jueves, 24 de febrero de 2011

El Reloj

El Reloj, de Carmen Rosenzweig




EL RELOJ

Se tapó una vez más el desagüe de la regadera y se formó una pequeña alberca en esa área. Las aguas derramaron y escurrieron por el piso hacia el lavabo y el escusado. Caray, definitivamente tengo una atracción fatal hacia lo prosaico. La tapazón era lógica...los caños se tapan, no es necesario dar mayor explicación...pero, ¿Y la inundación? Todas las llaves estaban perfectamente cerradas. Por eso abrí las puertecitas de madera de debajo del lavabo, tontamente debo reconocer, ya que aún cuando hubiese una fuga por ahí era imposible que las aguas hubiesen brincado el pequeño muro que delimita el área de la regadera. En ese caso las aguas hubiesen avanzado hacia la habitación.

Seco, impresionantemente seco, encontré en el compartimento cerrado de debajo del lavabo un ejemplar perfectamente conservado de El Reloj, de Carmen Rosenzweig. Lo abrí. Es una colección de cuentos breves. Primera edición de 1956. Ejemplar dedicado a quien sabe quien, "con mi ternura constante". Firma de la autora. ¿Cómo llegó el libro ahí? Lo ignoro. Mi padre ocupó esa habitación hasta 1986, año de su muerte, y hasta dónde sé, tenía a la autora en alta estimación. Durante una época mi padre fue lector de baño pero en sus últimos años abandonó esa costumbre. Lo recuerdo leyendo en el automóvil, en el comedor, en su cama, en todos lados pero evidentemente en el baño no. Subrayando siempre lo que le parecía interesante, con lápiz y plumón, sin que las líneas le salieran chuecas o torcidas. Su pulso era excelente para subrayar e inclusive, cuando se dormía, mantenía el libro abierto con una mano y con la otra sostenía el plumón o lápiz justo en el punto donde había dejado, o comenzado, el subrayado. En sus últimos años mi padre no leyó literatura. Leía historia, sobre todo historia de México, historia económica, y filosofía: de la ciencia, del conocimiento, del lenguaje, de la vida, de la historia...en fin, sus horizontes culturales eran amplios y bastos. De joven si leyó literatura pero según me confesó en alguna ocasión, se deshizo de esos libros para poder mantener en los estantes su creciente colección de libros de las disciplinas de su interés y pasión.

¿Qué hacía ahí, pues, ese volumen de El Reloj, de Carmen Rosenzweig? Sin subrayar. Los primeros cuentos son costumbristas. Los cuentos intermedios, y hablo exclusivamente de su ubicación en el volumen, son confusos, y los cuentos finales son magistrales. Todo evidentemente según yo. Un tratamiento lúcido, desapasionado, a los temas de la muerte, de la soledad, de las razones de la existencia humana -no de la raza sino de la vida de cada quien-. Pienso que es un error sacar la moraleja de los cuentos -vive la vida porque de todos modos te vas a morir-. El género cuentístico es hermoso porque aunque breve no admite reduccionismos ramplones. Vivo la vida intensamente, OK, pero donde quedan mis temores, mis indecisiones, mis cálculos precisos o fallidos, mis herencias de infante, mis traumas de adolescencia, mis espejismos de la primera juventud, mis condicionantes de entorno? Si, todos nos vamos a morir pero aún la existencia más gris es única e irrepetible. Bienvenidos mis éxitos. Bienvenidos mis fracasos. A fin de cuentas vale tanto lo que pensé como lo que hice.

Tal vez la vida sea una oportunidad de venir a soñar en tercera dimensión con audio, video, tacto, olfato y gusto.

Un libro muy recomendable para quien lo pueda conseguir. “Se tiraron seiscientos ejemplares sobre papel Continental bond de 60 kilos”, dice el pie de imprenta.

lunes, 21 de febrero de 2011

Más Muebles de Guadua

Puerta de Guadua y Repisa Estilo Chino

Acabados de Baño en Guadua


domingo, 9 de enero de 2011

El País de la Vainilla

Viveros en Gutiérrez Zamora, Veracruz


Vaina de Vainilla en Campo

Vainas. Secado al Sol.


Vainas en Bodega. En espera del sol del día siguiente. Para protegerlas de lluvia, insectos y depredadores. Tres meses de secado aproximadamente.



Vainas de Vainilla. En Punto de Venta Final. Calidad de Exportación. Tienda Onza, Gutiérrez Zamora, Veracruz.









Tecolutla Shopping Mall

Tecolutla Shopping Mall

lunes, 9 de agosto de 2010

SE LLAMA KATY

Taller de Muebles de Guadua

En una libreta roja, las hojas gastadas por el tiempo, había apuntes de todo tipo. El nombre del propietario no venía ahí. La caligrafía era mala, en letras de molde de tamaño dispar e inclinaciones variables. Se intuía que no se había puesto la misma presión sobre el bolígrafo al momento de escribir cada letra y cada palabra, o bien, que el bolígrafo utilizado era de pésima calidad. Faltas de ortografía no había ninguna; de sintaxis tal vez varias. Es difícil juzgar. La gramática clásica reprobaría a mas de uno de los mas celebrados novelistas modernos. Celebrados, no célebres. Era posible que la mayor parte de las anotaciones se hubiesen hecho sobre una superficie en movimiento, como sucede cuando uno escribe en un autobús o en el metro. O en un avión que atraviese por una zona de turbulencias, para listar todas las posibilidades. Cuentas por pagar. Números telefónicos. Combinaciones alfanuméricas que aparentaban ser nombres de usuario y claves de acceso a sitios de internet no especificados. También había algunas frases sueltas y fragmentos de relatos o versiones preliminares de lo que después podrían haber sido entradas en un diario. A la luz de esta última reflexión se me ocurrió que el dueño o dueña de la libreta podría haber sido un perfeccionista y no una persona sumamente descuidada, como aparentaba.

Transcribiré un pasaje de la libreta roja. Pocos medios en el mundo transcriben las frases que escriben las personas humildes. Las tonterías que dicen los poderosos, ya que rara vez escriben, se transcriben en versiones estenográficas que aparecen en lugares prominentes de los diarios, en ediciones tanto impresas como digitales. -Vamos ganando la guerra contra el narco, dijo Calderón. Además se están acabando las personas humildes. No es lo mismo hablar de gente humilde que de una masa amorfa de personas nacas. Contestonas, groseras y de mal gusto. La gente humilde es sencilla, respetuosa, solidaria, un poco callada y sobre todo temerosa de la ira de Dios, y de la de sus patrones de la clase media.

INICIO DE LA TRANSCRIPCIÓN

14 de octubre

-Lo que una persona muestra en el Facebook es fiel reflejo de su vida real, dijo ella. Varios nos inconformamos pero no logramos que cambiara de opinión. Al llegar a casa entré a su página y ví los álbumes con su familia, con sus hijos pequeños, con sus amistades y también las fotos de las fiestas a las que asiste. En mi Facebook casi no tengo nada. Hay dos fotos en mi perfil. Salgo solo, de frente, viendo a la cámara. Desde que cumplí 50 me ha dado por pixelearme el rostro. Casi no voy a fiestas. Asisto rara vez a las comidas. No soy fotogénico. Me veo mas viejo de lo que en realidad soy. Me puedo dar de baja del Facebook, eso es evidente, pero mejor, algún día, cuando decida publicar mis escritos con mi nombre real, pondré la dirección url del Blog de los Humildes y por lo pronto la foto de mi taller. Una persona es lo que es, por sus obras. La curiosidad de los terceros en las cosas que escribo, de momento, no ayuda en nada y podría perjudicar bastante. -Miren nada más las pendejadas que escribió este güey, dirían las masas incultas, al tiempo que las personas humildes guardarían un silencio respetuoso. Con mis escritos abiertos al dominio público y asociados con mi persona, más la foto del taller, rollito más tallercito serán pasos secuenciados para garantizar mi tránsito hacia la posteridad.

Angie Quesada

En el taller de muebles de bambú se desarrolla un proceso de creación único en su tipo. Parece vanidad, pero no, es un reconocimiento franco y sin rodeos a la realidad inocultable de que mi producción es artesanal, por lo que debe entenderse que las piezas salen defectuosas pero no siempre con el mismo defecto. Mi pieza más reciente (http/www.piezaunica@fotosdelfuturo.com), es una repisa para libros que se basa en una inusual combinación de cortes: 90 y 45 grados, bocas de pescado y picos de flauta. Lateralmente puede cargar toneladas de peso, pero los largueros no descansan ahí, sino que están ajustados a las diagonales de las estructuras laterales, así que el peso no se distribuye uniformemente desde arriba y todo depende de la fortaleza de cada unión forjada en hierro. Es un serio error de diseño estructural cometido a propósito en aras de la estética y a costa de la funcionalidad y de la eficiencia en la utilización del material. La estructura tiene debilidades donde uno menos las espera. Precisamente donde coloqué los libros. La estructura, a la que podríamos llamar mueble, ocupa un volumen desproporcionado a su masa o peso específico. A eso se le llama presencia. La estructura es hermosa. Débil, hermosa, y hueca por dentro. Las estructuras laterales tienen la forma de la letra K. Observando con atención salta a la vista la letra Y. También la letra A. Para no terminar ahorcado lo diré con todas sus letras. La repisa se llama Katy.

FIN DE LA TRANSCRIPCIÓN

Una dama indignada, tamaño de copa C, pudo haber sido quien sustrajera la libreta roja.

domingo, 13 de junio de 2010

Cruz de Guadua

Cruz de Guadua

Mecanización de los Cortes de la Guadua

LLegó la maquinaria nueva. La probé con un pedazo de guadua que tenía por ahí. Impresionante como trabaja, con precisión trigonométrica, gracias a los ángulos que vienen graduados en la plataforma y el rayo laser que se proyecta sobre la línea de corte. Dos cortes a 45 por mitades y sale la boca de pescado (pequeño detalle, hay que limar los bordos pero el trazo sobre el diámetro exterior queda perfecto). Un solo corte corte y sale el "pico de flauta" (respetando la mitad de la circunferencia). Solo hace falta probar a qué ángulo hay que cortar para que el embone entre guadua y guadua quede a 45 grados; es a un ángulo mayor, pero en eso estaba, experimentando, cuando se agotó el material. El problema ya no es teórico, tan solo es una cuestión de abasto...Mientras tanto, armé la Cruz de Guadua para no quedar inédito.

viernes, 9 de abril de 2010

AÑORANZAS

Preparación del Corte Boca de Pescado con Taladro Eléctrico


Chalupas Botaneras en Guadua

Artesanía Fina en Guadua. Bases con Corte Boca de Pescado




AÑORANZA

-Organicemos un falso debate, me dijo un colega en cierta ocasión, haciendo alusión a una junta a la que teníamos que asistir aunque claramente no convenía. -Los enganchamos en el falso debate hasta que se agote el tiempo, añadió muy convencido.

Sucedió en los tiempos en que ejercía yo como economista.

Hace relativamente poco tiempo comencé a hacer artesanías en guadua. Me permiten poner los pies sobre la tierra. Hacer algo concreto. Sentirme útil. Desanquilosar las manos. Manejar herramientas, que es lo que permitió evolucionar al homo sapiens. Hay que diseñar, planear, medir, trazar y ejecutar. Fijarse uno metas, eso es importante. Por eso mi primera pretensión al inaugurar los trabajos en mi taller fue aprender a hacer con rapidez el corte conocido como boca de pescado. Tres días de práctica con un tipo de corte; tres días más de práctica con otro tipo de corte y así sucesivamente hasta dominarlos todos. Leí, me documenté, me fui de compras a HomeDepot y puse manos a la obra, sin imaginar siquiera todos los obstáculos teóricos y empíricos a los que me habría de enfrentar como artesano.

Tomé el taladro eléctrico y le adapté una sierra circular, como las que se utilizan para hacer los hoyos en las puertas para instalar las chapas. El diámetro correspondía, salvo por unos milímetros, al diámetro exterior de la guadua. Así había visto en youtube que se hace el corte tipo boca de pescado. Apreté el interruptor y la sierra comenzó a girar sobre su eje, penetrando con facilidad hasta situar la sierra al borde de la guadua. A partir de ese momento comenzaría el corte circular. Pero no, la sierra se atascó y se detuvo abruptamente. Me torció con fuerza la muñeca. Días después me di cuenta que también el hombro quedó ligeramente dislocado pero en ese momento no me dolió nada, así que sin darle importancia al incidente procedí al segundo intento. Conseguí un contacto suave de la sierra circular contra la madera. Volaba el aserrín mientras el corte ganaba profundidad hasta que la sierra comenzó a girar en el vacío. Traspasó la guadua. Centré la sierra en el boquete recién abierto y comencé con el siguiente corte. La guadua quedó perforada por dos boquetes circulares. Si el diámetro de la sierra hubiese sido exactamente igual al diámetro exterior de la guadua, no se verían esos orificios. A consecuencia de esos milímetros que le faltaron a la sierra, la guadua no se partió en dos con un corte tipo boca de pescado.

Alguien tuvo la idea de hacer cuentas con manzanitas. Alguien más podría utilizar vasos y popotes si le hicieran falta.

No venden sierras circulares de todas las medidas. Cada guadua varía en diámetro con respecto a las demás por pequeñas diferencias así que una misma sierra no puede hacer el mismo corte en todas ellas. Con la tecnología disponible en ese momento en mi taller, la única forma para lograr los ansiados cortes con forma de boca de pescado era terminarlos a mano. Primero había que cortar las paredes que quedaron entre los dos círculos, y limar ese nuevo corte longitudinal hasta achatarlo y alinearlo con el corte hecho por la sierra.

Cualquier experto en construcción en guadua habría señalado desde el principio que los cortes tipo boca de pescado no se hacen para partir en dos una guadua, sino para lograr un embone perfecto entre una guadua colocada horizontalmente y otra colocada verticalmente. El corte tipo boca de pescado tiene que ajustarse perfectamente a la curvatura de la guadua que va a soportar, así que entran en consideración el diámetro de las dos guaduas y el grosor de la pared de la guadua que se va a cortar. A menos que exista un proveedor de guaduas que las surta con diámetros exteriores e interiores totalmente idénticos, y exista además una sierra que se ajuste perfectamente a ese diámetro exterior, el corte tipo boca de pescado tiene que concluirse artesanalmente; para lo cual hay que observar con cuidado cuáles bordes son los que impiden el ajuste para desbastarlos. Es decir, a puro ojo, como acaban haciendo los dentistas cuando colocan una corona en una muela. Paso uno, que la corona entre en la muela; paso dos, que la muela reparada coincida con la muela antagonista. Tan fácil que sería, le dije un día a mi dentista, que se tomaran bien los moldes y se hicieran bien las coronas. Tan fácil que sería, me dijo, que los materiales no se deformasen al salir de un entorno húmedo como una boca, y que los materiales no se expandiesen nunca con el calor ni se contrajesen nunca con el frío.

Dos muelas tienen que embonar para que la persona pueda mascar, pero nadie embona dos guaduas con un corte tipo boca de pescado si no define antes un diseño de lo que quiere hacer. Por pura necesidad empírica tuve que inventar un primer diseño artesanal. Una guadua partida longitudinalmente resulta en dos secciones curvas en forma de “u”; haciendo cortes transversales quedan una especie de chalupas muy útiles para colocar objetos varios, como llaves, monedas, galletas o botanas. Las guaduas con cortes tipo boca de pescado darían soporte a esas chalupas. El primer día de trabajo logré producir tres piezas, a las que llamaré chalupas botaneras; el segundo día, otras tres, y para el tercer día, me dio la impresión que ya había condiciones de sobre producción y que era imperativo comenzar la comercialización: Fijar precios y encontrar canales de distribución y venta. Analizadas con ojo clínico, mis piezas todavía se veían mal terminadas, aspecto que debía superarse antes de pretender un acercamiento a los mercados. Había que lijarlas y pulirlas para que tuvieran un acabado presentable. La cara exterior de la guadua lleva una costra protectora que si se remueve deja ver la veta de la madera; y otra costra interior impermeabilizada que permite que la guadua almacene agua sin que se le filtre. A los familiares, visitantes y amigos que se asomaron a mi taller para investigar lo que estaría yo haciendo, les pregunté cuánto estarían dispuestos a pagar por cada pieza. Unos hicieron comparaciones con recipientes similares a los que venden en el mercado, ya fuesen de plástico, de barro o de madera; otros hicieron un repaso de sus haberes y necesidades; otros más dijeron que de tener dinero mejor se comprarían una cerveza. Lijando en mi taller, comenzó a verse la veta de la madera pero la rentabilidad no se veía ni por asomo.

Lijando en mi taller, lijando por horas y por días, recordaba con añoranza creciente mi oficio de economista, aquel que de cuando en cuando me obligaba a organizar falsos debates.