vez algún día volvamos a coincidir y nos iremos a comer y beberemos una botella de vino chileno, argentino o uruguayo. Español no: Yo soy bolivariano.
¿Y México?
Bien, gracias por preguntar. Acá sigue en el estancamiento viendo aumentar el número de pobres por la crisis de los alimentos que nos llegó del exterior, sufriendo con la voracidad de los monopolios privados en la telefonía fija y en la celular, con sus monopolios públicos en petróleo y electricidad, pagándole comisiones estratósfericas a los bancos extranjeros que son los únicos que existen acá, con una muy alta popularidad del 60 por ciento de su Presidente que nadie se cree, y festejando su medalla de bronce en Beijing 2008 que vale oro según los comentaristas del periódico El Universal.
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